Mostrando entradas con la etiqueta Id. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Id. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de julio de 2018

como un oasis


foto: hiro 

El otro día me pidieron que explicara la historia de como conocí a Id. A la gente le encanta que le explique esa historia. Una de las oyentes dijo que eramos muy "cuchis" y que nuestra historia era muy de "los noventa". Me hizo gracia. 
También me hizo acordarme con nostalgia de esa época en que los blogs eran lo más. Ahora no eres nadie si no eres youtuber o tienes twitter. Ciertamente debo ser muy de los noventa porque no me imagino exhibiendo mi cara en youtube; o afilando mi ingenio en 280 caracteres.

La idea de cerrar definitivamente el blog también vuelve de manera recurrente con cada parón de actividad bloguera; pero la tristeza que me produce esa simple idea me disuade de hacerlo. ¿Dónde regresaría si lo hiciera? Los lugares no son simples espacios físicos. Fuera de los mapas y de los límites, en los márgenes y las sombras habita la esperanza y lo inesperado. Eso aprendo leyendo a Rebecca Solnit y Alastair Bonnett, dos de mis lecturas de verano. Y el verano es la época ideal para soñar y vivir aventuras, aunque la vida laboral solo nos deje un par de semanas para hacerlo.

He agotado mi primera semana de vacaciones con algún día de playa, piscina y visitas al pueblo. A finales de mes, como un oasis, me espera otra semana de vacaciones. Lástima que, otro verano más, no la pueda compartir con Idgie. Eso me pone de tan malhumor y también triste. Así no hay manera de viajar..! 

Por lo menos el verano ha empezado activo: con conciertos al aire libre, libros nuevos, el refugio fresco de una sala de cine, vida social y muchos planes esperando, de par en par, como cerezas resplandecientes.

martes, 15 de noviembre de 2016

we come from the same place



Ayer Id y yo cumplimos siete años. Ante semejante acumulación temporal admito que siento cierta aprensión. Pero no me malinterpretéis: no es por pánico al compromiso, o a sentirme presa, sino porque la rapidez incontrolada con la que se han sucedido estos años me da vértigo. El tiempo pasa demasiado deprisa! 
Aunque suene a tópico ñoño -como le dije a Id- cada día que pasa siento que la quiero más, así que no me asusta la cantidad, mientras la calidad continúe siendo igual de buena.

Ayer, depués de cenar en uno de nuestros restaurantes favoritos, subimos hasta Montjuïc a contemplar la superluna ("me la imaginaba más grande"). Desde la escalinata que culmina con el Palau Nacional de Montjuïc se tiene una panorámica nocturna de la ciudad muy hermosa. Barcelona iluminada, se despliega bajo tus pies. En ese silencio que acompaña la contemplación, sientes vibrar la ciudad con esa energía que conozco tan bien y que ya siento tan mía. Entonces recordé algunos de los momentos e instantes vividos durante estos siete años. Recuerdos que se encuentran esparcidos por tantas calles, plazas, playas y rincones de la ciudad, que en cierto modo, se podría decir que Barcelona también forma parte de nuestra relación. Somos pues un trío?

Paradójicamente, ya celebramos nuestro aniversario hace un semana huyendo de ella y su "mundanal ruido". Por fin Id y yo disponíamos de unas vacaciones juntas, así que fuimos a pasar unos días a la Vall de Boí, en los Pirineos. Conozco poco las montañas, siempre me he considerado más de mar, aunque tras esta experiencia eso podría cambiar. 
La belleza del otoño, con sus brumas y el espectáculo cromático de los bosques con el cambio de hojas es apabullante. Emoción que los reflejos en estanques y lagos pirenaicos multiplican por dos.


Cuando vuelvo de un viaje me cuesta verbalizar la experiencia de inmediato. Es como si necesitara que toda la experiencia vista, olida, sentida y oída reposara y fermentara para transformarse en recuerdos, para que adoptara forma y orden.
A pesar de la lluvia y una niebla que se deslizaba fluida entre las hondonadas, nos lo pasamos genial. Id se hartó de hacer fotos (hacía tiempo que no la veía disfrutar tanto con la cámara); subimos a las montañas, a los lagos, hicimos senderismo, nos entusiasmamos con las vistas del valle... El último día el sol y la nieve hicieron acto de presencia para sorprendernos con nuevos paisajes y temperaturas.



Visitamos iglesias románicas: pequeñas, pero igualmente espectaculares. Pensar que esos muros y campanares de piedra hace tantos siglos que aguantan estoicamente las inclemencias del tiempo y los años me hace sentir pequeña e insignificante. Ahí estaban antes de que naciera y ahí seguirán cuando me haya ido.


El tiempo es finito, y aunque nos hubiéramos quedado una semana más, las malditas obligaciones y sus rutinas nos reclamaban de vuelta. 
Partimos con pena y con un arcoíris (todo muy gay) en el cielo. Pero al vislumbrar las primeras luces de Barcelona me invadió esa sensación extraña de orgullo que experimentamos al volver a casa después de un viaje. "No hay nada como el hogar" que diría Dorothy... pero es necesario partir para experimentarlo. Nomadismo vs. sedentarismo, otro eterno dilema. 
Sea como sea, me alegró volver porque era la primera vez que Id y yo, las dos juntas, regresábamos juntas a "nuestra casa". Y esa sensación de pertenencia es tan nececesaria como la de libertad.

domingo, 28 de febrero de 2016

nuevas rutinas, nuevas calles

escenas de nuestra nueva casa (foto hiro)

Por fin vuelvo a tener tiempo y ganas de escribir. Tanto cambio, mudanza, y estrés me estaban matando las ganas de todo. 
Me voy acostumbrando despacito a esta nueva vida, a las nuevas rutinas, a las calles y atajos de nuestro nuevo barrio, a nuestro hogar, que cada día siento un poco más 'nuestro'. Id, con su habilidad de Macgyver, cuelga estanterías, fabrica muebles y aprovecha bien los espacios. En el poco tiempo que llevamos instaladas ya hemos tenido dos cenas de inauguración, una con las Heteras y otra con las Bloggeras. Todavía quedan las Sestras y muchos amigos más. 
Los hermanos de Id se autoinvitaron a venir. Para variar llegaron tarde, y luego no había manera de echarlos de casa. Tenemos miedo porque a Reikiana, la hermana de Id, el piso le ha entusiasmado y con excusas tontas ya ha pasado tres veces por nuestra casa. Y amenaza con volver a menudo! En fin, hemos huido para que nos siguieran hasta Barcelona ¬¬'
Mi hermana 2 y mi cuñado, también han venido a ver el piso aprovechando que este fin de semana estaban en la ciudad. Así que desde que nos mudamos hace dos semanas, no hemos tenido demasiada tranquilidad ni tiempo para las dos.
Conseguimos ir al cine a ver el estreno de Carol (en V.O, of course, para poder apreciar la "porno voice" de Cate Blanchett). Ya he perdido la cuenta de las veces que hemos visto la película... Pero lo más divertido es verla con otras amigas bollos y comprobar que a todas nos hacen gracia las mismas escenas y gestos.

¿Verdad que son adorables?

También hemos hecho un descubrimiento importante: tenemos el cine Phenomena cerca de casa. Y durante el mes de marzo volverán a emitir Carol jaja
En fin, hablando de Carol, esta noche se entregan los Oscars pero este año me pillan desencantada. No estoy de acuerdo con las nominaciones, y solo he visto dos, de las ocho nominadas a mejor película. Que Carol no esté nominada es de una lesbofobia y machismo escandaloso (de las 8 películas nominadas solo la mitad superan el test Bechdel, por no hablar de la discriminación racial).

Pero para terminar el post con buen rollo, os dejo con la parodia de Carol que Kate McKinnon hizo para los Independent Spirit Awards.
Y un mashup cinéfilo con escenas de baile para empezar con ganas y buen ritmo la semana.




jueves, 10 de diciembre de 2015

siempre se aprende a base de caídas



Este fin de semana me he dado cuenta de muchas cosas. De que quiero mucho a Id, pero que a veces puedo llegar a odiarla un poco. Si una persona es importante en nuestras vidas, suele crearnos este tipo de ambivalencias.
También he descubierto que enseñar algo que se sabe de manera inconsciente, intuitiva, es muy difícil. Que aunque ahora me cueste más, nunca es tarde para aprender cosas nuevas. Que a pesar de lo mucho que odio el invierno y el frío, me fascina la nieve. Que las agujetas pueden llegar a ser muy dolorosas y duraderas.

Y es que para celebrar nuestro reciente aniversario, y aprovechando el puente de este fin de semana, nos fuimos de viaje a Andorra. Desde que conozco a Id que la escucho explicar lo mucho que le gusta esquiar (lo hace desde los 3 años), mientras que yo, solo he ido una vez en toda mi vida. Ella decía que tenía ganas de enseñarme, que estaba segura que aprendería rápido y así podríamos ir a menudo a esquiar juntas. Pese a mi miedo inicial (repito que solo había ido a esquiar una vez y no es que hiciera mucho), me convenció con su confianza y entusiasmo. 
Reservamos habitación en Andorra, casualmente en el mismo hotel donde también estaban mi hermana 2, con mi cuñado y los niños. Por culpa de una caravana kilométrica llegamos tarde, justo a la hora de cenar. Fuimos a un restaurante con mi familia y nos acostamos pronto. 
Al día siguiente madrugamos para llegar temprano a la estación de esquí. Como habíamos llegado de noche todavía no había podido apreciar la majestuosidad de las montañas, que amenazantes, parecían estar a punto de tragarse las casas del valle.


Hacía un día fantástico, con mucho sol y poco frío.  Hasta ese momento había estado tranquila, pero en cuanto me puse los esquís y vi la pendiente de la pista verde empecé a ponerme nerviosa. Id estaba contenta, y repetía que después de un par de bajadas por la pista verde, seguramente ya estaría preparada para ir con ella a una azul. Ese exceso de confianza y expectativas me puso aún más inquieta. Debía hacerlo bien, además Id en un arranque de optimismo, me había comprado el forfet completo en lugar del de debutante.
Nos pusimos los esquís, y nos tomamos cuatro fotos. Mis sobrinos y mi cuñado desaparecieron pronto subidos en el telesillas. Por mi parte, la realidad se hizo presente con la primera caída pocos minutos después de enfundarme los esquís. Aquello no iba a ir bien, pero ignoré a mi intuición y me monté con Id en el telesilla.
Al llegar a la cima de la pista y observar la pendiente, empecé a sudar de pánico. Aun así, intenté fijar mi atención en las indicaciones de Id y a poner en práctica lo poco que sabía; es decir, hacer cuña. Empecé a descender pero en lugar de frenar, todo se aceleraba. Oía a Id gritar: "gira, gira!!" pero los pies no me respondían, así que decidí tirarme. Id me ayudó a levantarme y volvió a repetir, cada vez con menos paciencia, las mismas explicaciones que antes. Yo la oía hablar, entendía todas sus indicaciones pero mi cuerpo parecía no hacerlo. "Gira el talón", "clava el palo", "abre más la curva"... Volví a intentarlo, pero otra vez sentía que perdía el control. Y con cada caída, con cada fracaso, sentía que defraudaba las expectativas que Id había puesto en mí. Su paciencia inicial fue despareciendo. Cada vez me gritaba más, se volvía más exigente y dura conmigo. Empecé a sentirme incapaz, inútil, y muy cansada. Todo mezclado con un sentimiento de rabia y odio hacía Id. ¿Por qué me trataba así? ¿Por qué me obligaba a hacer algo que no podía?
Se hizo evidente otro fracaso: Id era incapaz de enseñarme algo que ella había aprendido de manera inconsciente, casi jugando, cuando era una niña. Enseñar a esquiar a un adulto requiere de unas técnicas pedagógicas y unas explicaciones de las que ella carecía.



Cuando conseguí bajar la pista, estaba tan exhausta que me quité los esquís y me fui a la cafetería con mi hermana. Id siguió esquiando sola o con mis sobrinos, y no volví a verla hasta la hora de comer. Me sorprendió comprobar que seguía guardándole cierto resentimiento. Eso no me gustaba, especialmente después de la fantástica noche que habíamos pasado en el hotel (no puedo explicar nada más sobre eso porque Id me censuraría el post). Así que, como le había prometido a Id antes de comer, decidí darnos - y darme- otra oportunidad y volví a subirme a los esquís. 
Esta vez Id tuvo muchísima más paciencia y me trato con más ternura y cariño que antes. Empezamos por lo básico y cuando ya me sentía con confianza volvimos a subir a la pista. Id cambió de técnica. Me agarró los palos de un extremo y me hizo sujetarlos del otro y empezamos a bajar juntas, ella de espaldas y yo de cara. Me indicaba que girara y por arte de magia lo hacía. Todo lo que me había parecido imposible por la mañana se había vuelto sencillo. Empecé a entender y a sentir, no con la cabeza, sino con el cuerpo en que consistían los movimientos. Volvimos a repetir el ejercicio unas cuantas veces, y con cada descenso, me divertía más. Por fin empezaba a disfrutar y los malos sentimientos que había tenido por Id desaparecieron. Volvía a pasármelo bien con ella, a sentir que la amaba mucho, a que era posible aprender a esquiar a mi edad. Bien, todavía necesito aprender muuuucho, pero atisbé que eso era posible. 
Pero también quedó claro que la próxima vez cogeré un monitor nada más llegar, ya sea por la salud de nuestra relación y por la de Id, que acabó deslomada de enseñarme a esquiar.
Al día siguiente, y al otro y al otro... no podía moverme de las agujetas, nunca las había tenido tan bestias. Era horrible! No sé cuando repetiremos otra escapada a la nieve; espero que sea pronto porque si no olvidaré lo poco que he aprendido. Pero algo tengo claro: mi estado de forma físico es patético, por no decir nulo. Sin duda el esquí es uno de los deportes más exigentes y cansados que he probado.


Nos quedamos con ganas de ir a Caldea; nos hubiera venido bien para recuperarnos al día siguiente, pero no tuvimos tiempo. Hicimos algunas compras y nos marchamos hacia casa. Al día siguiente teníamos una comida antinavideña con las Sestras; hacía tiempo que no las veíamos y nos hacía mucha ilusión. Todo lo que había quemado los días anteriores lo recuperé pronto a base de comer (sobretodo turrón de chocolate), y pasarnos la tarde jugando al Fifa con ellas.
Y es que amigxs, la Navidad está cerca y con ella los atracones de comida y la reuniones familiares... 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

toda niña necesita una heroína


Tengo la sensación de vivir esperando. Bien, ese es un sentimiento que debemos tener todos, pero últimamente lo siento más fuerte. No me gustan los tiempos de espera, esa suspensión y oscilación entre A y cualquier otro punto con letra del abecedario.
Intento vivir de espaldas a esa espera. Hago excursiones por la montaña con mis hermanas. Por el camino encuentro un fósil de caracol y siento una emoción de arqueólogo. El sol es tan cálido a esas latitudes, que parece primavera; pero al día siguiente, el frío hace acto de presencia con su brutalidad glacial.
No sé si os lo había contado, pero en épocas de incertidumbre tengo un sueño recurrente. Id me deja, me abandona con indiferencia, y a veces con crueldad. Me despierto con el corazón roto y una sensación de irrealidad que dura un par de minutos que parecen eternos. Hace un par de días, volví a tener esa pesadilla.

Acabo libros que tenía pendientes. Ve y pon un centinela, de Harper Lee, me ha gustado más de lo que esperaba, aunque no se puede comparar con Matar a un ruiseñor. El libro tiene altibajos, y cuando más brilla, es cuando la protagonista evoca episodios de su infancia, cuando en lugar de Jean Louise todos la llamaban Scoutt. Igual que ella, tenemos que enfrentarnos a la enorme decepción de descubrir que Atticus, ese padre modelo de integridad y rectitud moral, no es el héroe que creíamos, sino un hombre de carne y hueso, con sus respectivas miserias y defectos.


Ahora he empezando La amiga estupenda, de Elena Ferrante; el primer volumen de una tetralogía que es todo un fenómeno literario. Imposible escapar de la llamada fiebre Ferrante; poco más de 40 páginas y ya me ha seducido su estilo.


Igual de enganchada he estado toda la semana a Jessica Jones, la nueva serie de Netflix que se estrenó el pasado día 20. ¡Por fin una serie con supeheroína feminista! (y con personaje secundario lésbico! Ueee!).
Al empezar la serie, Jessica es una detective alcohólica y misántropa, con una fuerza subrehumana pero marcada por un oscuro pasado que poco a poco se nos va desvelando. Así, Jessica Jones, viene a ser el reverso oscuro de Supergirl, otra serie estrenada recientemente con heroína femenina. Todo lo naif que tiene Supergirl, lo tiene de oscuro Jessica Jones. Y con eso no quiero decir que no me gusten las dos series. Supergirl es la serie que me hubiera encantado ver a los ocho años. En esa época mi héroe preferido era Superman y pedí muchas veces disfrazarme de él por carnaval, pero mi madre -claro- no accedió. Tal vez si hubiera existido una serie como Supergirl, con una protagonista chica como superheroína, otro gallo hubiera cantado..

(sí, Melissa Benoist es una Supergirl adorable)

Jessica Jones, como cita Autostraddle, "no es la heroína que pedimos, pero resulta ser la heroína que hemos necesitado todo este tiempo". Pero no quiero desvelar nada más sobre la serie, mejor que la difrutéis sin ningún tipo de prejuicio. Ya me contaréis que os ha parecido...

Y hablando de esperas... Muero de ganas de ver Carol!! Y todavía no hay fecha de estreno en nuestro país!! ¿Por qué?? Desde que leí el libro hace mil años, soñaba con una adaptación cinematográfica, y por las críticas y nominaciones que va recogiendo, promete ser una de las mejores películas del año.

jueves, 19 de noviembre de 2015

kizuna

Palo Alto Market (fotos: hiro)

Id me ha engañado. Sí, así como lo oís leéis. Después de tantos años de relación, me doy cuenta que no la conozco del todo, que cuando conviene, mi novia sabe mentirme fríamente a la cara. Yo que creía que era una "caballera" de la cabeza a los pies... 
Ok, vale... mintió para hacerme un regalo, pero, qué pasa? tenía ganas de ponerme un poco melodramática (la bolleras no podemos evitarlo, se ve que tenemos tendencia al drama..).
Este sábado cumplimos 6 años de relación. ¡Seis años! Cuando lo pienso me parece una locura, porque a veces tengo al sensación que estamos juntas desde hace menos de un año. Supongo que eso es bueno, que significa que cuando estoy con ella el tiempo pasa volando. 
Para celebrarlo nos fuimos de cena romántica y después a tomar unas copas por Gràcia. Recorrimos algunas de las calles por las que habíamos paseado hace seis años, con esa inexplicable sensación que el tiempo se replegaba y volvíamos a estar años atrás.
Como en un par de semanas nos iremos de mini escapada romántica por el Pirineo, le dije que mejor no nos hacíamos regalos. Quedamos de acuerdo. Pero la muy mala (en el buen sentido de la palabra) me troleó y me hizo un regalo igualmente (yo no, así que quede fatal ¬¬') Y encima, me lo compró casi en mis mismísimas narices. 
Cuando fuimos al Palo Alto, me gustaron mucho las ilustraciones de un artista japonés. Mientras charlaba con nuestra amiga Diseñadora en el bar, Id se ausentó con la excusa que quería tomar unas fotos. Pero sibilinamente fue a comprarme la ilustración que podéis ver en la foto.


Junto a la imagen de los dos gatos (dice que somos nosotras) puede leerse el kanji 'kizuna', que significa 'relación'. Además como no podremos tener gato porque ella es alérgica, así matamos dos pájaros de un tiro. A parte de la ilustración, también me regaló la novela El bar de las grandes esperanzas, que tenía en mi lista de "queribles".
Pero sus patrañas no acabaron ahí. Hacía meses que junto a Diseñadora urdían un plan para hacerme otro regalo como despedida de mi antiguo curro. Cuando me enteré de como me habían enredado las dos como a una china, me quedé alucinada. 

A parte de recibir regalos inesperados, también me llevé algunas decepciones enormes. Unos días antes del concierto de Belle & Sebastian, me enteraba vía mail que se suspendía la gira europea del grupo por problemas de salud de Stuart Murdoch. Espero que se recupere pronto...
Además, una vez empezada la parte práctica del curso, me di cuenta que era imposible saltarme una clase para ir a alguna de las dos conferencias que Judith Butler impartía en Barcelona. 
Por lo menos el examen fue genial y salí con el convencimiento de haber aprobado el curso. Ahora queda saber la nota... Después del examen Id me esperaba para ir a la inauguración del World Press Photo en el CCCB. Este año pudimos disfrutar de la exposición sin las colas y el agobio de otros años. Como siempre, las fotos del WPP no dejan indiferente. A medida que vas viendo la exposición, vas notando como un sentimiento de rabia, indignación, asco, tristeza y compasión va invadiéndote ante las historias que te cuentan las imágenes. Bajo el lema "ver para entender" sales de la exposición con el ánimo devastado pero con la conciencia despierta.

World Press Photo 2015 (foto: hiro)

Estas semanas también ha habido tiempo para reuniones familiares. El primo gallego de Id que vive en Bcn ha sido padre, así que todos los primos y tíos vinieron a la ciudad a conocer al nuevo miembro de la familia.
La semana siguiente, por suerte, nos pudimos escapar de ver al Fantasma (el hermano odioso de Id), gracias a que Manray y Vincent nos acogieron unos días en su casa. Tenemos mucha suerte de tener amigos como ellos. Cuando Id y yo tengamos casa propia, siempre habrá lugar para acoger a alguna de nuestras amistades.
Y para terminar el post, os dejo con una de las muchas canciones que siempre relacionaré con "nosotras", con Id y conmigo.


martes, 25 de agosto de 2015

Apnea

foto: id

Prometí no volver a disculparme. Evitar el sentimiento de culpa por dejar este espacio abandonado, en apnea.
Este mes sin actualizar pensaba en el blog como en una buhardilla solitaria, con una capa de polvo reposando suavemente sobre las superficies. Románticamente acogedora, esperando que volviera pronto.
La pereza y la inercia, las fuerzas poderosas del inmovilismo. Consigo zafarme de ellas para encontrar que tengo tantas cosas por contar que no sé que decir. Algo parecido me pasa cuando regreso de un viaje largo y la gente espera que les cuente mi experiencia.
Así que empecemos por hoy, que es el cumpleaños de Id:
¡Muchas Felicidades amor!! 
Y como sé lo mucho que le gusta que actualice el blog (no lo podré cerrar nunca porque sería motivo de separación y divorcio) le dedico el post de hoy :)

Id disfrutando de la velocidad de ir en barca (foto: hiro)

El sábado fuimos a cenar para celebrarlo. Y es que hoy no podemos pasar el día juntas porque Id trabaja y yo estoy de vacaciones (al final me dieron tres semanas más). La primera semana de agosto fue estresante, así que estas semanas de vacaciones me han venido geniales.
La semana pasada, aprovechando que tenía que hacer unas gestiones en Barcelona, la pasé con Id. Fuimos a las Festes de Gràcia, a ver las calles. Lástima que este año la lluvia dañara un poco los adornos...

Calle Verdi (foto: hiro)

La calle Verdi, en homenaje a las víctimas de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki de hace 70 años, se convirtió en un oasis japonés. Tiras de colores colgaban sobre nuestras cabezas formando un cielo de una delicadeza cromática bellísima. Un dragón volador enorme, farolillos, las puertas rojas de los santuarios nipones, una gheisa solícita dando la bienvenida, un majestuoso luchador de sumo... Bien se merecían el primer premio de este año. 
También me gustó el París de la rue Sant Antoni (3º premio), con su impresionante reproducción de la Torre Eiffel y esas piernas de coristas dando la bienvenida.

Calle Sant Antoni (foto: hiro)

Le habría otorgado un premio a los playmobils de la calle Puigmartí, pero las plantas carnívoras de la calle Fraternitat (2º premio), o el homenaje a Avatar de la calle Progrés también se lo merecían.

Calle Progrés (foto: hiro)

Otro día quedamos con MPop, Swank y Yellow, para ver la exposición de Alfoso Casas en la Galería Artevistas. Nos gustó muchísimo. Y después nos fuimos a cenar y de copas.
Nuestra intención era ir a ver a Las Bistecs en directo, en una Popair Party (fiestas de osos). La discoteca donde se organizaba la fiesta era una de esas típicas salas donde van las parejas maduras a bailar, así que la mezcla era bastante curiosa: había osos barbudos, parejas mayores y cinco bolleras (es decir, nosotras) en una sala llena de espejos y decoración electro-vintage-kitsch. En las teles del local, películas pornogays nos mostraban todo tipo de posturas y falos. Después de dos horas, la temperatura de la sala empezó a subir. Bailar sin que un cuerpo barbudo y sudoroso se rozara con el tuyo empezó a ser misión imposible. Demasiada testosterona y calor hicieron que nos fuéramos antes de ver siquiera la actuación de Las Bistecs.
Por cierto, les enseñé la canción a mis sobrinos y ahora no paran de cantarla. Si todavía no la habéis escuchado, aviso que es contagiosa...

Después me fui a pasar una semana en el apartamento familiar en la playa, con padres, hermana y sobrinos incluidos. Y sin conexión a internet! (sí, ha sido un suplicio...). Id vino a pasar los fines de semana, así que hemos aprovechado para hacer alguna excursión por el Delta del Ebro e ir en barca.



Playa del Fangar (fotos: hiro)


Esto es un pequeño resumen de lo que ha sido este último mes, aunque me dejo muchas cosas por explicar; como las agobiantes dos semanas que tuvimos al Fantasma (aka hermano de Id) instalado en casa; las fiestas mayores de mi pueblo; algunos encuentros y cenas con amigos; un finde pasado en Cebatown; alguna exposición, y la posibilidad de un cambio laboral -a mejor- de cara al otoño-invierno. De momento, en septiembre empezaré un curso de formación, pero ya se verá... No quiero montarme castillos en el aire. 
En fin, el tiempo dirá... Mientras, a disfrutar de lo que queda de verano. Que sí, que sí, que todavía no ha terminado aunque muchos se empeñen en decirlo.

martes, 2 de junio de 2015

el tiempo siempre nos alcanza

"Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza". 
Ocnos, Luis Cernuda
 

La semana pasada, metí por equivocación, el tarro del azúcar en la nevera. Al cabo de unos días, tomé prestado de la biblioteca un libro que ya había leído (me di cuenta al leer la primera página).
Últimamente ando muy despistada, con la cabeza en otra parte. Eso, o saber que el domingo iba a sumar un número más en mi cuenta vital me afectaba inconscientemente.
Cada año, cuando llega el mes de mayo, tengo que rendirme a lo inevitable: el tiempo se va solidificando cada vez más a mi paso, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. A medida que se acerca la fatídica fecha de mi cumpleaños, siento que un vertigo existencial me engulle en espiral.


Este año intenté cambiar de táctica jugando al "ignorer". Iba mirando de reojo el último día del mes de mayo, como si a fuerza de ignorarlo, dejara de ser un día importante para pasar a ser como los demás. 
No sé si la táctica funcionó o el hecho de que cayera en domingo (con lunes festivo), obró el milagro: fue un día de cumpleaños fantástico!
En lugar de ir a comer el domingo, propuse hacerlo el sábado para celebrar mi último día con trenta y x años. Hacia tiempo que queríamos ir al Kibuka, un restaurante japonés de Gràcia del que me habían hablado maravillas, y aquella era la ocasión perfecta. Llegamos temprano para no tener que hacer cola, y empezamos a estudiar la carta. Todo lo que leíamos sonaba tan bien que nos costó trabajo decidir. Finalmente pedimos unos makis, ebi tempura y yaki-soba. Todo estaba delicioso! Ya está en nuestra lista de restaurantes favoritos.

foto: Id

Después de comer, y siempre acompañadas por seguidores del Athletic, fuimos al Arts Santa Mònica a ver Unseen, la exposición de fotos de Jessica Lange. Las fotografías nos decepcionaron bastante.
Como esa noche había la gran final, regresamos pronto a casa. La madre de Id se ha ido de viaje durante una semana, así que teníamos la casa para nosotras, y eso significaba que -por fin!!- podía ver un partido de fútbol en la tele!!
Id, a quien el fútbol no le interesa en absoluto (ella prefiere jugarlo en lugar de verlo) hizo el esfuerzo de mirar el partido conmigo. El Barça me hizo el regalo de ganar la final (y Messi de marcar un golazo espectacular) y el segundo título de tres (el sábado sabremos si un segundo triplete es posible). Y así de contenta empecé el día de mi cumpleaños.
A la mañana siguiente Id me preparó un superdesayuno con crepes y café. Empecé el día con buen pie, estrenando las zapatillas Rice Co que me regaló Id (las gafas de sol de madera, son autoregalo ^^).

 fotos: Id

Recibí tantas felicitaciones vía llamadas, whatsapp, facebook... que hicieron sentirme muy querida y valorada. Poco a poco empecé a darme cuenta de lo afortunada que soy de tener una familia, unos amigos y una pareja que me quieren tanto. De tener la posibilidad de ir sumando años, de poder celebrarlo con salud y alegría. Bien, el subidón que tuve tras comerme el megariquísimopastel de chocolate que me hizo Id también ayudó a tanto entusiasmo, jaja. Y es que mi "xicota" (como la llaman algunos amigos) me cuidó, mimó y cocinó como nadie. Ella fue el motivo principal de que ese día fuera tan especial.


Por la tarde, vino una de las Gemelas Nets a mirar series (como nosotras es fan de Orphan Black, o mejor dicho de Delphine/Évelyne Brochu) y a cenar. Pizza, limonada y más pastel. Y muchos planes para un verano que ya se acerca...

Incluso olvidé que, un año más, me había perdido el Primavera Sound. Gracias al chico dEsoRdeNado pude vivir de manera indirecta algún que otro concierto. Justamente Kathleen Hanna leyó el manifiesto del Ladyfest Barcelona 2016 durante su actuación en el Primavera, y ese festival sí que no quiero perdérmelo.

sábado, 25 de abril de 2015

me gustaría recordar las frases más bonitas de todos los libros que he leído


Lo que no me gusta de coger libros prestados de la biblioteca es que tengo que devolverlos. Si además, el libro me ha gustado mucho, siento que me despido de un amigo al que no volveré a ver jamás. Sí, sí, ya sé que me estoy poniendo dramática, y que puedo volver a coger el libro en préstamo cuando quiera, pero como sucede con algunas amistades con las que siempre estás prometiendo quedar, eso no acaba pasando nunca. 
Cuando un libro me está gustando mucho suelo leerlo de una tirada, pero cuando llego a las últimas quince o veinte páginas sucede algo curioso. El tempo de lectura se ralentiza, tanto, que incluso dejo de leer el libro durante un par de días. Quiero evitar la despedida, el desenlace, el final de un viaje dictado por la tiranía del punto final.
Para que la separación resulte menos dolorosa, apunto los fragmentos o frases que más me han gustado como quien colecciona cabellos o objectos relacionados con una persona amada o un momento feliz.
Mi nuevo sillyphone ha resultado de gran ayuda en esta labor. En el bloc de notas, apunto ideas, impresiones, y también algunos fragmentos de novelas que me han fascinado. Eso hice con las dos novelas de Patrick Modiano (Un circo pasa y La hierba de las noches) que devolví a la biblioteca justo el día de Sant Jordi. 
Como pasa con todos los libros de Modiano, deben leerse con un mapa de París en la mano: la ciudad-personaje siempre presente en sus obras. La hierba de las noches me gustó especialmente y podría decir que, junto con El café de la juventud perdidaes una de mis novelas preferidas del autor.


Y de autor francófono a autora francófona; y es que para Sant Jordi Id me regaló la última novela de Amélie Nothomb: La nostalgia feliz. Ya he empezado a leerlo y me encanta. Soy muy fan de las ficciones autobiográficas de la escritora belga.
Y como he sido buena (le regalé a Id el libro de cocina de Jaime Oliver, Comfort Food, que me pidió) ella me regaló dos libros: el de Nothomb y Para acabar con Eddy Bellegueule, de Éddouard Louis, otra novela autobiográfica que ha sido un fenómeno literario en Francia. Una historia que tenía ganas de leer después de esta entrevista.


También tuve mi rosa de Sant Jordi e hicimos la tradicional paseada por las Ramblas. El 23 de abril es uno de mis días favoritos del año. La ciudad está preciosa, llena de rosas y libros. A pesar de ser un día laborable, el ambiente es festivo, ligero, y se respira una alegría contagiosa en las calles. 
El día antes habían operado a Id de la nariz (una intervención sencilla, de nivel ambulatorio) por lo que no sabíamos si podríamos celebrar el Sant Jordi en Barcelona. Además, justo salir del quirófano la llamaron para trabajar al día siguiente. La pobre tuvo que decir que sí.
Así que después del trabajo quedamos en Barcelona para celebrar el Sant Jordi juntas. Paseo esquiva multitudes hasta las Ramblas y parada en el Mistral para merendar. Vimos escritores firmando libros con colas kilométricas, y otros de brazos cruzados, solos,  intentando evitar que esa soledad se les reflejara en la mirada. Los escritores sin colas me dan tanta pena que siento el impulso de comprarles el libro para que lo puedan firmar. 
Llegamos a casa agotadas pero con ese cansancio agradable que provoca haber pasado un día feliz. 

Y vosotr@s, ¿qué libro os regalaron, o comprasteis, el Día del Libro?

lunes, 6 de abril de 2015

impasse



"Some days I'm golden, others days I'm bad" canta Josh Rouse, y le entiendo perfectamente. Su nuevo disco (The Embers of Time) me está gustando mucho, me acompaña cada mañana en mi viaje diario en tren mientras leo o me da por imaginar cosas curiosas, como la vida secreta del resto de pasajeros.

Ayer volvimos de las vacaciones de Semana Santa en mi minipueblo y nos encontramos con colas kilométricas en la carretera, aunque por suerte el atasco no nos pilló de pleno.


Era la primera vez que Id pasaba estas vacaciones conmigo. La he llevado de excursión a un antiguo poblado íbero con unas vistas espectaculares de mi comarca; hemos visitado a mis primos y sobrinos en un pueblecito del Priorat; hemos hecho una excursión a las orillas del río; conducido un descapotable; repartido Monas a mis dos ahijadas; jugado a la wii con mis sobrinos; quedado con amigos; ido a la playa; hecho centenares de fotos...


Así que tanto esperar las vacaciones me han pasado volando. Me he quedado con la sensación que todo ha pasado demasiado deprisa, como si me hubieran estafado. Hoy, a parte del empache que tengo por comer tanta Mona, siento ese vacío infranqueable que siempre sigue a la palabra 'fin'.

Mañana vuelta al trabajo y a la rutina que dictan los relojes. Como Josh Rouse, hay días que me siento 'golden' y otros, 'bad', sin la energía necesaria para buscar otra meta que me motive y me ponga en marcha. Estos días de vacaciones frenéticas me han dejado física y anímicamente agotada. 
Odio los días de impasse, aunque sepa que son necesarios para volver a situarme.

lunes, 17 de noviembre de 2014

so lucky to be loving you


Dicen que el tiempo pasa rápido cuando te lo pasas bien o eres feliz. Así se entiende que 5 años puedan parecer un suspiro y te dejen ganas de más. 
El viernes, Id y yo cumplimos 5 años de pareja. ¡Cinco años! si lo pienso, si soy consciente de la suma de días que comporta, confieso que siento cierto vértigo. Me parece increíble que el tiempo haya pasado tan rápido, porque siento que todo empezó ayer. Y también siento que cada año que pasa la quiero más y ya no puedo imaginar como era mi vida antes de conocerla.  
Días, semanas, meses... que se han ido sobreponiendo fácilmente, dejando un sedimento de buenos recuerdos e instantes de felicidad. En estos 5 años también ha habido algún momento malo, alguna discusión, pero nada importante que no se haya solucionado con compresión y mucho amor. 
Para celebrar nuestro primer lustro -y como os comenté- teníamos planeado ir al teatro y a cenar, pero al sr. Murphy no le gustó la idea y decidió intervenir (¡qué mal me cae ese tío!). Por suerte pudimos vender las entradas, pero el viernes llovió (¿otra vez el pesado de Murphy?!!) y en lugar de ir al restaurante con terraza que teníamos pensado, optamos por una cena más informal en un restaurante cerca de casa.
But nevermind! El sábado teníamos un planazo y esta vez Murphy no se atrevió a presentarse, ¡hala! 
Hacía mucho tiempo que quería ir de excursión a La Fageda d'en Jordà, un bosque de hayas precioso que hay en la comarca de La Garrotxa; y para celebrar nuestro aniversario decidimos ir. Además, dicen que en otoño está precioso, y que es la estación ideal para visitar La Fageda, ya que entonces se puede apreciar el cambio de hojas y sus diferentes tonalidades.

La Fageda d'en Jordà

Cuando llegamos a la Fageda, lo primero que nos sorprendió fue la cantidad de gente que había en la zona de aparcamiento. ¡Aquello parecía PortAventura! Pudimos aparcar de milagro y gracias a un señor andorrano muy amable que movió su coche para que cupiera el nuestro. 
El parque ofrece diferentes rutas, según el grado de dificultad, y el tiempo de que se disponga. Nosotras decidimos hacer la ruta sencilla, la Joan Maragall (en honor al poema que el escritor dedicó al lugar), y que discurre por el bosque de hayas.
A causa de las temperaturas relativamente suaves de lo que llevamos de otoño, el cambio de hoja todavía no estaba en su máximo esplendor, pero aún así, la belleza del lugar es espectacular. Una empieza a adentrarse en el bosque como quien entra en un mundo mágico y a medida que pasa el tiempo la fascinación del lugar, te va cautivando y te atrapa. Es como si entraras en un bosque de cuento. Los árboles son tan altos que las copas, tocándose en el cielo, parecen las bóvedas de un catedral gótica. Y la manera que tiene la luz de colarse entre las hojas es fascinante. En ese sentido, el interior de la Sagrada Família de Gaudí se le asemeja bastante.



A pesar de cantidad de gente que había, pudimos disfrutar del paseo, aunque un poco de silencio no hubiera estado mal. Las dos disfrutamos haciendo fotos, y lo que en principio era un ruta de 30 minutos, nos costó 2 horas. 
Como siempre, nos quedamos con ganas de más. Así que La Fageda promete ser una excursión recurrente. 
Después de nuestro paseo, decidimos ir a comer a Besalú, un pueblo con un casco antiguo y un puente medieval precioso.

Besalú

Tras una breve visita al pueblo, por falta de tiempo y de luz (¡cómo odio que anochezca tan rápido!) nos dirigimos hacia Barcelona. Allí nos esperaban la Chica Azul y la Noia, con quienes teníamos otra cosa que celebrar. 
Fuimos a cenar a El dinàmic, un nuevo restaurante en el barrio de Sant Antoni (el barrio de moda ahora en Bcn). El local, un antiguo taller mecánico, es lo mejor, ya que reproduce la estética de un terrado, con un jardín vertical y una cascada incluida. La comida es buena y los precios muy asequibles. Nos gustó mucho, y como está cerca de muchos de nuestros bares preferidos, ha convertido Sant Antoni en nuestro barrio gastronómico preferido.

El Dinàmic

De ahí, nos fuimos a tomar unas copas a otro bar, y charlando, charlando, se nos pasó la noche.
Cuando regresamos a casa, parecía que hacía siglos que nos habíamos marchado. Fue un día genial y una celebración de cumpleaños inolvidable. Ahora a por el sexto! :)

Si supiera cantar tan bien como Zooey, le dedicaría esta canción a Id: