El fin de año, como la Navidad, me pilló a contrapié. Por lo tanto, no tuve tiempo de hacer balance del 2014, ni pienso hacerlo ahora, tranquil@s. Ni tampoco propósitos de año nuevo, que todo el mundo sabe que sólo sirven para no cumplirse. Mejor plantearse algún reto divertido como éste (creo que lo intentaré).
El último día del 2014 Id y yo teníamos el día libre, así que lo dedicamos a hacer lo que más nos gusta: 'flânear' por Barcelona.
Hacía tiempo que le tenía prometido a Id un desayuno con panqueques, y por fin encontré un bar donde los sirven de brunch. Nada más salir de la estación, bajamos la Rambla esquivando turistas y nos adentramos en el Raval, pero justo esa mañana -al ser vísperas de Nochevieja- no servían el brunch habitual; así que nos quedamos sin panqueques. Pero eso no nos quitó el hambre de patear la ciudad hasta el puerto, donde hacía un sol espléndido. Parecía una de esas mañanas de principios de marzo en que la primavera empieza a asomarse. Id, que llevaba su cámara nueva, no paraba de disparar a todo lo que la hacía vibrar.
Tras pasear por el puerto, nos adentramos en el Born, donde hicimos las últimas compras de Reyes. Para celebrar el fin de año, nos fuimos a comer gratis a un japonés por gentileza del hermano de Id (con la wonderbox que nos regaló hace casi 2 años!!).
De ahí, nos adentramos en la siempre bulliciosa calle Pelai, donde por fin me di el capricho de autoregalarme una chaqueta de cuero negra que hacía años que buscaba. Y para terminar el 2014 con fuerza, merendamos en la cafetería Mistral, donde hacen los mejores minicruasanes de chocolate de la ciudad.
De ahí, nos adentramos en la siempre bulliciosa calle Pelai, donde por fin me di el capricho de autoregalarme una chaqueta de cuero negra que hacía años que buscaba. Y para terminar el 2014 con fuerza, merendamos en la cafetería Mistral, donde hacen los mejores minicruasanes de chocolate de la ciudad.
Echábamos de menos hacer eso: pasar el día en la ciudad, perdernos por el centro, curiosear, distraernos con cualquier cosa, como si cada calle fuera una aventura.
Al atardecer regresamos a casa. Nos esperaba una cena familiar de lo más enervante: el pequeño Mowgli haciendo de las suyas y mi cuñada Reikiana siempre al límite del enfado. Nunca me han gustado las cenas de Nochevieja, llamádme rara. Nos comimos la uvas, nos deseamos feliz 2015 y salimos a tomarnos unas cervezas.
El 2015 empezó con un aperitivo al sol, como si el día 1 del año nos dejara vislumbrar la promesa de un fantástico verano.
Por la tarde estrenamos la batidora que le regalé a Id para Navidad. Como nos habíamos quedado con antojo de panqueques, eso fue lo que hicimos para merendar. ¡Quedaron buenísimos! Además también le regalé un libro de recetas de creps y postres, así que este 2015 preveo una operación biquini difícil, por no decir imposible.
¿Qué espero del recién estrenado 2015? que venga cargado de buenos momentos, alegrías, salud y esperanza. ¡Ah, y también de buena música, películas y libros!
Aquí tenéis un avance del nuevo disco de Belle and Sebastian, Girls in Peacetime Want to Dance, que saldrá el próximo 20 de enero.







