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viernes, 20 de diciembre de 2013

inmigrante digital


En mi casa los Reyes Magos han llegado antes que la Navidad. ¿Será por qué somos muy buenas personas? ¿O por qué los Reyes se han extraviado por culpa del gps de sus smartphones? (eso les pasa por fiarse antes de ese chisme que de una estrella fugaz milenaria). Pues por ninguna de las dos razones, sino por la tozudez y la obstinación de mi padre.
El hombre hace tiempo que vive más obsesionado que Gollum por poseer una tablex. Sí, una tablex, no me he equivocado al mecanografiar la palabra. 
(se abre inciso)
Mi tía, que tiene un talento innato para la terminología es una genia inventando palabras. Suya es la invención, ampliamente conocida por toda la familia, de llamar 'wiki'  a esa fruta extrañamente peluda que el común de los mortales nombra como kiwi.
Su último neologismo es la palabra 'tablex', y de ahí no la sacas. Al contrario, ha conseguido contagiar a mis padres ese extraño vocablo y ahora todas las hermanas lo utilizamos medio en coña. Bien, hemos conseguido una pequeña mutación y de 'tablex' hemos conseguido que mis padres también digan 'tablets' (de ahí ya no pasan).
(se cierra el inciso)

Pues como decía, mi padre -que nunca ha sentido curiosidad alguna por un ordenador o por un móvil- estaba emperrado en que quería una tablex, y quería una tablex! Hacia semanas que me enseñaba diferentes ofertas en revistas de electrodomésticos y me preguntaba cuál era la mejor (imaginad lo que es explicarle a alguien que no tiene ni idea de informática lo que es una memoria ram o un procesador). 
Hasta que una mañana, mi padre se puso la chaqueta con una única meta entre ceja y ceja: conseguir su ansiada tablex. Por suerte mi madre le interceptó el paso y consiguió disuadirlo: "¡Si no tienes ni idea de tablex! ¿cómo vas a ir tu solo a comprarla? ya irán la niñas!!". Y las niñas fueron esa misma tarde a comprarle la dichosa tablets y se la dieron nada más llegar a casa envuelta en un precioso papel de regalo. Sorpresa, sorpresa... ¿qué será? (en mi casa somos un desastre con las sorpresas, ¿se nota?). ¡Sí, una tablex! 

(espero que mi padre no acabe utilizando su tablex así...)

Pero lo más penoso vino después; ¿por qué os acordáis que mi padre no tenía ni pajolera idea de chismes tecnológicos e informática? Así que toda la semana le he estado dando clases de internet: qué es Google (ya le he dicho que es como Dios, que lo sabe todo), Wikipedia, Youtube..., pero está siendo más difícil de lo que esperaba. Y es que las diferencias entre una nativa digital y un inmigrante digital (me pirran este tipo de nomenclaturas) son abismales. A mi padre toda la jerga internauta le suena a chino mandarino; pero paso a paso, tengo la esperanza que consiga defenderse sólo en el ancho mar de internet.
Eso sí, aprovechando que mi padre tiene una tablet le he instalado algunas aplicaciones interesantes; como el Angry Birds Star Wars, jeje...

(sí, más o menos, esa soy yo jugando a los Angry Birds)

Pero los Reyes no solo se han adelantado con mi padre, sino que han dejado un regalito en forma de premio para Id. Sí, mi talentosa y artística novia ha ganado un concurso organizado por Lomography y el premio ha sido esta preciosidad de cámara. Creo que el premio me ha hecho más ilusión a mí que a ella. ¡Se lo merecía tanto!

Y para terminar, no os dejaré con ninguna canción de Navidad (todavía no toca) sino con el primer trailer de los Oscars protagonizado por Ellen DeGeneres (fijaos en el minuto 0:27, a la derecha, aparece una doble de Janelle Monáe, jaja).

lunes, 29 de abril de 2013

persistencia


A ratos ruidosa como una multitud, a ratos silenciosa y fría como la muerte, la lluvia nos sigue acompañando desde hace cuatro días. Esta sucesión interminable de pequeñas agujas acuosas tiene el poder, por acumulación, de arruinar una fiesta. Pero esta vez no me ha importado. Hace años que la celebración de la ermita de mi pueblo ha dejado de emocionarme. Cuando era niña, ese día disfrutaba explorando la montaña con mis amigos. Ahora, ha pasado a ser un día más de comilona en familia pero en versión campestre. 
La lluvia en primavera no me disgusta tanto como en otoño; tal vez porque vamos de cara al verano y la considero una molestia necesaria para que llegue el buen tiempo. Además la lluvia me predispone al recogimiento y a la reflexión, y eso le ha venido bien a mi efervescente cabeza. También he aprovechado para leer; en mi mesa se acumulan los libros pendientes, y eso que estoy leyendo tres a la vez.

Por fin me he acostumbrado a mis gafas nuevas y ya me reconozco cuando me veo en los espejos. A mí madre, cosa que no me esperaba, le han gustado mucho. Dice que ahora luzco "más moderna". 
Ella y mi padre llegaron el viernes de su primer viaje del Imserso. Mi padre disfrutó de la experiencia, pero mi madre ya ha asegurado que éste ha sido su primer y último viaje, dice que no está para estos trotes. Como una gran nube negra, la negatividad de mi madre siempre está dispuesta a tapar el sol más radiante. Me exaspera su pesimismo. Creo que por eso -y por supervivencia- he desarollado un sentido del optimismo tan acusado. 
Por mi parte, le expliqué lo del concurso de relatos y que quedé finalista. La respuesta de mi madre: ninguna. Ese silencio, en su caso, es más positivo que negativo: mi madre es parca en halagos pero generosa en la crítica. Y aunque hace tiempo que he asumido que nunca podré satisfacerla, ni ser la hija que ella esperaba, una parte de mí -cada vez más menguante- sigue esperando que algún día se sienta orgullosa de mí.

domingo, 3 de marzo de 2013

cosas de familia


Con el tiempo, Idgie y yo hemos llegado a la conclusión que las más "normales" de nuestras familias somos nosotras. Parafraseando a Tolstoi, diría que si "todas las familias normales se parecen, las raras lo son cada una a su manera" porque nuestras dos familias no se parecen en nada salvo en lo chiflados y raros que son nuestros respectivos parientes. Por poner un ejemplo, sólo hace falta comparar a nuestros padres. El de ella, mujeriego, trotamundos, bromista, vividor (en el buen sentido de la palabra)... Vive medio año en España, y el otro medio en Ecuador con su otro hijo de un año y su novia de treinta y dos. Mi padre, en cambio, es religioso, fiel, casero, serio, introvertido... Cada domingo lee la hoja parroquial, conoce a todos los curas de la diócesis, y seguirá el próximo cónclave con más emoción que un mundial de fútbol. Y eso por no hablar de nuestros hermanos y hermanas... No puedo imaginar que sucedería si algún día, por ejemplo nos casáramos, y juntáramos a nuestras dos familias; creo que se acabaría el mundo o pasaría algo parecido a esto
Este fin de semana ha venido el padre de Idgie- que por cierto nunca recuerda mi nombre- a visitarlos. Como yo estaba en mi pueblo, sufriendo a mi familia, me perdí el encuentro, pero por lo que me ha contado Idgie fue "fantástico": su hermana volvió a soltarles un discurso fundamentalista vegano, su padre la lió para que le llevara al aeropuerto en lugar de pedírselo bien, y su hermano va a la suya, etc.

Y hablando de encuentros familiares, y July Delpy el otro día vi otra película suya que me encantó, Le Skylab. El retrato de una familia francesa de finales de los 70, que se reune en la casa familiar de Bretaña para celebrar el cumpleaños de la abuela. El reparto, tanto los niños, como los adolescentes y los adultos, es magnífico.  La reunión se convierte en un alocado fin de semana lleno de revelaciones, peleas, amor, risas y canciones. Momentos que nos hacen revivir recuerdos familiares y días de verano. Una comedia ligera, divertida y emotiva, llena de vida.

miércoles, 30 de enero de 2013

efectos secundarios




Tras mi operación, hace poco más de un mes, dije que no quería volver a pisar un hospital durante mucho tiempo. Bien, ese tiempo no ha sido tan largo como deseaba... No os preocupéis, no ha pasado nada grave.
Simplemente, por fin operaron a mi padre de la próstata, tras más de un año en lista de espera. Lo operación fue muy bien y ahora sólo tiene que quedarse cinco o seis días ingresado. Además está en un hospital recién estrenado y muy bonito -arquitectónicamente hablando, porque un hospital no puede ser bonito de otra manera- a media hora de mi minipueblo.
Cuando supere esta operación, le espera otra de cataratas. Y es que mi padre, a diferencia de mi madre, ha envejecido mucho tras la jubilación; aunque ambos empiezan a hacer unas "viejunadas" que me recuerdan que se van haciendo mayores. Es ley de vida pero no por eso la idea de perderlos algún día deja de ser menos aterradora. 

Y hablando de hacerse mayor, igual que la adolescencia sólo se pasa una vez -gracias a las diosas!- nunca pensé que experimentaría dos veces en mi vida la menopausia. No, no soy tan mayor para tenerla todavía. Después de la operación, como tratamiento, el médico me provocó una menopausia química a base de inyecciones que tiene que durar seis meses. Primero pensé: "medio año sin la regla, qué bien!!" pero tras la aparición de los efectos secundarios, creo que preferiría seguir menstruando cada mes. Tengo unos sofocos, sobretodo nocturnos, que me hacen sentir como una antorcha humana; suerte que no estamos en verano porque me entran unos calores atómicos. Me paso toda la noche como un gusiluz encendiéndome y apagándome; y sin dormir, claro. Y yo si no duermo no soy persona. Además hay días en que los sofocos vienen acompañados de mareos y náuseas. Todo un festival, vamos! Nunca pensé que echaría tanto de menos a mis estrógenos.
Si la menopausia real tiene que ser igual, no sé si quiero hacerme mayor.