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martes, 14 de abril de 2015

alegría de colores


Ya sabía que pasaría, por eso no le hago mucho caso a los días tontos. Si en el post pasado -después de las vacaciones de Semana Santa- estaba de bajón, esta semana la he empezado con los ánimos estratosféricos. Gran parte de la culpa la tiene haber ido al Holi de Barcelona. Me lo pasé genial y eso que odio las multitudes!
Misántropo se apuntó a venir con nosotras. Idgie y él se llevaron las cámaras reflex forradas y reforradas para poder tomar fotos durante el Holi. 
Nuestro primer baño de multitudes lo tuvimos en el metro. Los vagones iban tan a rebosar, que era imposible que subieran más de tres personas por convoy. Así que optamos por coger un bus y acertamos de pleno: iba medio vacío y llegamos en seguida. 
Una vez encontramos el lugar, compramos un par de bolsas de polvos de colores y nos metimos -todavía impolutos y blancos- en medio de la muchedumbre. A los dos segundos ya estábamos manchados: al vernos tan blancos, "los sucios" nos acribillaban con colores. Misántropo, que lleva barba hispter, acabo con barba verde. Id, que iba con la cámara en mano, recibía ofertas de "¿me haces una foto?" a diestro y siniestro. Había gente de todas las edades, aunque los adolescentes eran muy nombrosos. Mucho postureo, palos de selfie, y fotos para fardar luego en las redes sociales (ahí he pecado yo también un poco... ¬¬')


Como nos habíamos perdido la tirada del mediodía, nos tomamos unas cervezas, hicimos algunas fotos y el tiempo nos pasó volando.
El ambiente se iba volviendo más animado a medida que se acercaba la hora de la segunda tirada de colores. Todo el mundo tenía en las manos una bolsa de polvo y empezó la cuenta a tras. Palos con smartphones, gopros, cámaras de fotos levantados...
Five, four, three, two, ONE!!! Y el momento se cargó de tanta energía positiva que resultó mágico. Una euforia colectiva estalló junto a un mar de colores flotando en el aire. Una atmosfera de polvo y alegría invadió la masa que celebraba entusiasmada la llegada de la primavera.
Poco amante que soy de las multitudes, me sentí muy a gusto en todo momento. El buen rollo que había y la descarga colectiva de energía positiva ayudó mucho.
Id hizo unas fotos brutales. Mirad como acabó su cámara!


Lo que está claro es que el año que viene pensamos repetir.

Y hablando de smartphones... me he autoregalado uno porque el que me dio mi hermana empezaba a fallar. Así que he pasado de tener un minimóvil, a cargar con un tabletophono. Qué asco me doy! En fin... sabía que acabaría cayendo... Y además me estoy viciando a los juegos! Mientras no me vuelva zombimóvila perdida como el resto de pasajeros que cada mañana suben al tren... 


lunes, 21 de julio de 2014

pecas de verano



Como cuando era pequeña, el verano sigue dibujándome pecas en la nariz que, desperdigadas, caen hasta las mejillas. Pecas veraniegas que me dan un aire infantil, travieso. El sol y el calor ya han hecho acto de presencia, y desnuda ya parece que siga llevando biquini. 
He pasado unos días de minivacaciones familiares en el apartamento que mis padres tienen en la costa. Días de mucha playa, mar, fotos, paseos, helados, siestas, lectura, de bucear con mis sobrinos a la caza de cangrejos ermitaños... Formar parte de una familia numerosa puede ser divertido, pero cuando van pasando los días, en un piso relativamente pequeño, la convivencia puede llegar a ser agobiante. Una de las cosas que aprendes a valorar cuando te has criado en una familia grande son los momentos de soledad y la intimidad. Por ejemplo, no tuve una habitación propia hasta los dieciocho años, cuando me fui a estudiar a la universidad. Y entonces, me sentí muy rara en una habitación para mi sola.
A parte de la convivencia complicada, estos días me han vuelto a demostrar lo enganchada que estoy al ordenador. Al tercer día ya tenía mono de internet; y como una adicta, rastreaba wifis ajenos a la búsqueda de una pequeña dosis de conexión inalámbrica.   
Además vivir en un piso céntrico, delante del puerto, también tiene su lado negativo. Y es que el ayuntamiento organiza todos los conciertos, bailes, discotecas móviles en el paseo que tenemos delante de casa. La otra noche no pude dormir hasta las 5.30 de la madrugada porque la emisora de radio X organizó una fiesta con música de esa que hace chumba-chumba sin parar, y a un volumen tan indecente que hacía vibrar todos los cristales de casa. A punto estuve del ataque de nervios. 


Pero pasar una noche en vela, de vez en cuando, vale la pena por tener el lujo de disfrutar de unas vistas espectaculares. Poder desayunar delante del mar, viendo las barcas de pesca regresar al puerto después de faenar es un gustazo. O leer en el balcón al frescor del atardecer. Pero es difícil concentrarse en la lectura cuando la Hora Dorada nos muestra la parte más bella de las cosas: todos los colores emiten una calidez distinta, vibrante; los muros del espigón y las casas parecen incendiarse con esos últimos rayos de luz. El tiempo se detiene, y flota suspendido en ese mismo aire que las golondrinas -con su vuelo kamikaze- perforan locas de felicidad. El mar y el cielo, separados por un horizonte difuso, hacen alarde de todo su repertorio cromático...

foto: Fred Meylan

El mar/ la mar. Ese uso del masculino o del femenino desvela nuestro origen: los de secano, los de tierra adentro, hablamos del mar; mientras que los pescadores, la gente de los pueblos marítimos, la nombran siempre en femenino. La mar, como quien habla de una divinidad antigua, de cuya fecundidad y generosidad se depende.
Siempre he pensado que me gustaría vivir en un pueblo con mar (a veces olvido que Barcelona tiene mar, solo la gente de la Barceloneta parece saberlo) aunque en invierno son un poco tristes.

Estos días ando enamorada de esta canción:

domingo, 13 de julio de 2014

los colores del mar


¡...el agua era de una azul tan fino! y la vibración de luz era una locura. He presenciado el regreso de la pesca: las hermosas velas, los grupos de pescadores, las luces de mil colores reflejandose en el mar (...)
 Joaquim Sorolla

El niño de la barquita, Sorolla

Azul cobalto, de ultramar, azul de Prusia, de Alejandría... La historia del azul es apasionante, ¿sabíais que no es un color fácil de encontrar en los pigmentos naturales? ¿Y sabrías decirme cuál es el color del mar? 
Desde que vi anunciada una exposición de Sorolla, El color del mar, en el CaixaForum, tenía muchas ganas de ir. La pasión por el mar, los colores, la luz y su afán por trasladar lo natural a la pintura, son el hilo conductor de esta fantástica exposición. Una visita que te traslada a las playas luminosas de Valencia, donde los niños juegan en el agua mientras la luz resbala por sus cuerpos, los rayos de sol reverberan en las olas arrancando al mar, miles de destellos. Barcos de pescadores regresando a la costa, atardeceres en una cala de Mallorca, el mar embravecido en San Sebastián... Las olas, la luz, los colores del mar captados en toda su variedad y movimiento; días lluviosos y soleados, puestas de sol y amaneceres, los matices de la luz mediterránea y la de la costa del norte. Un espectáculo visual que te enreda, llegando a sentir el olor del mar, la sal en la piel, el sol cegándote los ojos, los gritos de los niños jugando en la playa, el sonido del viento y de las olas en los oídos... Y además con ese tratamiento de la luz tan maravilloso que parece irradiar del interior de los cuadros. 

fotos: Id

Los cuadros vienen acompañados por sus estudios y apuntes de color, por textos breves (de Sorolla, Proust, Pío Baroja...), fotografías de Sorolla pintando al aire libre, y vitrinas con sus pinceles y pinturas.
Una exposición para revisitar que estará en Barcelona hasta el 14 de septiembre.

Del mar artístico al mar físico, pero sin final tan feliz. Otra vez el aguafiestas de Murphy y horarios absurdos frustraron nuestros planes. Si no fuera por eso, ahora os estaría explicando y enseñando las fotos de un lugar sorprendente. Así que no desvelaré nada hasta que por fin consigamos ir, pero os dejaré una pista fotográfica:


Y como si no tuviera cámaras suficientes (es sorprendente la cantidad de cámaras que tengo desde que salgo con una fotógrafa), Diseñadora me ha regalado una Blackbird Fly, más el respaldo de 35mm para mi Diana F+. A pesar de vivir en un loft precioso de esos que salen en las revistas, se mudan a otro piso más práctico y céntrico. Aprovechando la mudanza está haciendo limpieza y antes de tirar nada, nos ha regalado todo su material de laboratorio fotográfico, unos 15 carretes, la cámara y más cosas. 
la Blackbird Fly

Llegué a casa con mi cámara nueva más contenta que una niña en el día de Reyes. Ya tengo ganas de salir a hacer fotos y probarla.