viernes, 20 de diciembre de 2013

inmigrante digital


En mi casa los Reyes Magos han llegado antes que la Navidad. ¿Será por qué somos muy buenas personas? ¿O por qué los Reyes se han extraviado por culpa del gps de sus smartphones? (eso les pasa por fiarse antes de ese chisme que de una estrella fugaz milenaria). Pues por ninguna de las dos razones, sino por la tozudez y la obstinación de mi padre.
El hombre hace tiempo que vive más obsesionado que Gollum por poseer una tablex. Sí, una tablex, no me he equivocado al mecanografiar la palabra. 
(se abre inciso)
Mi tía, que tiene un talento innato para la terminología es una genia inventando palabras. Suya es la invención, ampliamente conocida por toda la familia, de llamar 'wiki'  a esa fruta extrañamente peluda que el común de los mortales nombra como kiwi.
Su último neologismo es la palabra 'tablex', y de ahí no la sacas. Al contrario, ha conseguido contagiar a mis padres ese extraño vocablo y ahora todas las hermanas lo utilizamos medio en coña. Bien, hemos conseguido una pequeña mutación y de 'tablex' hemos conseguido que mis padres también digan 'tablets' (de ahí ya no pasan).
(se cierra el inciso)

Pues como decía, mi padre -que nunca ha sentido curiosidad alguna por un ordenador o por un móvil- estaba emperrado en que quería una tablex, y quería una tablex! Hacia semanas que me enseñaba diferentes ofertas en revistas de electrodomésticos y me preguntaba cuál era la mejor (imaginad lo que es explicarle a alguien que no tiene ni idea de informática lo que es una memoria ram o un procesador). 
Hasta que una mañana, mi padre se puso la chaqueta con una única meta entre ceja y ceja: conseguir su ansiada tablex. Por suerte mi madre le interceptó el paso y consiguió disuadirlo: "¡Si no tienes ni idea de tablex! ¿cómo vas a ir tu solo a comprarla? ya irán la niñas!!". Y las niñas fueron esa misma tarde a comprarle la dichosa tablets y se la dieron nada más llegar a casa envuelta en un precioso papel de regalo. Sorpresa, sorpresa... ¿qué será? (en mi casa somos un desastre con las sorpresas, ¿se nota?). ¡Sí, una tablex! 

(espero que mi padre no acabe utilizando su tablex así...)

Pero lo más penoso vino después; ¿por qué os acordáis que mi padre no tenía ni pajolera idea de chismes tecnológicos e informática? Así que toda la semana le he estado dando clases de internet: qué es Google (ya le he dicho que es como Dios, que lo sabe todo), Wikipedia, Youtube..., pero está siendo más difícil de lo que esperaba. Y es que las diferencias entre una nativa digital y un inmigrante digital (me pirran este tipo de nomenclaturas) son abismales. A mi padre toda la jerga internauta le suena a chino mandarino; pero paso a paso, tengo la esperanza que consiga defenderse sólo en el ancho mar de internet.
Eso sí, aprovechando que mi padre tiene una tablet le he instalado algunas aplicaciones interesantes; como el Angry Birds Star Wars, jeje...

(sí, más o menos, esa soy yo jugando a los Angry Birds)

Pero los Reyes no solo se han adelantado con mi padre, sino que han dejado un regalito en forma de premio para Id. Sí, mi talentosa y artística novia ha ganado un concurso organizado por Lomography y el premio ha sido esta preciosidad de cámara. Creo que el premio me ha hecho más ilusión a mí que a ella. ¡Se lo merecía tanto!

Y para terminar, no os dejaré con ninguna canción de Navidad (todavía no toca) sino con el primer trailer de los Oscars protagonizado por Ellen DeGeneres (fijaos en el minuto 0:27, a la derecha, aparece una doble de Janelle Monáe, jaja).

lunes, 16 de diciembre de 2013

lecturas invernales

foto primaveral para combatir e ignorar el frío

Frío, frío, y más frío. Todavía no ha empezado el invierno y ya estoy harta de él y de tantos días de niebla. Me consuelo pensando que a partir de Navidad las horas de luz empezarán a crecer. 
Además odio el invierno porque los fines de semana son aburridos y tengo más tendencia a la procastinación. Por cierto, ¿os habéis dado cuenta de lo adictivos que son los vídeos de gatitos? es empezar a mirar uno y es un no parar (muy fan de Grumpy).
Lo único positivo del invierno es que dedico más horas a la lectura. Este mes llevo un buen ritmo. Antes tenía la costumbre de anotar en una libreta los libros que iba leyendo, y así, al cabo del año, sabía cuantos había leído en total. Creo que volveré a hacerlo cuando empiece el 2014.

Desde que en verano fui a una charla sobre mujeres lesbianas en el mundo editorial (revistas, fanzines, comics) a la que asistimos durante el Girlie, tenía pendiente leer alguna novela gráfica de Susanna Martín.
En la biblioteca de la miniciudad de Id tienen un buen fondo bibliográfico de cómics. Allí encontré dos novelas suyas que me interesaban: Alicia en el mundo real, y Sonrisas de Bombay.


La primera novela, con guión de Isabel Franc e inspirado en su propia experiencia, narra en clave de humor  la historia de Alicia, una mujer que ha superado un cáncer de mama gracias a su espíritu luchador y positivo.
La segunda, Sonrisas de Bombay, es una adaptación del bestseller de Jaume Sanllorente (Sonrisas de Bombay. El viaje que cambió mi destino) que nos cuenta como un viaje a la India, cambió la vida de este chico. Una historia humana maravillosa. La verdad es que me ha tocado mucho la historia de Sanllorente y me ha hecho interesarme por su trabajo y la ONG Sonrisas de Bombay.
Tal como nos dijeron en la charla que os he comentado, os animo a leer más novela gráfica -si es que aún no lo hacéis. Cuando explico que he leído tal o cual cómic todavía hay gente que me mira con cara de "vaya friki", como si leer cómics sólo fuera cosa de niños. No saben lo que se pierden. Estos dos libros son un claro ejemplo de como se pueden tratar problemáticas sociales diversas con la misma profundidad que lo haría una novela o una película. 

Cambiando de formato, también he leído dos novelas muy distintas entre sí que me han gustado mucho: Stoner de John Williams y Jesús me quiere de David Safier. 


La historia que cuenta Stoner es bien simple: un hombre sencillo e íntegro, criado en una granja de Missouri, ingresa en la universidad para estudiar Agricultura. Una vez allí, descubre la magia de las palabras y la literatura y decide dedicar su vida a hacer de profesor en la universidad. Una vida discreta, un poco opaca, explicada con intensidad y una exquisita sencillez, con unos personajes de gran profundidad y un final de gran belleza. Una novela conmovedora que fascina más por el cómo que por el qué.

Y si lo que buscáis es pasar un buen rato con una lectura más desenfadada, os recomiendo Jesús me quiere de David Safier (de este mismo autor también me gustó Maldito karma). No es una gran obra de la literatura pero os hará reír; ¿por qué os imagináis a George Clooney haciendo de Satanás y a Emma Thompson de Dios? Visto el éxito de las novelas de Safier (guionista, por cierto, de Berlín, Berlín, una serie que emitían por TV3 y que me gustaba bastante) me extraña que Hollywood todavía no haya llamado a su puerta...

Y para terminar con buena música, estos días en mi iPod no para de sonar el nuevo trabajo de Noah and the Whale, Heart Of Nowhere.



viernes, 13 de diciembre de 2013

lo que sueñas vuela

 foto: Katherine Squier

¿Vosotr@s recordáis vuestros sueños? porque dice mi hermana3 la Gruñona que ella no sueña, o por lo menos que nunca recuerda haberlo hecho. Yo en cambio sueño como una condenada, que diría mi madre. Y hay temporadas en que esos sueños son tan vivos, que los recuerdo perfectamente durante todo el día. A veces son tan normales y cotidianos (sueño cosas como que me levanto y me ducho, o que estoy charlando con unos amigos en un bar) que durante los primeros minutos después de despertarme dudo si todo no habrá sido real. 
Esta semana está siendo de esas, bien no del todo porque el otro día soñé que era amiga de Jennifer Morrison (^^). Es lo que tiene entretenerme mirando fotos en tumblr con els hastag "swan queen" antes de irme a dormir, que se me altera el subconsciente.
Pero el mejor sueño ha sido el de esta noche que ha sido del tipo erótico-festivo...
Cuando compartía piso de estudiantes tenía una compañera que siempre tenía sueños eróticos, pero lo peor es que le encantaba explicármelos mientras desayunaba (sí, era muy "disgusting").
¿Y con quién ha tenido ese sueño húmedo? os estaréis preguntando panda de cotillas. Pues con Id! (ya os he dicho que tengo una semana de sueños cotidianos), soy tan fiel que no la engaño ni en sueños, jeje... Aunque en la vida real tenemos un pacto verbal que me permitiría serle infiel en caso que Natalie Portman o Elena Anaya me hicieran proposiciones indecentes (jojo... me emociono sólo con pensarlo). Sí, somos una pareja muy liberal...


Y que conste que todo esto no tiene nada que ver con mi temor ante los ataques Pikachu de Id.
¡Ah! ¿Nunca os he hablado de los ataques eléctricos de Id? pues mi querida novia, cuando vamos a dormir y me acurruco junto a ella, suele tener muchos “mioclonus nocturno”, que suena chungo pero no son más que esas típicas sacudidas o sensación de caer que tenemos unos minutos antes de dormir. Seguro que sabéis de lo que os hablo, a mí también me pasa, pero el caso de Id es excepcional. 
No os podéis imaginar lo que es estar durmiendo plácidamente y abrazada a ella y de repente despertarme con la sensación que me ha fulminado un rayo. Una vez se durmió con su mano sobre mi cabeza y experimenté como sería morir electrocutada.
En fin, se le perdona todo porque es un amor y la pobre lo siente en el alma cuando eso sucede.

(esa soy yo durante un ataque Pikachu de Id)


Y hablando de sueños, nada mejor que despedir el post con este delicioso tema de Marlango (Id, ¿puedo incluir a Leonor Watling en nuestro acuerdo de infidelidades permitidas?)

lunes, 9 de diciembre de 2013

creatividad



Navidad se acerca sigilosamente y este año me coge con un ánimo indiferente. Cuando era pequeña era una Christmasfan: adoraba la Navidad y todo lo que conllevaba. Con los años -sobretodo en la veintena- me pasé al lado oscuro: las Navidades me ponían triste, nostálgica, incluso acaricié la idea de odiarlas al estilo señor Scrooge. Pero empiezo a creer que tengo una relación pendular con estas fiestas y ahora me encuentro en el punto medio. Si así es, ¿estoy en camino de volver a emocionarme con la Navidad? Bien, si los anuncios de lotería siguen siendo tan terroríficos seguro que no...
Sea como sea, cada año vuelvo -como si no pudiera evitarlo- a pasear por la Fira de Santa Llúcia de Barcelona; a pesar de que cada año, las multitudes por culpa del puente de la Constitución, me hacen prometerme que no volveré a hacerlo (sí, toda la fuerza se me va siempre por la boca). Supongo que el carisma de los caganers puede con cualquier fobia.
este año me hizo mucha gracia el Darth Vader caganer

A parte de pasear por la Fira, comer el típico gofre en Portal de l'Àngel (si eres de Bcn ya sabes de que te hablo) y coger casi un ataque de epilepsia con las luces histéricas de Pç. Catalunya, también fuimos a esta exposición en La Virreina. Me gustó pero había alguna serie de fotografías que para mí era prescindible.

También ha habido tiempo para ayudar a mi sobrina Damien con unos deberes del cole: hacer alguna manualidad navideña con un cd. Este fue el resultado final:

(siento la mala calidad de la foto, está hecha con mi cutremóvil)

Cuando tenía la edad de mi sobrina quería ser pintora y adoraba la asignatura de Plástica. Todavía me pongo orgásmica cuando veo maravillas como ésta. Ese gusto por las manualidades lo he heredado de mi madre, que tiene un talento especial para todo lo que sea decoración, dibujo, confección... Aunque ella funciona por obsesiones. Primero tuvo una época patchwok, después le dio por la mandalas, después por hacer mochilas (me hizo dos preciosas) y ahora por hacer bufandas. Pero cuando empieza diciembre, su obsesión temática por excelencia es la decoración navideña. Este fin de semana puso en marcha la operación Navidad y se fue a la montaña a buscar musgo y más materia prima para la construcción de su megapesebre, que bien se merecería un programa especial en Mega construciones. A veces me permite ayudarla porque dice que soy la única de sus hijas que ha heredado "su gracia" para estas cosas (es así de simpática).
En mi época escolar, en cambio, nunca destaqué en lengua ni me gustaba escribir. Dibujar y pintar siempre eran mis prioridades. No fue hasta la pubertad que empecé a desarrollar mi amor por la lectura y la escritura.

Hace unas semanas leí esta interesante entrevista a Ken Robinson, experto en creatividad, que propone un sistema educativo que enseñe a innovar. Según Robinson "la creatividad se aprende igual que se aprende a leer". Nuestro actual sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de una sociedad industrializada: mano de obra disciplinada y jerarquizada en distintos grados de preparación técnica y funcionarios para servir al Estado moderno. Una escuela que incentiva la pasividad, el conformismo y la repetición; y donde se penaliza el riesgo creativo y el error.
Robinson afirma que todos tenemos la capacidad de ser creativos y que estas facultades se pueden desarrollar y que precisamente descubrir en que somos únicos y diferentes debería ser la función principal de la educación, y no la de clonar estudiantes. (Exactamente lo mismo que opina el obtuso del ministro Wert...¬¬).


La palabras de Robinson me hicieron recordar como me frustraba, cuando en el colegio la maestra nos hacían pintar a todos el mismo dibujo con los colores que ella nos indicaba. Cero creatividad, borreguismo cromático. No entendía dónde estaba la gracia de pintar todos el mismo dibujo con los mismos colores.
Y la entrevista también me hizo reflexionar sobre mis propias capacidades creativas, sobre cuál es "mi elemento", esa actividad que -según Robinson- es capaz de alterarme el sentido del tiempo, aquello que me apasiona. Y descubrí, por suerte, que hay muchas cosas que lo hacen.
Desde hace algún tiempo quiero unir dos de mis actividades preferidas en una. ¿Y cuál es? la tipografía, el arte de escribir dibujando. Cuando pueda, y sino de manera autodidacta, me gustaría hacer algún curso de tipografía. Y también alguno de diseño gráfico, de edición de vídeo, de fotografía...

Y según vosotros, ¿cuál es vuestro talento? ¿qué habilidad os hace sentir realizados y vivos?

Si queréis saber algo más sobre el tema os recomiendo esta divertida charla de Ken Robinson.

viernes, 29 de noviembre de 2013

historias que nos contamos

 
más fotos del estilo aquí

"Me está claro que siempre estuve ahí, en algún lugar del ADN de mis ancestros, sólo esperando para nacer. Así que este sujeto único siempre ha existido, aún en el misterio de la nada."
 -Stories we tell, Sarah Polley

En mi pueblo todo el mundo anda revolucionado por la creación de un grupo de Facebook titulado "Nuestro Minipueblo de antes" (donde pone "minipueblo"-no es que se llame así- se entiende que va el nombre real de mi pueblo). En este grupo, creado por dos vecinos de la localidad, la gente puede compartir sus fotos familiares antiguas y así redescubrir y/o recordar como eran antes nuestras calles, edificios, colegio, trenes, fiestas y antepasados.
La idea ha tenido tanto éxito que a la semana de su creación el grupo ya tenía más de 400 miembros (ahora supera los 600). Aunque la idea, muy novedosa no es porque un grupo parecido ya existía con la ciudad de Barcelona. Pero la gracia de hacerlo con un pueblo es que aquí todo el mundo se conoce y realmente hace mucha gracia reconocer en las fotos -por ejemplo- que esa chica en bicicleta por la calle mayor es la abuela de Fulanita. En algunas caras desconocidas detectas un aire de familia, un "déjà vu" que te hace suponer que ese debe ser el padre de Menganito. O descubrir que esas viejecitas que van cada domingo a misa, aunque parezca obvio, también fueron jóvenes y guapas. Aunque para mí, lo más curioso es comprobar lo mucho que ha mejorado nuestro pueblo; y como algunas casas siguen estando iguales, mientras que otras -entre ellas el antiguo cine- han desaparecido para siempre. Memoria colectiva compartida por obra y gracia de las redes sociales.
La creación de este grupo ha motivado que mucha gente del pueblo haya desempolvado sus antiguas fotos familiares y ahora las exhiba orgullosa de su pasado. 
Mi madre, tras muchas reticencias y alguna censura, ha permitido que colguemos algunas de sus fotos de niñez y juventud. En un primer momento le hacía reparo pero ahora le encanta que le digamos la cantidad de "me gustas" y comentarios que han conseguido sus fotos.
Y aunque mi padre no es de aquí, sino de un pueblo cercano, el otro día, hablando de fotos, bajó una caja rebozada de polvo del desván con las fotos que tenía mi abuela en casa. Algunas de esas imágenes no las había visto nunca: mi padre con apenas un año sentado en una silla, con un pelo tan rizado y rubio que parece un querubín. En una mirada, una sonrisa, un gesto, descubrimos parecidos antes desconocidos que nos sorprenden. Mi abuela joven y regordeta en cuyos rasgos veo fugazmente a mi hermana mayor. En otra foto, mi padre adolescente en compañía de sus amigos tiene la misma pose que mi sobrino. 
Seguimos examinando las fotos como quien contempla un tesoro, buscando en ellas, sin darnos cuenta, retazos de un ADN común. Es como si en ese pasado desconocido nos buscáramos a nosotros mismos, como si buscáramos ese eslabón que nos vincula con unos antepasados con los que compartimos algo profundo y desconocido.


Casualidad o no, todo esto sucede el mismo día que descubro una película excelente de Sarah Polley titulado Stories we tell. Un documental sobre la memoria y la forma en que contamos las historias de nuestras vidas.
Stories we tell se centra en la historia familiar de la propia directora que plantea el guión de la película a partir de las diferentes versiones de lo ocurrido de todos los familiares y amigos que estuvieron involucrados. Polley pone de manifiesto que la verdad acerca del pasado "muchas veces es efímera y difícil de identificar [...] termina siempre con cambios y ficciones en ellas, casi siempre no intencionados." A pesar de eso, la directora intenta buscar la verdad dentro de cada situación, ya que esa es la función crucial del arte. 
A medida que el documental avanza, descubrimos como un chiste familiar acabó volviéndose real y que precisamente ahí, reside el núcleo central de la historia. Llegados a este punto, uno de sus entrevistados pone en duda que la verdad se obtenga recogiendo testimonios, porque "la gente tiende a declarar en función de lo que ha visto, de lo que ha sentido, de lo que recuerda y de sus lealtades. Y acumulando versiones nunca se llega al fondo de las cosas".
Stories we tell es un ejercicio de sinceridad brutal; una reflexión sobre como nos explicamos nuestras historias, sobre la plasticidad del concepto familia, como ésta puede condicionar nuestras decisiones vitales y como pueden llegar a desconocerse entre sí sus miembros.

Para terminar, señalar que hay dos películas en cartelera que tengo muchas ganas de ver que también giran entorno al tema de la familia. El remake de Cuentos de Tokio, Una familia de Tokio de Yôji Yamada, y De tal padre tal hijo, de Hirokazu Kore-Eda.

domingo, 24 de noviembre de 2013

smartphobia



Recientemente he descubierto que mis hermanas charlan y comparten fotos entre ellas por whatsapp. Que mi hermana 3, la Gruñona, se haya comprado un smartphone (o un sillyphone como diría el chico desordenado) me ha convertido oficialmente en la sister tecnológicamente "marginada" de la familia.
¿Eso me molesta? un poco en la superficie, pero nada en absoluto en el fondo. Tras comprobar lo enganchadas que están algunas de mis amistades y hermanas al móvil, paso de aceptar esa especie de servilismo o esclavitud moderna que han supuesto apps como WhatsApp y Line. De hecho ya mantengo una relación de amor-odio con mi móvil actual, que vive medio abandonado entre mi habitación y mi bolso. 
En cierto modo (Id, perdona lo que voy a decir ahora) que le robaran el Galaxy a Id fue un alivio porque no me gustaba como ese aparato la estaba abduciendo. Lo único para lo que le hecho en falta es porque me molaba mucho hacer fotos con Instagram (a la práctica la cuenta de Id era casi mía, jiji)


¿Pero vivir pendiente de los malditos mensajitos de los grupos de whatsapp? no way! No tengo nada en contra de los smartphone, pero sí del uso que alguna gente hace de ellos. ¿Por qué vosotros encontráis normal que la gente vaya tecleando por la calle como zombies y ni se aparten cuando te cruzas con ellos? ¿Qué pasa, me he vuelto transparente? tengo ganas de gritarles. Pero lo paradójico de los smartphone es que sirven para todo menos para llamar. Es el primer teléfono de la historia que menos se utiliza como tal. Ahora la gente ya no se llama, se "whasapea".  Y claro, como yo no tengo whatsapp, me he vuelto "una amiga cara": para hablar conmigo me tienen que llamar o enviar un sms (eso que cuesta dinero y mucha gente casi ha olvidado lo que es).
Otra cosa que detesto de los smartphones, es quedar con alguien y de repente encontrarme charlando sola porque esa persona está atendiendo a sus mensajes en lugar de escucharme a mí, que estoy ahí delante. Y eso empieza a ser una epidemia alarmante. La persona física, la que se tiene en frente, ya no es importante, uno debe obedecer ciegamente a ese pitido tiránico, debe leer el mensaje, responder, sin tener en cuenta que ha dejado con la palabra colgando a ese otro amigo que ha hecho el esfuerzo de quedar cara a cara para charlar.


Por lo menos los smartphone han conseguido algo bueno. Ahora en los vagones de tren ya no se escucha la cháchara incesante y las conversaciones inútiles de la otra gente hablando por el móvil (a mí -en cambio- siempre me ha dado vergüenza hablar por teléfono en los transportes públicos). En su lugar, ahora se escuchan constantemente pícaros pájaros piando, como si una estuviera en medio de un bosque frondoso en plena madrugada. Aunque el teclear frenético de mis compañeros de asiento pueda llegar a inquietarme. 
No, definitivamente me importa un bledo -como diría Red Butler- no tener whatsapp aunque eso suponga sentirme excluida de las conversaciones ajenas. No cambiaría mi libertad por el yugo de un trino.

(Vale, lo reconozco. No quiero tener smartphone porque soy débil y sé que si uno de esos aparatitos cayera en mis manos sería la más adicta del mundo). 

Mirad que cosas más chulas se pueden hacer gracias a Instagram.

Nota post-edición: vía facebook me hacen llegar este corto titulado "iDiots", ideal para ilustrar este post.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

just like heaven

foto: Id

Semana de actividad frenética con una pausa en el fin de semana para ponerme enferma. Después de una indigestión inclemente que me dejó hecha polvo todo el fin de semana, he pillado un resfriado de aquellos que no te abandonan durante semanas. ¡Puto frío! Además me perdí el concierto de Els Pets, aunque para mi consuelo su nuevo disco (a parte de dos o tres temas) me ha dejado bastante indiferente.

La semana pasada pareció, tanto por el buen tiempo como por la hiperactividad, un espejismo de primavera. Ayudé a Id con dos sesiones de fotos infantiles: una fue genial y la otra fue más complicada, pero el resultado final ha sido asombroso. Id hace maravillas con la edición de imágenes. 
También hubo tiempo para sesiones de fotos improvisadas y divertidas con mis sobrinos. Coincidiendo con el Movember -contracción en inglés de 'moustache' (bigote) y 'november' (noviembre)- hicimos un bigote y una barba con cartulina y nos hicimos fotos; mis sobrinos se lo pasaron pipa.
Como cada año -ya es una especie de tradición instaurada- fuimos al CCCB a ver la exposición de World Press Photo. Esta edición me gustó más que la del año anterior. Hubo fotos y reportajes que me dejaron muy afectada por lo que flipé con la cantidad de niños que acompañaban a sus padres a la exposición.

Repetimos película con Léa Seydoux, pero esta vez no fue Adèle, sino Sister. Una película dura, donde se nos muestra la relación de amor y odio entre una joven y su hermano pequeño Simon, el auténtico responsable del pequeño núcleo familiar. Un retrato desolador e inolvidable de una infancia herida que en ciertos momentos me recordó a Los 400 golpes de Truffaut.
También acudimos a un evento misterioso al que nos invitó Carrie: la presentación de un proyecto webblog en una nave industrial del Poble Nou. Mucho moderno y pseudointelectual bebiendo cerveza Moritz, pero por lo menos la fiesta sirvió para reencontrarnos con el grupo de las Heteras.

Pero el acontecimiento más importante de la semana fue la celebración de nuestro cumpleaños de pareja. Queríamos que fuera un día especial, un día para nosotras solas, pero resultó ser de lo más concurrido. Quedamos para comer en Gràcia con Pat, con quien charlamos largamente sobre La vie d'Adèle (sí, ya es un tema recurrente entre bolleras). Después tomamos el café con el padre de Id, que estaba de paso por la ciudad. De ahí, visita corta a la fiesta de cumpleaños de mi ahijada la terrible en un chiqui park. Luego nos fuimos directas hacia el cine. Tenía entradas para el preestreno de la última película de Woody Allen, Blue Jasmine. ¡Nos encantó! sobretodo la actuación de Cate Blanchet y Sally Hawkins. Dos hermanas tan diferentes como el día y la noche que con mucho humor -como sólo sabe hacerlo Allen- nos vienen a decir que ante vida sólo hay dos opciones: resignarse o volverse loco. Todo lleno de situaciones hilarantes y cómicas con unos personajes secundarios fantásticos (memorable el primer encuentro entre Jasmine y el nuevo novio de su hermana y un amigo).
Después de la película fuimos a cenar al Tarannà. Y como nos pasó en nuestra primera cita, elegimos un mal plato. Pero a parte de esa nota negativa, el día fue perfecto. Además Id me regaló un colgante que me gustó muchísimo.
¿Y cuántos años cumplíamos? ¡Cuatro! Qué rápido pasa el tiempo! antes solía asustarme al pensar en relaciones tan largas pero ahora hay algo que me sorprende todavía más. Y es que en cuatro años de relación siento que cada día quiero más a Id, que nuestro amor, en lugar de debilitarse o erosionarse con el paso del tiempo, se ha hecho más fuerte y ha crecido de una manera maravillosa. Id sigue siendo y será lo mejor que me ha pasado en la vida.