Vencer a la inercia, volver a actualizar después de tantos días no es fácil. La gripe me dejó el cuerpo y los ánimos cansados, sin energía para volver a arrancar. Incluso barajé la idea de cerrar el blog porque sentía que ya nada me motivaba a volver a escribir. Por suerte Id me quitó la tontería (bien, de hecho me amenazó...¬¬).
Esta semana de primavera anticipada también me ha ayudado a recuperar vitalidad. El invierno se me ha hecho a la vez, corto y largo. Supongo que se debe a su intensidad.
Poco a poco la vida se va volviendo más ligera, y los días parecen fluir de una manera más orgánica.
Nuestra vida social se va acelerando y el otro día tuvimos el placer de comer al sol, sentadas en una terraza, con Manray y la gemela Wanderer, que una vez más nos puso los dientes largos explicándonos sus planes viajeros para el verano.
Id y yo también tenemos algún plan viajero, pero está tan cogido por alfileres y depende de tantas variables, que es mejor que no os explique nada. Nunca me han gustado los castillos en el aire ni el cuento de la lechera.
También hemos tenido tiempo para ir al CaixaForum a ver la exposición de Pixar. Si os gustan sus películas y os interesa saber cuáles son los procesos creativos y las etapas que se esconden detrás de cada film, os apasionará esta exposición.
Hablando de Pixar, ya tengo ganas de ver su última película:
Hablando de Pixar, ya tengo ganas de ver su última película:
No sé si la exposición nos despertó el ánimo infantil, pero al cabo de unos días decidimos ir al circo. Nuestro amigo Misántropo tiene un proyecto fotográfico en manos sobre el circo Raluy, y tras mostrarnos sus fotos nos picó la curiosidad. Hacía mil años que no iba al circo! Así que aprovechando que el circo Raluy estaba en Barcelona, compramos las entradas y fuimos.
Todos los circos, pero éste todavía más, tienen un aire decadente y triste que me ponen nostálgica. Es como si te recordaran que la época de gloria de los grandes circos, y de paso tu infancia, hace mucho que pasó.
Todos los circos, pero éste todavía más, tienen un aire decadente y triste que me ponen nostálgica. Es como si te recordaran que la época de gloria de los grandes circos, y de paso tu infancia, hace mucho que pasó.
Pero el circo Raluy tiene un encanto especial. Luis Raluy -el fundador y padre de esta familia circense-, empezó comprando y restaurando antiguos carromatos de circo y acabó creando -en un homenaje al circo clásico- el Circo Museo Raluy, el primer circo-museo del mundo. Así que entrar en este circo es como hacer un viaje en el tiempo: sus preciosos carromatos "vintage", la carpa, la platea y las tribunas de madera, sus números acrobáticos, los vestidos románticos y cuidados de sus clows... Todo te hace viajar a una época mítica y perdida.
Los números en sí no son nada del otro mundo, hay algunos un poco flojos pero otros que te dejan con la boca abierta o te hacen estallar en carcajadas. Nosotras nos lo pasamos bien y además la experiencia de reconectar con esa parte de niña que todavía me resisto en conservar, fue bonita.

















