playa del Trabucador (foto: Id)
Este año, que el fin de las minivacaciones haya coincidido con la vuelta al cole, le ha dado a septiembre ese aire de "summer's gone" que siempre me niego a aceptar. Me consuelo pensando que todavía quedan las Festes de la Mercè porque no tengo ni pizca de ganas que llegue el otoño y el frío. Este verano se me ha hecho tan corto que me siento estafada. A pesar de eso, esta última semana de vacaciones ha sido fantástica.
El primer día fue hiperintenso, con una actividad que hace tiempo Id y yo teníamos planeada y que nos encantó; pero eso os lo explicaré en el próximo post (ya entenderéis el porqué...).
faro del Fangar (foto: Id)
Al día siguiente salimos en coche con Manray y Vincent hacia el Delta de l'Ebre, a pasar unos días en el apartamento de mis padres tiene allí. El fin de semana el tiempo no nos acompañó, así que sustituimos la playa por excursiones por la zona. El primer día fuimos hasta el faro del Fangar a pesar de que la lluvia y los rayos amenazaban con alcanzarnos. Manray, que estaba en modo "salvaje", nos convenció para bañarnos en el mar a pesar de la lluvia. Ella e Id se divirtieron haciendo miles de fotos y vídeos; y es que el paisaje del Delta es impresionante bajo cualquier situación atmosférica. La vista no da para abarcar la inmensidad de un paisaje hecho de horizontes y paralelas infinitas, donde la belleza de los arrozales rivaliza con la bóveda de un cielo amplio y luminoso.
foto: Id
Al día siguiente exploramos la parte sur del Delta, haciendo una pequeña parada para observar los flamencos en la laguna de La Encanyissada, la mayor del Delta. De allí partimos hacia la playa del Trabucador, una lengua de tierra de 6 kilómetros de largo y de poco más de 100 metros de ancho, que separa frágilmente el mar de las aguas tranquilas de la bahía dels Alfacs. Así que más que una playa son dos: una de aguas cálidas y quietas, y otra más fría y con olas.
Por el camino, como íbamos con dos fotógrafas, nos detuvimos en los arrozales para hacer fotos. Allí, Vincent y yo sufrimos el ataque masivo de mosquitos y otros insectos, mientras nuestras respectivas parejas hacían fotos felizmente y sin sufrir ningún tipo de picadura. Por el camino nos cruzamos con aves de todo tipo y cangrejos simpáticos.
nuestro amigo el cangrejo (foto: Id)
Terminamos el viaje con la promesa de volver a repetir la excursión, pero la próxima vez en bici y con repulsivo para mosquitos.
Id y yo nos quedamos unos días más y pudimos disfrutar por fin, del buen tiempo, el sol y la playa.
Las minivacaciones terminaron con un día muy especial: la Diada de Catalunya. Fue impresionante participar, junto con toda mi familia (padres, hermanas, cuñados, sobrinos...), Id, amigos, la gente de mi minipueblo... en una cadena humana que enlazó las manos de miles de personas a lo largo de 400 kilómetros. El ambiente era festivo y reivindicativo, con una mezcla de personas de todas las edades y procedencias con una alegría e ilusión como nunca había visto. Me hizo sentir orgullosa de lo que es capaz de hacer la sociedad civil cuando la política parece haber olvidado lo que es el diálogo y la democracia.
foto: Id
Nota: os recomiendo este interesante artículo sobre el tema de Suso de Toro.




