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sábado, 3 de enero de 2015

sin muchos propósitos, con algún reto y mucha ilusión



El fin de año, como la Navidad, me pilló a contrapié. Por lo tanto, no tuve tiempo de hacer balance del 2014, ni pienso hacerlo ahora, tranquil@s. Ni tampoco propósitos de año nuevo, que todo el mundo sabe que sólo sirven para no cumplirse. Mejor plantearse algún reto divertido como éste (creo que lo intentaré).
El último día del 2014 Id y yo teníamos el día libre, así que lo dedicamos a hacer lo que más nos gusta: 'flânear' por Barcelona. 
Hacía tiempo que le tenía prometido a Id un desayuno con panqueques, y por fin encontré un bar donde los sirven de brunch. Nada más salir de la estación, bajamos la Rambla esquivando turistas y nos adentramos en el Raval, pero justo esa mañana -al ser vísperas de Nochevieja- no servían el brunch habitual; así que nos quedamos sin panqueques. Pero eso no nos quitó el hambre de patear la ciudad hasta el puerto, donde hacía un sol espléndido. Parecía una de esas mañanas de principios de marzo en que la primavera empieza a asomarse. Id, que llevaba su cámara nueva, no paraba de disparar a todo lo que la hacía vibrar. 
Tras pasear por el puerto, nos adentramos en el Born, donde hicimos las últimas compras de Reyes. Para celebrar el fin de año, nos fuimos a comer gratis a un japonés por gentileza del hermano de Id (con la wonderbox que nos regaló hace casi 2 años!!).



De ahí, nos adentramos en la siempre bulliciosa calle Pelai, donde por fin me di el capricho de autoregalarme una chaqueta de cuero negra que hacía años que buscaba. Y para terminar el 2014 con fuerza, merendamos en la cafetería Mistral, donde hacen los mejores minicruasanes de chocolate de la ciudad. 
Echábamos de menos hacer eso: pasar el día en la ciudad, perdernos por el centro, curiosear, distraernos con cualquier cosa, como si cada calle fuera una aventura.
Al atardecer regresamos a casa. Nos esperaba una cena familiar de lo más enervante: el pequeño Mowgli haciendo de las suyas y mi cuñada Reikiana siempre al límite del enfado. Nunca me han gustado las cenas de Nochevieja, llamádme rara. Nos comimos la uvas, nos deseamos feliz 2015 y salimos a tomarnos unas cervezas.
El 2015 empezó con un aperitivo al sol, como si el día 1 del año nos dejara vislumbrar la promesa de un fantástico verano. 
Por la tarde estrenamos la batidora que le regalé a Id para Navidad. Como nos habíamos quedado con antojo de panqueques, eso fue lo que hicimos para merendar. ¡Quedaron buenísimos! Además también le regalé un libro de recetas de creps y postres, así que este 2015 preveo una operación biquini difícil, por no decir imposible.
¿Qué espero del recién estrenado 2015? que venga cargado de buenos momentos, alegrías, salud y esperanza. ¡Ah, y también de buena música, películas y libros!



Aquí tenéis un avance del nuevo disco de Belle and Sebastian, Girls in Peacetime Want to Dance, que saldrá el próximo 20 de enero.

 

martes, 7 de octubre de 2014

banalidades que se convierten en perlas


Hace casi un mes que empezó el curso escolar y en las puertas de las guarderías y las escuelas todavía se escucha a niños llorando. De camino al trabajo me los cruzo y me da penita verlos con esa cara de puchero y llorando desconsoladamente. No entienden porque se les obliga a ir a un lugar desconocido, regido por normas extrañas, donde deben quedarse solos y rodeados de gente desconocida. Envidio esa capacidad que tiene los niños de llorar espontáneamente, sin vergüenza, expresando de manera directa que algo les angustia y acongoja. 
A mí, por ejemplo, me gustaría poder echarme a llorar cada vez que tengo que hacer uno transbordo largo de metro, porque los odio a rabiar. Aunque con las orejas impregnadas en música consigo que ese trance resulte menos traumático. Como decía Josh Radnor en Liberal Arts, con la banda sonora adecuada, lo divino puede emerger de la cotidianidad más prosaica. Y es que una de las cosas más fantásticas de la música es que dota a las escenas más anodinas de significado. Todas las banalidades se convierten en perlas divinas y resplandecientes. Y ahora estoy citando a ese productor musical fracasado que Mark Ruffalo interpreta en Begin Again. 


Me hubiera gustado mucho dedicarle un post a esta película. Salí del cine entusiasmada, y eso que el listón tras Once -el film anterior de John Carney- estaba muy alto. Me hubiera gustado contaros que me volví a enamorar de Keira Knightley; que me gustó mucho la banda sonora; explicaros el soplo de optimismo que infunde la película; porque sí, yo también creo que la música puede cambiarte la vida. Que me encantó la escena en la que ella y Mark Ruffalo pasean de noche por las calles de Nueva York escuchando canciones; y es que "se sabe mucho de una persona por sus playlists". Y también la escena en la que Dan (Ruffalo), borracho, se va imaginando los arreglos musicales que añadiría a la canción que está interpretando Gretta (Knightley). 
Estas últimas semanas, Lost Stars me ha acompañado en mis paseos por la ciudad y en esos odiados transbordos (creo que me quedo con la versión más intimista de Keira, aunque la versión de Adam Levine también me gusta).


Pero una vez más ha quedado demostrado que Belle and Sebastian y Camera Obscura siguen siendo la mejor banda sonora para convertir en perlas la realidad más banal. Que me acompañen cada mañana por la calles de Barcelona es tan placentero como oler el primer café del día.
Pero el suplicio de los transbordos subterráneos ha terminado en parte, porque desde hace un par de semanas soy socia del Bicing. Recibí el carné con gran alegría pero tras una semana utilizando el servicio, estoy bastante cabreada. ¡Imposible encontrar una bici cuando la necesito, imposible devolverla cuando llego a mi destinación! Un día me pasé media hora buscando un punto de aparcamiento porque todos estaban o averiados o cerrados. ¡Indignante! Así que si estáis pensando en haceros usuarios del Bicing os recomiendo que no lo hagáis. Una vergüenza el servicio y el estado de algunas bicis y estaciones. 
Y hasta aquí mi momento indignación. Y para no terminar el post con malas vibraciones, música buenrollera please!


martes, 16 de septiembre de 2014

momentos de libertad

Identitat, Xiaodu Liu. Arquitectura efímera (foto: Id)

Últimamente los días me están pasando muy rápido, como vagones de un tren de alta velocidad. Se me acumulan las historias y las anécdotas; los momentos y las experiencias que me hubiera gustado explicaros. 
Paradójicamente, desde hace unos años, en septiembre es cuando más siento que es verano: poder ir todavía a la playa y las temperaturas estivales de estas últimas semanas supongo que ayudan.
A pesar del colapso turístico, Barcelona me sigue fascinando. Me encanta pasear por sus calles al anocher o en plena noche, cuando el calor ya ha remitido y un frescor reconfortante envuelve el ambiente. Me gusta pasear con Id y de repente, entrar en una tienda a las 12 de la noche y comprarme un sombrero para protegerme del sol. Encontrar tiendas curiosas custodiadas por un ejercito de robots, o charlar con esas ancianas amantes de los gatos, que están siempre sentadas frente a Santa María del Mar acompañadas por sus mascotas felinas.

robots (foto: Id)

Descubrir arquitecturas efímeras esparcidas por la ciudad, admirar un beso compuesto por centenares de momentos de libertad, pasear entre libros delante de la catedral o perdernos en un mercadillo de segunda mano...

El mundo nace en cada beso, de Joan Fontcuberta 

Me encanta quedar con amigas y descubrir locales nuevos en los que cenar y tomar unas copas, a pesar de que el cansancio que arrastro últimamente no me deja trasnochar tanto como quisiera. Me gustan los encuentros casuales en el metro, aunque una barba inédita me impida reconocer a un amigo a dos palmos de la cara. Amigos que nos bautizan, a Id y a mí, como "la Parella Feliç", otros que sacrifican sus mañanas de domingo para ayudarte con su furgoneta a hacer un minitraslado de cama y colchón...

Y sobretodo me hubiera gustado explicaros la emoción y la alegría que sentí durante la Diada. Transmitiros la ilusión, la alegría, el civismo que se respiraba en unas calles teñidas de rojo y amarillo. Avenidas tomadas por gente de todas las edades y procedencias, movidas por una energía positiva increíble, esa que emerge de la creencia firme que el derecho más fundamental de cualquier democracia es poder Votar.


fotos Id


Y esta semana empiezan las Festes de la Mercè. He estado mirando el programa y preveo que se presentan unos días muy intensos...