foto: autor desconocido (fuente aquí)
Mi madre, al contrario de mi tía A., nunca ha sido muy dada a hablar del pasado o a sentir nostalgia. Eso hace difícil conocer o enterarse de antiguas historias familiares; las que sé, me han llegado por mi tía A y por mi abuelo, que era muy cuentista (en el buen sentido de la palabra).
Para que mi madre explique algo, le ha de salir de ella misma, no le gustan las preguntas. Así, sin venir a cuento, un día te explica alguna historia de cuando era pequeña y vivía en D. su pequeño pueblo, del que se fue a los 8 años para venir a vivir a nuestro minipueblo actual.
El pueblo de mi madre está a 6 km. del nuestro. Es fácil llegar allí paseando a través de un camino que, serpenteando entre campos, une a las dos poblaciones. De hecho, ese camino es el lugar preferido de la gente del pueblo para hacer deporte o pasear, de tal manera que es más fácil encontrarte alguien por ahí que por según que calles de la población.
El sábado hacía una tarde espléndida, de esas que te llaman a salir de casa. Así que, junto a dos de mis hermanas, decidimos ir andando hasta D. Mi madre, en un arrebato inusual de nostalgia, decidió ir en coche y esperarnos allí.
Me llevé la Sprocket e hice mil fotos durante el camino. Y es que no sabéis lo bonito que estaba el campo, con esa simetría infinita de almendros en flor, de ramas repletas de flores blancas que parecían de azúcar. En un cielo sin nubes, el azul era tan intenso y puro que hacía daño al mirar. Suspendido en el aire flotaba un aroma denso, una mezcla de olores de pétalos y flores que habría hecho enloquecer de placer a cualquiera abeja.
Cuando finalmente llegamos al pueblo nos encontramos con nuestra madre charlando con unas mujeres en la puerta de la iglesia. Dio la casualidad que esas vecinas eran las encargadas de limpiarla, así que nos dejaron entrar a visitar la pequeña iglesia. Sí, pequeña, pero abarrotada, ¡horror vacui! No había ni una pared sin pinturas o adornos y en cada esquina se erigía la estatua de algún santo. Allí fue cuando me enteré que una de esas estatuas, la de Santo Domingo en concreto, fue un regalo de mi bisabuelo a la parroquia.
Después de pasear por el pueblo mientras mi madre nos relataba anécdotas y recuerdos de su niñez, nos subimos al coche. Entonces a mi madre, en pleno trance nostálgico, se le ocurrió hacernos un tour por las diferentes fincas y campos que antiguamente habían pertenecido a mi abuelo.
Cuando finalmente llegamos al pueblo nos encontramos con nuestra madre charlando con unas mujeres en la puerta de la iglesia. Dio la casualidad que esas vecinas eran las encargadas de limpiarla, así que nos dejaron entrar a visitar la pequeña iglesia. Sí, pequeña, pero abarrotada, ¡horror vacui! No había ni una pared sin pinturas o adornos y en cada esquina se erigía la estatua de algún santo. Allí fue cuando me enteré que una de esas estatuas, la de Santo Domingo en concreto, fue un regalo de mi bisabuelo a la parroquia.
Después de pasear por el pueblo mientras mi madre nos relataba anécdotas y recuerdos de su niñez, nos subimos al coche. Entonces a mi madre, en pleno trance nostálgico, se le ocurrió hacernos un tour por las diferentes fincas y campos que antiguamente habían pertenecido a mi abuelo.
La finca, o como decimos en mi tierra "el tros", que más me gustó fue el que mi madre, cuando era pequeña, bautizó como el tros xulo (el campo chulo). En medio de una hilera de viñas viejas se alzaba un pequeña casa muy bonita. Mi madre me explico que la había construido mi abuelo con sus propias manos. Le saqué una foto a mi madre junto a la casita. Y me acordé de mi abuelo y de esa sabiduría que solo tienen los que han trabajado toda la vida en contacto con la tierra. Un saber que yo ya he perdido. Por lo que cuenta mi madre de él parecía un padre severo, en cambio, yo lo recuerdo como un abuelo simpático y divertido. Supongo que no es lo mismo ser padre que ser abuelo.
Cambiando de tema, la banda sonora de este fin de semana ha sido el nuevo disco de Russian Red, Agent Cooper. No me ha gustado tanto como sus trabajos anteriores. Ese toque "más rockero, más eléctrico" no me ha acabado de convencer, pero todo el mundo tiene derecho a probar cosas diferentes.
La canción de la que ando enamorada estos días es esta:









