lunes, 20 de abril de 2015

los conciertos son mejores en primera fila


Josh Rouse 

Es extraño escuchar en directo la misma canción que esa misma mañana sonaba en tu iPod camino del trabajo. Sobretodo teniendo a su autor a escasos metros y -debido a esa proximidad- con la sensación que te la está cantando para ti sola. Es un gustazo ir a un concierto de pequeño formato y poder estar en primera fila sin empujones ni agobios. 
Hacía días que había comprado las entrada para el concierto de Josh Rouse en Barcelona, pero como el sr. Murphy siempre ronda cerca (tenemos antecedentes de ello con el tema entradas) no lo decía muy alto, ni pensaba mucho en ello, no fuera a gafar la noche...Pero finalmente llegó el jueves y no pasó nada.
Llegamos temprano al local y pudimos situarnos en primera fila. Id disfrutó haciendo fotos tranquilamente y yo gocé del placer de escuchar música en directo.
Josh Rouse, como sí le sucede a otros cantantes, no decepciona para nada en directo. Cantó, sobretodo, temas de su último disco (The Embers of Time) y algunos éxitos de trabajos anteriores. Incluso se atrevió con una versión de Man On the Moon en solitario. El único pero: a pesar de que el público se lo pidió varias veces, no tocó ni Quiet Town (uno de sus grandes éxitos) ni Valencia. Una lástima, porque hubiera sido la guinda perfecta para un gran concierto.

Antes de ir al concierto, también tuve tiempo de pasar por la peluquería. Mi amiga Mei dice que cuando tiene un día de mierda, ir a la pelu le sube la moral. A mí, en cambio, me la merma. Queda claro que tengo un problema comunicativo con las peluqueras; yo les explico lo que quiero, y a continuación, ellas hacen lo que les da la gana. Esta vez, sin embargo, hubo una chispa comunicativa y el resultado se aproximó vagamente a lo que yo quería.
Id dice que ahora tengo un aire a Ruby Rose (sí, me quiere tanto que el amor le ha nublado la vista. Más que 'un aire' tengo un 'soplido'...). Y hablando de ella, ya queda poco para verla en la 3a temporada de Orange is the new black! Qué ganas tengo! 

Ruby Rose, nuevo fichaje de la 3ª temporada de OITNB

Esta semana también han empezado las nuevas temporadas de Orphan Black y Juego de Tronos (ya hemos visto hasta los capítulos filtrados). Sumadas a las series que ya estamos siguiendo (Once upon a time, One big happy, Vikings, The Big Bang Theory...) no damos abasto.

martes, 14 de abril de 2015

alegría de colores


Ya sabía que pasaría, por eso no le hago mucho caso a los días tontos. Si en el post pasado -después de las vacaciones de Semana Santa- estaba de bajón, esta semana la he empezado con los ánimos estratosféricos. Gran parte de la culpa la tiene haber ido al Holi de Barcelona. Me lo pasé genial y eso que odio las multitudes!
Misántropo se apuntó a venir con nosotras. Idgie y él se llevaron las cámaras reflex forradas y reforradas para poder tomar fotos durante el Holi. 
Nuestro primer baño de multitudes lo tuvimos en el metro. Los vagones iban tan a rebosar, que era imposible que subieran más de tres personas por convoy. Así que optamos por coger un bus y acertamos de pleno: iba medio vacío y llegamos en seguida. 
Una vez encontramos el lugar, compramos un par de bolsas de polvos de colores y nos metimos -todavía impolutos y blancos- en medio de la muchedumbre. A los dos segundos ya estábamos manchados: al vernos tan blancos, "los sucios" nos acribillaban con colores. Misántropo, que lleva barba hispter, acabo con barba verde. Id, que iba con la cámara en mano, recibía ofertas de "¿me haces una foto?" a diestro y siniestro. Había gente de todas las edades, aunque los adolescentes eran muy nombrosos. Mucho postureo, palos de selfie, y fotos para fardar luego en las redes sociales (ahí he pecado yo también un poco... ¬¬')


Como nos habíamos perdido la tirada del mediodía, nos tomamos unas cervezas, hicimos algunas fotos y el tiempo nos pasó volando.
El ambiente se iba volviendo más animado a medida que se acercaba la hora de la segunda tirada de colores. Todo el mundo tenía en las manos una bolsa de polvo y empezó la cuenta a tras. Palos con smartphones, gopros, cámaras de fotos levantados...
Five, four, three, two, ONE!!! Y el momento se cargó de tanta energía positiva que resultó mágico. Una euforia colectiva estalló junto a un mar de colores flotando en el aire. Una atmosfera de polvo y alegría invadió la masa que celebraba entusiasmada la llegada de la primavera.
Poco amante que soy de las multitudes, me sentí muy a gusto en todo momento. El buen rollo que había y la descarga colectiva de energía positiva ayudó mucho.
Id hizo unas fotos brutales. Mirad como acabó su cámara!


Lo que está claro es que el año que viene pensamos repetir.

Y hablando de smartphones... me he autoregalado uno porque el que me dio mi hermana empezaba a fallar. Así que he pasado de tener un minimóvil, a cargar con un tabletophono. Qué asco me doy! En fin... sabía que acabaría cayendo... Y además me estoy viciando a los juegos! Mientras no me vuelva zombimóvila perdida como el resto de pasajeros que cada mañana suben al tren... 


lunes, 6 de abril de 2015

impasse



"Some days I'm golden, others days I'm bad" canta Josh Rouse, y le entiendo perfectamente. Su nuevo disco (The Embers of Time) me está gustando mucho, me acompaña cada mañana en mi viaje diario en tren mientras leo o me da por imaginar cosas curiosas, como la vida secreta del resto de pasajeros.

Ayer volvimos de las vacaciones de Semana Santa en mi minipueblo y nos encontramos con colas kilométricas en la carretera, aunque por suerte el atasco no nos pilló de pleno.


Era la primera vez que Id pasaba estas vacaciones conmigo. La he llevado de excursión a un antiguo poblado íbero con unas vistas espectaculares de mi comarca; hemos visitado a mis primos y sobrinos en un pueblecito del Priorat; hemos hecho una excursión a las orillas del río; conducido un descapotable; repartido Monas a mis dos ahijadas; jugado a la wii con mis sobrinos; quedado con amigos; ido a la playa; hecho centenares de fotos...


Así que tanto esperar las vacaciones me han pasado volando. Me he quedado con la sensación que todo ha pasado demasiado deprisa, como si me hubieran estafado. Hoy, a parte del empache que tengo por comer tanta Mona, siento ese vacío infranqueable que siempre sigue a la palabra 'fin'.

Mañana vuelta al trabajo y a la rutina que dictan los relojes. Como Josh Rouse, hay días que me siento 'golden' y otros, 'bad', sin la energía necesaria para buscar otra meta que me motive y me ponga en marcha. Estos días de vacaciones frenéticas me han dejado física y anímicamente agotada. 
Odio los días de impasse, aunque sepa que son necesarios para volver a situarme.

domingo, 22 de marzo de 2015

Equinoccio


Equinoccio, época en que los días son iguales a las noches en toda la Tierra. Época en que algo empieza a despertarse, a arrancar. Hambre de comerse la vida, de querer hacer mil cosas, de aprovechar los mediodías al sol, aunque en estos lares la primavera ha empezado llorona.
La lluvia primaveral siempre me ha parecido más soportable, aunque me deje el pelo hecho unos zorros. Ayer tenía una cena en casa de unas amigas y osaron decirme que les gustaba mi look hortera-rizado. En fin...., suerte que dentro de una semana me lo cortaré.
La vida empieza tener ese ritmo acelerado que tanto me gusta (comidas con amigos, conciertos, festival de jazz, exposiciones...) pero mi espalda no opina igual y me envía sus quejas vía una contractura muscular que me ha tocado la moral durante toda una semana. Necesito hacer algo de deporte ya. Me estoy empezando a hacer viejuna, aunque como cantan los Hidrogenesse, los viejos son el futuro.


La primavera me ha activado todavía más las ganas de leer. El otro día me pateé el barrio para ir a buscar un libro de Patrick Modiano a la biblioteca. La noche antes comprobé que estuviera disponible en préstamo. Al llegar a la biblio, sin embargo, no lo encontraba. Resulta que alguien lo había cogido justo hacía unas horas. Me hizo bastante rabia, pero ese es el efecto Premio Nobel: la gente siente curiosidad por conocer la obra del premiado y eso, como admiradora de Modiano, me alegra. Así que reservé el libro (Un circo pasa) y otra de sus novelas (La hierba de las noches). 
Por las mañanas, cuando voy en el tren, me fijo en los libros que leen los otros pasajeros. Una mañana, me llamó la atención el título de una novela que leía la chica que tenía sentada enfrente, Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan. Lo busqué en la biblioteca y lo devoré en pocos días. En cierto modo me recordó al documental de Sarah Polley, Stories we tell, del que ya os hablé en el blog. Siento fascinación por las historias familiares, sobretodo si tienen algo de autobiográfico, porque al fin y al cabo acaban siendo ejercicios metaliterarios, reflexiones sobre como nos contamos el relato de nuestras vidas, sobre la maleabilidad de la memoria y la necesidad del olvido.
No sé si -como me pasó a mí- leer esa novela en el tren despertó la curiosidad de algún otro viajero, pero al querer renovar el libro para releer algunos pasajes me encontré que otro usuario lo había reservado desde hacía tiempo. Devolví la novela a tiempo, con la curiosidad de saber que lector/a la estaba esperando con ansia. Estuve a punto de dejarle una nota escondida entre las páginas del libro explicándole mi parecer sobre la novela. Tal vez la próxima vez lo haga...

Hablando de libros, el otro día me compré una camiseta de Virginia Woolf. Ya tengo ganas de estrenarla. ¿Si una puede llevar camisetas de grupos de música, por qué no puede hacer lo mismo con sus escritores favoritos?

jueves, 12 de marzo de 2015

retornos


Vencer a la inercia, volver a actualizar después de tantos días no es fácil. La gripe me dejó el cuerpo y los ánimos cansados, sin energía para volver a arrancar. Incluso barajé la idea de cerrar el blog porque sentía que ya nada me motivaba a volver a escribir. Por suerte Id me quitó la tontería (bien, de hecho me amenazó...¬¬).
Esta semana de primavera anticipada también me ha ayudado a recuperar vitalidad. El invierno se me ha hecho a la vez, corto y largo. Supongo que se debe a su intensidad. 
Poco a poco la vida se va volviendo más ligera, y los días parecen fluir de una manera más orgánica. 
Nuestra vida social se va acelerando y el otro día tuvimos el placer de comer al sol, sentadas en una terraza, con Manray y la gemela Wanderer, que una vez más nos puso los dientes largos explicándonos sus planes viajeros para el verano.
Id y yo también tenemos algún plan viajero, pero está tan cogido por alfileres y depende de tantas variables, que es mejor que no os explique nada. Nunca me han gustado los castillos en el aire ni el cuento de la lechera.

También hemos tenido tiempo para ir al CaixaForum a ver la exposición de Pixar. Si os gustan sus películas y os interesa saber cuáles son los procesos creativos y las etapas que se esconden detrás de cada film, os apasionará esta exposición.
Hablando de Pixar, ya tengo ganas de ver su última película:



No sé si la exposición nos despertó el ánimo infantil, pero al cabo de unos días decidimos ir al circo. Nuestro amigo Misántropo tiene un proyecto fotográfico en manos sobre el circo Raluy, y tras mostrarnos sus fotos nos picó la curiosidad. Hacía mil años que no iba al circo! Así que aprovechando que el circo Raluy estaba en Barcelona, compramos las entradas y fuimos.


Todos los circos, pero éste todavía más, tienen un aire decadente y triste que me ponen nostálgica. Es como si te recordaran que la época de gloria de los grandes circos, y de paso tu infancia,  hace mucho que pasó.
Pero el circo Raluy tiene un encanto especial. Luis Raluy -el fundador y padre de esta familia circense-, empezó comprando y restaurando antiguos carromatos de circo y acabó creando -en un homenaje al circo clásico- el Circo Museo Raluy, el primer circo-museo del mundo. Así que entrar en este circo es como hacer un viaje en el tiempo: sus preciosos carromatos "vintage", la carpa, la platea y las tribunas de madera, sus números acrobáticos, los vestidos románticos y cuidados de sus clows... Todo te hace viajar a una época mítica y perdida.
Los números en sí no son nada del otro mundo, hay algunos un poco flojos pero otros que te dejan con la boca abierta o te hacen estallar en carcajadas. Nosotras nos lo pasamos bien y además la experiencia de reconectar con esa parte de niña que todavía me resisto en conservar, fue bonita.



domingo, 22 de febrero de 2015

una influenza inesperada


Este año -una vez más- no podré cumplir mi reto Oscar-cinéfilo. Esta noche se entregarán los premios y de las ocho nominadas a la categoría de Mejor Película solo he visto cuatro: Boyhood, El Gran Hotel Budapest, The imitation Game, y La teoría del todo. 
Os aseguro que este año he estado a punto de conseguirlo. El lunes me dije: Vale hiro, tienes toda una semana para ver las cuatro películas que te quedan, ¡eso es pan comido!  Pero lo que no sabía entonces era que esta semana tendría una visita inesperada que alteraría TODOS mis planes y mi vida cotidiana.
El visitante desconocido llegó de improviso, y eso que hacía días que se comentaba que rondaba por ahí, pero como yo nunca lo había "acogido" en mi casa, pensé que no tendría la desfachatez de okuparla de esa manera tan abrupta.
Sí, amig@s, el martes me atacó de pleno -y por primera vez en mi vida- la maldita gripe; aunque prefiero la sonoridad decadente de su nombre alterantivo: influenza.

he aquí una foto de influenza,  mi inesperada visita

A parte de dejarme en cama casi una semana, echa polvo y en un estado de debilidad y cansancio hasta ahora nunca conocidos, el virus también atacó a mi enfermera personal, aka Id, que cayó enferma al cabo de dos días. Eso ha convertido nuestra casa (mi suegra también estaba enferma con una infección en la garganta), en un antro de virus, donde la tos, la fiebre, y los mocos andaban a sus anchas en una orgía imparable. Un desastre, vamos. 
Fuimos las dos juntas al médico en un 2x1 muy cómico, y claro está, nos recetaron lo mismo.
Hoy ya puedo decir que vuelvo a sentirme persona (mi suegra también está mucho mejor), pero Id sigue en vías de recuperación. Y es que cuando se está enferma, no hay nada que se eche más de menos que eso que Walt Whitman denominaba "sensación de salud".
Este invierno se me empieza a hacer insufriblemente frío y largo. Cuando llegué la primavera creo que lloraré de alegría...



Y para terminar le post, y volviendo al tema del principio, de las cuatro películas vistas no tengo ninguna clara favorita porque todas me han gustado mucho. Bien, tal vez Boyhood sea mi predilecta de las cuatro, pero las quinielas apuntan hacia Birdman e incluso a un inesperado Oscar a Mejor Película por El francotirador. Esta noche saldremos de dudas...


lunes, 9 de febrero de 2015

viaje emocional


foto: Mònica dofa

Este fin de semana he vuelto a mi casa en el minipueblo. Hacía más de un mes que no volvía. Lo necesitaba. Hasta que no estoy subida al tren, y los paisajes de mi comarca se suceden veloces por la ventanilla, no soy consciente de ello, de esa necesidad. Si Scarlett O'Hara extraía su fuerza de la tierra rojiza de Tara, y Drácula se nutría de la tierra de su Transilvania natal, yo parezco necesitar volver a mi pueblo para recobrar impulso.
Miraculosamente, las dos horas y media que dura el trayecto se me hacen cortas. La charla intermitente de la familia que está sentada en los asientos delanteros se hace incluso amena. Duermo, leo, miro por la ventana mientras escucho música. Chandelier de Sia suena varias veces en el iPod. Sí, ya sé que esta canción hace meses que se publicó, pero extrañamente es ahora que me seduce y me atrapa. Además, me declaro fan de la pequeña Maddie Ziegler, de su expresividad desarmante y de esa manera desenvuelta de bailar una coreografía imposible.


Estos días escucho Chandelier una y otra vez, con esa necesidad obsesiva que tanto me gusta que me provoque la música.
Nick Hornby comenta en 31 canciones que Dave Eggers tiene la teoría que escuchamos las canciones una y otra vez "porque tenemos que solucionarlas", ya que en nuestras primeras relaciones con una canción nueva "hay una fase semejante a una especie de perplejidad emocional". Así que cuando haya "solucionado" Chandelier, como me pasó con Hero hace unas semanas, ya no querré escucharla tanto. Incluso como me ha sucedido con alguna canción, tal vez no pueda ni escucharla más.
Una de las cosas que me entusiasma y sorprende más de la música es que dentro de unos meses, alguien habrá creado más canciones nuevas que volverán a generar en mí esa necesidad de escucharlas incansablemente antes de solucionarlas. Esa fuente inagotable de canciones futuras -como los libros que esperan ser leídos- son una buena razón para entusiasmarse con la vida.

Mi viaje sigue. Desde el tren la vida parece fluir más ligera dice León Siminiani, en Mapa. Su película-canción sigue resonando en mí cabeza como un mar de fondo. Un largometraje que rompe los límites entre documental y ficción;  un diario filmado en que se nos relatan las vivencias de su director durante 4 años: una ruptura, un viaje a la India, una búsqueda, otra ruptura, el vacío posterior... Y también el proceso creativo de hacer un film. En este caso, el artista es el auténtico argumento del relato. Mapa es pues, un autorretrato, y como tal, una impostura, la constatación de la imposibilidad de ofrecer una imagen fija del yo, poblado de múltiples voces que lo dinamitan, ya que no somos más que un conjunto caótico de deseos, miedos, dudas y mentiras.
Al fin y al cabo, los relatos del yo, como cualquier otro relato, no dejan de ser una puesta en escena, una construcción de lo real, pero no la realidad en sí misma. La vida no puede relatarse de manera lineal, ya que es sinuosa e inconclusa.


Después de ver Mapa me pregunto: ¿este blog no es también un poco eso? un intento fallido de diario, de relato/autorretrato de mí misma? Últimamente me ha dado por pensar que este blog ha perdido algo: ¿calidad? originalidad? sinceridad? quizá tenga algo que ver la pérdida paulatina del anonimato, el haber conocido a gente que me lee; ya que confieso que ahora no escribo con la misma libertad inconsciente del principio, cuando nadie conocía la persona real que se esconde tras el nombre de Hiro.