miércoles, 1 de septiembre de 2021

Cuando lleguen buenos momentos

foto: hiro

El verano insípido. Así se titularía este verano si se tratara de una novela o una canción. Ya lo sé, todavía queda septiembre, con sus alegrías inesperadas de última hora. Y además, siempre me he negado a colgar el cartel de 'cerrado el verano' hasta que no terminan las fiestas de la Mercè de Barcelona. Pero no les tengo muchas esperanzas puestas...

Aunque suene imposible, este verano me ha parecido peor que el anterior. Me da la sensación que la pandemia se ha llevando poco a poco la alegría de vivir. Y con ello, la ilusión, esa actitud vital que da a la existencia un filtro cálido, vibrante, y que nos motiva a emprender cosas nuevas. Esa falta de ilusión es la que he observado entre algunas de mis amistades, y en algunos momentos, en mí misma. 

Dicen que vivir atascado en el pasado nos lleva a la nostalgia; y que vivir con la mente en el futuro, a la angustia. Vivir en el presente, en el aquí y el ahora, parece la única solución viable. 

ilustración de Liana Finck

Eso intento hacer, pero cuando el presente se ha vuelto tan insípido como un plato de verdura sin sal, no sé que deciros... La vida adulta a veces tiene etapas que transcurren por caminos angostos, al borde de precipicios, donde el vacío existencial amenaza con tragarnos. Caminar con anteojeras, con la vista puesta en lo que tenemos justo delante, es la mejor manera de vencer esos tramos peligrosos del camino.

Este post me está quedando demasiado intenso para un verano, lo sé. Estoy perdiendo la costumbre de escribir en este blog y me siento un poco torpe.
Todo para deciros que a pesar de ser un verano insípido, estoy aprendiendo a vivir más anclada en el presente; a reconocer los buenos momentos cuando llegan para atraparlos y -como cantan los Marialluïsa- hacer que pasen lentos. Como el fin de semana que pasé en la playa con mis sobrinos. O esa noche en las fiestas de Gràcia, en la que volvimos a bailar de nuevo en un concierto, con una alegría desatada y torpe por la falta de costumbre. 


martes, 19 de enero de 2021

una droga que no te mata

 pintura de Andy Denzler

¿Os acordáis de lo que pasaba cuando dejabais un video en pausa demasiado tiempo con el VHS? La imagen se quedaba estática unos segundos, pero luego empezaba a vibrar y aparecían franjas grises y verdes, hasta que la imagen se desfigurada y quedaba irreconocible.

Algo así me parece la vida desde que empezó la pandemia. Tanto tiempo viviendo en pausa hace que las cosas se empiecen a desfigurar. Y no quiero acostumbrarme a esta (a)normalidad.

El domingo fuimos a pasear por el parque de la Ciutadella, y allí era primavera; como si las imágenes de frío y nieve que hacía unos días invadían las pantallas se hubieran desvanecido (creo que nevó en todas partes menos en Barcelona).

La gente parecía feliz paseando en manga corta o con las mangas de la camisa remangadas. En la glorieta de la fuente un grupo de gente bailaba swing al compás de una pequeña banda. Unos niños jugaban cerca a cazar y reventar pompas de jabón, que impasibles, seguían su vuelo hasta estallar en el cielo. Era como un oasis, como si el 2020 no hubiera existido y no supiéramos lo que era vivir en pandemia. Y me di cuenta, que lo convertía ese momento en un instante fuera del tiempo era su banda sonora. Escuchar música en directo se ha convertido en un lujo casi imposible de disfrutar. 

Justamente estos días estoy entusiasmada viendo la docuserie de Martin Scorsese Pretends It's a City. Me declaro fan de Fran Lebowitz (perdonad la cacofonía), de su ingenio mordaz, su sarcasmo y su haterismo. ¿Cómo puede ser que no conociera antes a esta mujer? 


Me identifico tanto con alguna de sus reflexiones y con su odio a la gente en general -que no a las personas en particular- sobre todo a los zombies que ya no saben pasear por las ciudades sin mirar la pantalla de su móvil, o incapaces de apartarse al cruzarse con alguien por su egoísmo supino. Su amor/odio por Nueva York se parece mucho a la ambivalencia que siento por Barcelona. Amo a mi ciudad, pero hay veces que me agota vivir en ella. Y como la gente de Nueva York, también pienso: "no puedo permitirme vivir aquí" pero no sé cómo, ni porqué,  sigo haciéndolo. 

Fran Lebowitz

En el episodio 2 ("Cultura") Fran Lebowitz reflexiona precisamente sobre la música, y porqué no hay nadie más querido que un músico:

"La gente ama a los músicos. Los quiere mucho, porque les dan la capacidad de expresar sus emociones y sus recuerdos. Ninguna otra forma de arte hace eso.

La música hace a la gente más feliz y no les hace daño. Casi todo lo que te hace sentir mejor es dañino. Es muy raro. Es como una droga que no te mata. "

A ella, dice, que escuchar música de la Motown siempre la pone feliz, no porque la considere la mejor música de la historia, sino porque era la música que escuchaba cuando tenía 18 años. 

A mí me pasa algo parecido con muchas canciones, sobre todo con esta: 

 


Y a vosotr@s, ¿qué canción os pone siempre felices?


jueves, 31 de diciembre de 2020

El año más raro de nuestras vidas


vuelo en avioneta (foto: hiro)

Adiós 2020. Adiós al año más raro de nuestras vidas. Al año de los cumpleaños, conciertos, Navidades y celebraciones perdidas. 

Tampoco es que espere mucho  del 2021. Pero nunca me había alegrado tanto dejar algo atrás. 

Ha sido el año en que me he sentido más huérfana y desconectada de mi familia. No creo en las videollamadas; o no me bastan. Solamente he visto tres veces a mis padres y algunas de mis hermanas y sobrinos. Ha sido la primera Navidad sin mi familia. 

Lo que sí que ha abundado son las lecturas. En eso no me puedo quejar, ha sido un año de buenos libros. 

He ido a pocos conciertos (tres) y dos fueron para ver a la misma artista: Anna Andreu, mi descubrimiento y obsesión musical del año.

Y poco más que contar. 

¡Ah, sí! También ha sido el año que hemos volado por primera vez en avioneta. Fue mi regalo de cumpleaños para Id y nos encantó la experiencia. Se nos hizo corta, así que cuando podamos repetiremos.

En fin, no quería terminar el 2020 sin pasarme por aquí. Este espacio que tengo tan abandonado pero que sigue existiendo aquí, esperándome siempre como una habitación blanca e iluminada; acogedora y abierta a todas las posibilidades. 

Para el 2021 no prometo nada, sólo el seguir intentándolo y no ser muy dura conmigo misma por ello. 

¡Feliz 2021!


jueves, 21 de mayo de 2020

Me imagino la playa

Monk's House

Mi lista de libros pendientes ha descendido levemente. A pesar de que durante las primeras semanas no tenía ganas de leer nada. La realidad superaba a cualquier ficción.
Ahora las ganas han vuelto y han explotado con fuerza. Me ha fascinado Canto jo i la muntanya balla (Canto yo y la montaña baila), de Irene Solà. Una de las mejores novelas del año. Y me ha llegado muy adentro Fugir era el més bell que teníem (Huir era lo más bello que teníamos) de Marta Marín-Dòmine. Ha sido una suerte encontrarme estas dos maravillas durante estos meses.


También he retomado el Diario de una escritora de Virgina Woolf. Leo cada día un par de páginas. Me gusta dosificarlo. Desde este confinamiento -todavía de fase 0- leo a Virgina durante su viaje por Italia. Me admira su determinación en escribir y reescribir una y otra vez sus textos hasta que quedaba satisfecha. Esa motivación, ese empuje es el que me falta a mí en muchas cosas.

Obligadas a suspender nuestro viaje a París para principios de mayo, viajo por internet hasta Monk's House. En esta habitación, sencilla y luminosa, escribía Virginia las palabras que tengo bajo mis ojos. 

escritorio de Virginia Woolf

Cuando echo la vista atrás, tengo la sensación que durante estos dos meses de confinamiento han pasado muchas cosas. He leído, jugado, cocinado, hemos visto series, películas, hemos discutido, reído, cantado, hemos felicitado cumpleaños, hecho videos, videollamdas... Me he dado cuenta que me agotan las videollamadas; mi madre -en cambio- las ha descubierto y no duda en llamarme cuando menos me lo espero. 
También ha habido momentos para la desidia, la tristeza, el silencio, el insomnio..., días en los que no me apetecía hacer nada.

Ahora que el ruido va regresando, añoro el silencio sorprendente que vibraba en las calles; poder dormir sin ruidos; que me despierte el canto de pájaros cuyos nombres desconozco. El desconfinamiento paulatino se irá llevando esos placeres. Nuestras vidas suspendidas en el tiempo regresaran al embrutecimiento de los días sin pausa ni silencios. 
Dice Id que estoy desarrollando un poco de "síndrome de la cabaña". Tal vez tenga razón, mi relación con el mundo exterior siempre ha sido un poco "complicada".
Pero también tengo ganas de salir, de ver a mis amig@s y familia. De pasear por el bosque, de sentir el mar... 
Pero todo esto ya lo sabía antes.

jueves, 26 de marzo de 2020

Estos días


imágenes de la gripe española (fijaos en el gato)

12 días ya. Esta semana he empezado a notar los efectos del confinamiento. Hay momentos en los que pierdo la noción del tiempo, me cuesta saber en que día estoy: ¿hoy es martes, jueves..? Es como vivir en un abismo temporal en el que las rutinas se van deformando, como si los relojes de Dalí rigieran el tiempo. 
Hay ratos en que me siento un poco atontada. Intento no sentirme culpable los días que no me apetece hacer nada. Me flipa un poco la hipermotivación de alguna gente.

En general nunca me ha costado hacer vida en casa, de hecho siempre tengo cosas que hacer o leer. Estoy aprovechando para hacer un curso online, dibujar, hacer lettering, incluso ping pong. Ahora ya no tengo excusa para atacar esa pila de libros siempre pendientes. Pero que todo esto pase mientras la primavera estalla en las calles hace las cosas más difíciles.
Pero ahora toca permanecer, cuidarnos, parar. Por fin los verbos "cuidar" y "curar" adquiere el valor que merecen, así como las personas que los llevan a cabo. 
Sufro por mis padres, sobretodo por mi madre que ya tiene problemas de salud añadidos. Por suerte tienen a dos de mis hermanas cerca que los cuidan y les hacen la compra.
Para salvar distancias, hacemos videollamadas con amigos, familiares... La cita de las 20h para salir a aplaudir en el balcón es la única rutina que cumplimos a rajatabla.


En lo que llevamos de confinamiento he salido dos veces a comprar y no me ha gustado la experiencia. Es como si estuviera viviendo dentro de un episodio de Black Mirror que nunca acaba. A veces me da la sensación que ya nunca podremos volver a vivir como antes. Aunque tal vez ese era el problema.

Veo imágenes del agua cristalina en los canales de Venecia, delfines nadando en puertos, jabalís en las calles de Barcelona, ciervos paseando por rotondas, los índices de contaminación bajando en picado... Tal vez el virus seamos nosotros. 
Crisis sanitaria, crisis económica, crisis climática... Se nos van acumulando las crisis. Y solo espero que todo esto nos haga reflexionar y que realmente suponga un cambio a mejor.

jueves, 27 de febrero de 2020

Adios Marianne, adios Connell

imagen de la serie Normal People

Ya he terminado de leer Gente Normal, de Sally Rooney. Me ha quedado una sensación de vacío y añoranza que solo siento cuando termino un buen libro. Es como si tras conocer muy intensamente a alguien, te expulsaran de su vida. Te deshabitaran.
Me fascina la facilidad que tiene Rooney de explicar emociones tan complejas, de como utiliza el silencio y aquello que no nos decimos como algo que puede modificar nuestras vidas. Lo terminé ayer y ya echo de menos a Marianne y a Connell.
Ya veremos que tal está la serie basada en el libro que está próxima a estrenarse.


El otro día, vagueando por Youtube, me tropecé con un canal sobre finales de películas. Toda una oda al spoiler. Durante muchos años tuve la costumbre de empezar un libro leyendo la primera y la última frase. "Así te debías reventar muchos finales", me diréis. Bien, no siempre.
Creo que lo hacia para no distraerme demasiado en el qué y disfrutar más del cómo.
Por ejemplo, me gustaría volver a ver Parasite para fijarme mejor en como su director construye los mecanismos que llevan a la película a estallar en ese frenético final, en vez de estar pendiente del tan aclamado giro narrativo del que todo el mundo me hablaba antes de ver la película.

En fin, para llenar el vacío que me ha dejado Gente Normal, ya he empezado con Fugir era el més vell que teníem, de Marta Marín-Dòmine, que de momento me está gustando mucho, y también con la relectura de Frankie Addams, de Carson McCullers (también quiero releer El corazón es un cazador solitario). Recuerdo que los dos libros me gustaron mucho por el retrato de hace de una chica adolescente y solitaria.



Un poco como la protagonista de I Am Not Okay With This, la serie de Netflix que me he tragado en dos tardes. Prefiero no explicaros mucha cosa sobre esta serie, solo os la recomiendo muy mucho si fuisteis adolescentes diferentxs, rarxs, y toda vuestra vida os parecía una mierda. Además tengo una especie de crush (no lo llevo bien por la diferencia de edad) con su protagonista (la actriz Sophia Lillis) que ya me impresionó con su interpretación en Sharp Objects.

Es raro; no soporto a los adolescente en el mundo real, pero me gustan las ficciones sobre adolescentes inadaptados. Supongo que una nunca supera del todo su adolescencia. 

sábado, 18 de enero de 2020

Un año después, el blog todavía estaba allí


fotos: hiro

Coincidencias curiosas. Hoy hace exactamente un año de mi último post. En esa última entrada me proponía, como deseo de Año Nuevo, no olvidarme; y además, intentar actualizar más a menudo el blog. ¡Juas!
¿Resultado? Salta a la vista. Un año de ignorancia bloguera y yo, tan perdida como siempre.
Empiezo a asumir que este estado de insatisfacción permanente y de duda perenne es la esencia misma de la tan aburrida adultez (por cierto, que palabra más fea). 

¿Y que ha sido de mí este último año? Bien, todo sigue más o menos igual. 
Intente vivir "mi vida en Re" y casi lo consigo durante unos meses. Encontré un trabajo que me gustaba bastante, un jefe que confiaba en mí, una responsable que me adoraba, buenos compañeros... Pero un sueldo tirando a bajo y un horario de mierda con un solo día de descanso semanal. 

Entonces encontré otro curro. Mucho mejor pagado, de lunes a viernes y con horario intensivo. La pega: no me gustaba y me dejaba tan agotada que el resto del día no servia para nada. 
Tengo asumido que siempre he sido y seré un desastre en el tema laboral.

Sea como sea, he tenido la sensación de haberme pasado el 2019 trabajando sin parar. Ni vacaciones de verano, ni tiempo para escribir, ni leer, o disfrutar de nada. 
Con el 2020 empieza otra etapa totalmente incierta. Pero, sorprendentemente, este hecho -hablando vulgarmente- me la trae floja. Estoy en modo pasotismo total. También puede ser que el puto frío o el invierno me ayuden a verlo todo de vuelta. 
Aunque un paseo de mediodía por la playa, con un solecito digno de una primavera, haya hecho que algo se despertara tímidamente dentro de mí.

Lo único que ha renacido de momento, y con fuerza, ha sido mi pasión por la lectura. 
Comencé el año terminando Conversaciones entre amigos, de Sally Rooney. Hacía tiempo que tenía ganas de leer algo de esta autora (también le tengo ganas a Gente Normal), y debo decir que me ha gustado más de lo que esperaba, sobretodo después de algunos días de haberlo terminado. 
También me ha ha apasionado el estilo narrativo de Annie Ernaux en La mujer helada (de ella también tengo pendiente Los años). 
Ahora estoy a punto de terminar Llum (Luz, en su edición castellana) de Elisabet Riera. Una novela que narra la relación amorosa entre una mujer de 40 años y una niña de 12. Lo sé, el argumento suena inmoral y una versión femenina de Lolita, pero extrañamente el libro es mucho más que eso. Simplemente leedlo y me entenderéis. 
Y después vienen todos los libros de la foto:


Por cierto, ahora me doy cuenta que los tres últimos libros que he leído, y los que tengo pendientes, son todos escritos por mujeres. 

Musicalmente el 2019 ha sido bastante pobre. No he tenido ni tiempo, ni ganas de escuchar música nueva o explorar nuevos horizontes musicales. ¿Me estaré haciendo mayor? 
La única novedad que me ha acompañado estos últimos seis meses, y que he ido desgranando canción a canción según mi estado emocional variante, ha sido Fans del Sol de Oques Grasses.

En fin, no prometo actualizar más a menudo; aunque mucho peor que el año pasado ya no lo podré hacer, ¿verdad? 


viernes, 18 de enero de 2019

Mi vida en RE


foto: Núria Graham (foto encontrada en internet)

Recuperar. Reconectar. Resistir. Reinventar. Reaccionar. Redefinir...

Estos últimos meses estoy viviendo mi vida en Re.
Recuperándome de donde me dejé.
Reconectando con una parte de mí que sentía extraviada.
Resistiendo a la fuerza dulce y mansa de la inercia cotidiana.
Reinventándome para ser capaz de ver las infinitas opciones que me ofrece la vida.
Reacionando antes de sentir asco o no reconocerme en los espejos.
Redefiniendo para desaprender lo aprendido.

Durante un tiempo he tenido la sensación de haber vivido desconectada de una parte de mí, un parte que sin darme cuenta añoraba.
No soy de hacer grandes propósitos de año nuevo, aunque para este 2019 me he planteado uno muy ambicioso: no olvidarme.

Con tanto extravío se me olvidó celebrar que el pasado noviembre, cumplí 10 años en la blogosfera. Una constancia y fidelidad de la que me siento orgullosa, ya que la inconstancia es un de mis mayores defectos. Tal vez no actualice mucho últimamente (mi última entrada es de agosto!) pero espero seguir escribiendo por aquí mucho tiempo más; aunque no sé si la gente todavía lee blogs...

Me despido con una de mis últimas obsesiones musicales, y que ha sido mi banda sonora estos últimos meses:


sábado, 4 de agosto de 2018

caminaremos por el paso del tiempo


foto: Jacques-Henri Lartigue

Daría lo que fuera por un verano como los de antes, de esos que duraban tres meses y en los que incluso cabían ratos para el aburrimiento. La rutina era levantarse cuando te despertabas, desayunar e ir a la playa. Volver para comer, siesta, leer, salir a pasear y tomar algo cuando el calor ya remitía. Noches al fresco hablando de lo que nos esperaba y mil planes por cumplir.

Esta semana de vacaciones en el pueblo ha sido como volver a un verano de la adolescencia. Regresar a casa de mis padres siempre es un viaje al pasado. Mi antigua habitación, mi cama de antes, los mismos roles familiares de los que intentas huir  inútilmente. 
Mañanas de piscina, lecturas a la sombra, siestas con aire acondicionado... 
Mis sobrinos son casi adultos. Mi relación con ellos va mutando. El otro día salí a tomar algo con mi sobrino el mayor, que ya tiene novia, y mientras yo me tomaba un cerveza él se bebía un cubata. También me he enterado que una de mis sobrinas es bisexual y "está de lío" con otra chica. 

Tengo la sensación que todo cambia pero en esencia sigue siendo lo mismo. En los pueblos el tiempo es circular mientras que en la ciudad me parece lineal. 
Id vendrá a pasar el fin de semana y eso introducirá un elemento de presente que me ayudará a romper el efecto de flashback que he tenido toda la semana. 

Hablando de flashbacks... Estas vacaciones he leído un libro que me ha fascinado: Permagel, de Eva Baltasar (Premi Llibreter 2018). 

foto: hiro

Lo compré medio por casualidad y fue empezar, y no poder parar de leer. Sin duda, el mejor libro que he leído este año. Permagel hace referencia a la parte de la tierra que no se deshiela nunca, pero también es una metáfora sobre la capa que reviste a la heroína del libro. 
Explicado a través de saltos temporales, la protagonista -lesbiana con tendencias suicidas- nos habla de la relación con las mujeres de su vida: madre, hermana, sobrinas, amantes... De la no-maternidad, del sexo, del miedo, de su incapacidad por encontrar su lugar en el mundo y relacionarse con los demás. Pero la mejor baza del libro es esa voz narrativa que seduce con su lenguaje poético, crudo, contundente, con imágenes sorprendentes y de un lirismo, que dan ganas de subrayar frases enteras. Como esta: "La fuerza del miedo es la suma de cada pequeño sueño reducido a polvo".
En muchos momentos me he sentido muy identificada.. Es un libro que desprende verdad.

Permagel formará parte de una trilogía de novelas con protagonistas femeninas. Así que impacientemente esperaré las futuras publicaciones de Eva Baltasar: BoulderMamut, las dos novelas que completarán la trilogía.

¡Os lo recomiendo muy mucho! (creo que ya ha salido la edición en castellano.)


martes, 10 de julio de 2018

como un oasis


foto: hiro 

El otro día me pidieron que explicara la historia de como conocí a Id. A la gente le encanta que le explique esa historia. Una de las oyentes dijo que eramos muy "cuchis" y que nuestra historia era muy de "los noventa". Me hizo gracia. 
También me hizo acordarme con nostalgia de esa época en que los blogs eran lo más. Ahora no eres nadie si no eres youtuber o tienes twitter. Ciertamente debo ser muy de los noventa porque no me imagino exhibiendo mi cara en youtube; o afilando mi ingenio en 280 caracteres.

La idea de cerrar definitivamente el blog también vuelve de manera recurrente con cada parón de actividad bloguera; pero la tristeza que me produce esa simple idea me disuade de hacerlo. ¿Dónde regresaría si lo hiciera? Los lugares no son simples espacios físicos. Fuera de los mapas y de los límites, en los márgenes y las sombras habita la esperanza y lo inesperado. Eso aprendo leyendo a Rebecca Solnit y Alastair Bonnett, dos de mis lecturas de verano. Y el verano es la época ideal para soñar y vivir aventuras, aunque la vida laboral solo nos deje un par de semanas para hacerlo.

He agotado mi primera semana de vacaciones con algún día de playa, piscina y visitas al pueblo. A finales de mes, como un oasis, me espera otra semana de vacaciones. Lástima que, otro verano más, no la pueda compartir con Idgie. Eso me pone de tan malhumor y también triste. Así no hay manera de viajar..! 

Por lo menos el verano ha empezado activo: con conciertos al aire libre, libros nuevos, el refugio fresco de una sala de cine, vida social y muchos planes esperando, de par en par, como cerezas resplandecientes.

miércoles, 30 de mayo de 2018

canto a la vida sííí



Solo hace falta un paseo en moto por Barcelona en primavera para volver a enamorarme de esta ciudad. Y eso que durante estos meses de invierno he soñado con huir. Bien, todavía no tengo claro que voy a hacer con mi vida en un futuro... Pero la primavera consigue que  vuelva a vivir en presente. 

En el trabajo me propusieron, durante unos meses, probar una experiencia distinta en otro departamento y trabajar a tiempo completo. Mi bolsillo lo ha agradecido; pero durante este tiempo, han desaparecido mis ganas de hacer nada salvo vegetar en un sofá mirando la tele o dormir.
Ganar un buen sueldo o dejar de vivir, ese parece ser el dilema. Todavía me queda un mes de casi no vida, pero esta semana de vacaciones me ha permitido recuperar las ganas de leer, escribir, escuchar música, quedar con amigos... 

Mi lista de libros pendientes aumenta, y eso me genera estrés. Más bien me lo genera la idea de los cientos de libros que no podré leer antes de morir. Lo mismo me pasa con la música, el cine y otras cosas. 

Hablando de años, el viernes, al volver a casa, me encontré una sorpresa inesperada: Id me había organizado una fiesta sorpresa de cumpleaños (de hecho mi cumple es mañana). Nunca me habían hecho una fiesta sorpresa y fue abrumador. Me hizo una ilusión tremenda ver que mis amigos habían hecho el esfuerzo de venir (algunos desde fuera y otros con complicaciones familiares). La fiesta me pasó volando y cuando terminó, me quedó un poso de tristeza -porque ya había terminado- y de gratitud por la suerte que tengo de tener toda esa gente maravillosa en mi vida. Sí, estoy un poco sensible jajaja


Pero es que durante estos meses que he estado ausente del blog, he pasado por unos problemas médicos que me han tenido en vilo durante semanas. Pruebas y más pruebas médicas, con la incertidumbre terrible que eso supone. Por suerte, todo acabo con un alivio enorme al escuchar la palabra "benigno". 

Estoy leyendo el libro de Erling Kagge, El silencio en la era del ruido, y justamente esta mañana leo:
"Sí, tememos a la muerte en diversos grados, pero el miedo de no haber vivido aun es más intenso. Este miedo crece cuando nos acercamos al final de la vida, cuando nos damos cuenta que empieza a ser demasiado tarde." 
Un toque de realidad para ser consciente de lo frágil que puede ser todo. Y lo más importante: que la vida es Ahora y Aquí.  

Entre los regalos que me hicieron: esta preciosidad de disco y un tocadiscos para poder escucharlo.


martes, 20 de febrero de 2018

quiero un verano en el norte de Italia

fotograma de la película Call me by your name

Sigo contando días, los que quedan para la semana de vacaciones que me reservé para finales de mes. El invierno me agota, tengo la sensación de vivir esperando los días suaves y llenos de luz de la primavera. Ver Call Me By Your Name me hizo soñar con vivir un verano en bicicleta en el norte de Italia. Me enamoró la belleza, la ambientación, la fotografía, la música y el ritmo del film; pero, no sé porqué, no conseguí conectar del todo con la historia de amor. Creo que esperaba más, que la película moviera o desplazara algo dentro de mí. O tal vez no tenía el día para historias de amor melancólicas. 

Por lo menos el fin de semana ha sido movido, aunque tal vez el adjetivo "movido" no case bien con una cena y comida con amigos que duró horas.

fotograma de la película Call me by your name

El sábado tuvimos cena con las Heteras en casa de Carrie. Hace meses que vive con su nuevo novio, un chico argentino muy simpático, y nos lo quería presentar de manera oficial.
Cuando quedamos con las Heteras sabemos que hay dos cosas que no faltarán: se beberá mucho alcohol y se comerá mucho chocolate. Y efectivamente, no faltó ninguna de las dos cosas. Charlamos durante horas y horas en las que arreglamos el mundo y lo volvimos a desarreglar. Cuando nos dimos cuenta eran casi las cuatro de la mañana. Al día siguiente Id y yo habíamos quedado con otros amigos para que vinieran a comer a casa así que no pudimos descansar mucho.
Me hizo mucha ilusión volver a quedar con Manray y Vincent. Me di cuenta de lo mucho que los echaba de menos. Es curioso como la vida nos va alejando de algunos amigos y luego nos los vuelve a traer. Hacía tanto que no nos veíamos que estuvimos 8 horas poniéndonos al día. 
Y aunque me dio la sensación que había pasado todo el fin de semana comiendo y sentada en una mesa, me gustó la sensación de reencuentro que me quedó en el paladar.

martes, 13 de febrero de 2018

martes y 13


Pensaba que febrero sería un mes más benévolo, pero no. Viento, lluvia -mucha lluvia-, nieve, y frío, mucho frío. Por mi manía de llegar pronto a las citas, esta mañana he estado diez minutos helándome de frío en la puerta del centro médico. Yo, y todas las abuelas del barrio que esperaban impacientes a que abrieran las puertas como si aquello fuera el primer día de rebajas. Cuando por fin las han abierto, estampida de ancianas corriendo hacia el ascensor a lo Carros de Fuego. Yo he preferido subir por las escaleras, con lo que he llegado antes que ellas al mostrador. 
Odio muy fuertemente que me quiten sangre. Mi aprensión a las agujas hace que una simple analítica se convierta en un suplicio y una tortura. Cada vez que me hacen un análisis de sangre intento visualizar que voy, me pinchan y me voy tan ancha a mi casa, como si lo de quitarme sangre fuera lo más natural del mundo. Juro que lo intento. Respiro hondo, entro tranquila, y mientras la enfermera-vampira me avisa que solo será un pinchazo, giro la cabeza para ignorar que todo aquello va conmigo. Ni siquiera me digno a mirar la aguja. Pero tras el robo sanguíneo viene el inevitable mareo.
Hoy he conseguido levantarme dignamente, mientras le aseguraba a la enfermera que estaba perfectamente. Pero a sido salir de la sala de extracciones y notar que mi tensión entraba en caída libre. He salvado mi dignidad sentándome en una silla en una tranquila y vacía sala de espera. Y entonces: sudor frío, vista nublada, mis manos estaban tan blancas que parecían de papel (no quiero imaginar como estaría mi cara). Monólogo interior de hiro: "respira hondo, expira, respira hondo... ¡por las diosas, qué nadie me vea en este estado!". Y es que cuando me entran esos mareos, llamar la atención del resto de la gente, todavía me pone más enferma. 

ese gato era yo esta mañana

Cuando ya creía que empezaba a sentirme mejor, me han entrado unas ganas tremendas de vomitar y de ir al baño, ¡horror! Por suerte, he conseguido controlar el pánico y tras unos minutos -que me han parecido eternos- he empezado a encontrarme mejor. 
Lo fuerte es que mientras ha durado mi agonía, han pasado dos enfermeras por delante de mis narices, y ni se han percatado de mi lamentable estado. En la zona de espera que había al lado de la mía, había una mujer enganchada a su móvil que tampoco se ha dado cuenta de nada. ¡Uf! no hay nada que me tranquilice más que saber que hubiera podido morir en un centro médico sin que nadie se hubiera dado cuenta (ironía, ironía).

A parte del incidente patético de esta mañana, el odioso frío no me ha impedido disfrutar de unos días de vacaciones del trabajo. He podido desperdiciar mi tiempo como si fuera millonaria, intentando no sentirme culpable por eso. El domingo tuvimos bollotertulia (con Falsa Identidad, de Sarah Waters) y después nos fuimos de fiesta con unas amigas al Apolo a ver actuar a Dolo. 
Por cierto, esta semana nos han invitado a un programa de radio para hablar del Club de Lectura Lésbica. ¡Qué nervios!

miércoles, 24 de enero de 2018

vértigo temporal


El otro día tuve un breve momento de pánico al darme cuenta que no sabía en que año estábamos, ¿2017? ¿2018? Algo parecido me pasa cada año durante los meses siguientes a mi cumpleaños: no me acuerdo de mi edad y tengo que ir haciendo sumas o restas; con lo mal que se me ha dan las mates...
Cuando era pequeña siempre sabía cuantos años tenía y en qué año vivía, pero al ir acumulando tiempo se me desordenan las fechas y los números.
Mi horario laboral, donde los días y las horas que trabajo varían según las semanas, me obliga a vivir pegada a un calendario, y lo odio. Cuando me proponen algún plan, tengo que decir aquello tan manido de "lo tengo que consultar con mi agenda".

Estoy contando los días que faltan para mi semana de vacaciones en febrero, esa que había reservado para ir a esquiar con Id; pero resulta que ahora no sabemos si podremos ir porque Id tal vez tenga que trabajar.
Sea como sea, me irá genial una semana de vacaciones porque después de la locura de la Navidad, necesito desconectar del trabajo.


Hace semanas me autoregalé este libro para aprender tipografía, junto a unos rotuladores especiales para practicar el 'lettering', y estoy disfrutando como una niña.
Eso me recuerda un artículo que leí hace tiempo (lo enlazaría pero no lo encuentro) sobre la importancia del dibujo y el inexplicable abandono de tal práctica a medida que vamos creciendo.
Como también remarca Marina Garcés en su magnífico Fuera de clase, si nos preocupa el abandono de la lectura cuando los niños llegan a la adolescencia, ¿por qué no lo hace, el abandono del dibujo? "No sé dibujar, acostumbramos a decir sin vergüenza. ¿Nos imaginamos diciendo lo mismo en lo que respecta a la lectura o la escritura?"

Dibujar, junto con ir en bicicleta, eran una de mis actividades preferidas cuando era niña. Y poco a poco las he ido abandonando sin saber porqué. Supongo que, en algún momento, el tiempo se volvió finito y dejé de poseerlo en grandes cantidades. Ahora rasco momentos libres entre obligaciones y responsabilidades, y el poco que recolecto debo administrarlo entre una infinidad de intereses siempre crecientes.
Ese también es uno de mis grandes defectos: me interesan demasiadas cosas, soy dispersa y no puedo abarcarlo todo. Y siempre acabo en el mismo callejón sin salida: la promesa rota de aprovechar mejor el tiempo ante el regalo de unos días libres.


Hablando del paso del tiempo, el otro día me quedé en shock al enterarme de la muerte repentina e inesperada de Dolores O'Riordan. The Cranberries fue y será uno de mis grupos favoritos, además marcó una época importante de mi vida. Tuve la suerte de verlos en concierto, hace bastantes años, en su momento álgido.
Hacía mucho que no los escuchaba, y estos días, he vuelto a recuperarlos y me he dado cuenta de la cantidad de recuerdos que me despiertan y de lo difícil que es escoger una sola canción para ilustrar este post.

Descansa en paz Dolores.

sábado, 16 de diciembre de 2017

he aprendido a emparejarme los calcetines


Cada vez me cuesta más volver a la rutina laboral tras días de descanso. En este nuevo trabajo vivo pendiente de unos horarios cambiantes que solo conozco de trimestre en trimestre.
Tuve dos semanas de vacaciones que, como siempre, me parecieron cortas. Id y yo, coincidiendo con nuestro aniversario de pareja, fuimos a pasar unos días a la Val d'Aran. No conocía la comarca y me gustó mucho, a pesar del frío atroz que venía cada tarde cuando oscurecía. ¡Cómo odio el invierno y el frío!

Después, el regreso al trabajo se me hizo más cuesta arriba que nunca porque Id me dejó casi una semana sola. Tuvo que marcharse a Valencia por una urgencia familiar (no os preocupéis, tema controlado y solucionado). Esos días, y noches, que pase sola en nuestro piso de Barcelona fueron bastante desoladores. La ausencia es la presencia más intolerable de todas. Volver a ser una, como cantan La Iaia, fue un ejercicio de resta complicado. Las mates nunca fueron lo mío.
El descubrimiento del nuevo disco de La Iaia justo esos días fue un consuelo inesperado y una gran compañía.



También recupere el tiempo para la lectura. Me entusiasmó y emocionó el libro de Tina Vallès, La memoria del árbol (merecido premio Anagrama de novela). Si tuvisteis una relación especial con alguno de vuestro abuelos seguro que os emocionará; a mí me hizo acordarme mucho de mi abuelo Mingo, de las canciones que me cantaba, de las historietas que se inventaba, y sobretodo de cuando me enseñaba a jugar a cartas y al dominó. 

También hice una incursión rápida a la biblioteca de nuestro barrio. ¿Por qué rápida? os preguntaréis; porque por desgracia no me gusta nada esa biblioteca: siempre huele a pescado (está justo encima del mercado) y su distribución en tres pisos es incómoda e irracional. 
Al entrar en la biblioteca un libro en el estante de novedades picó mi curiosidad con su título presuntuoso y prometedor: Este libro te alegrará la vida, de Daniel Gray. Decidí cogerlo a modo de reto, ¿podría ese libro, de título pretencioso, cumplir su promesa? Pues tras varios capítulos tuve que admitir que sí. El reto tampoco era complicado para una enamorada de la lectura como yo, ya que el libro describe cincuenta momentos de felicidad relacionadas con la lectura.

Otro libro, un poco más complejo, que me acompaña en mis viajes en bus de ida y vuelta al trabajo es Fuera de clase: textos de filosofía de guerrilla de Marina Garcés. Compuesto también de capítulos breves, pero suculentos, la autora nos reta a cuestionarnos y replantearnos infinidad de temas filosóficos desde una perspectiva bastante accesible.



Cuando Id regresó, la vida social y la alegría también volvieron. Mi hermana y sobrina vinieron a pasar un fin de semana con nosotras, fuimos de compras, y de turismo por Barcelona. Fuimos a un concierto de Mishima (ya he perdido la cuenta de las veces que los he visto en directo). Y en breve nos esperan varias cenas navideñas de esas que sí te hacen ilusión.

viernes, 10 de noviembre de 2017

como decíamos ayer

foto encontrada en tumblr

El otro día, sin saber cómo, me encontré visitando el primer blog que empecé a escribir hará este mes unos nueve años.
Es raro eso de visitar tu "yo del pasado", como en ese cuento navideño de Dickens que hemos visto mil veces adaptado. Mi vida, comparada con la de entonces, ha cambiado tanto que me parece increíble como el pequeño gesto de abrir un blog tuviera un efecto tan decisivo en mi vida. 
Me doy cuenta que he empezado y terminado la frase anterior con el mismo sintagma: "mi vida".
Como ya apunté en mi anterior -y lejana- entrada del mes de julio, sigo en ese estado de duda vital, de crisis existencial que me lleva hasta dudar de la tontería de si volver a dejarme el cabello largo o cortármelo otra vez.
Busco la etimología de la palabra 'crisis' y encuentro que viene del "griego 'krisis' y éste del verbo 'krinein', que significa "separar" o "decidir". Crisis es algo que se rompe y porque se rompe hay que analizarlo".
Aunque también me digo que tal vez se trate solo de una fase tonta, y que no debería hacerle demasiado caso  a mis dudas y cavilaciones.

Sea como sea, he añorado el blog, no lo he sabido hasta hoy, en que aprovechando unos días de vacaciones me he puesto a releer entradas antiguas y  otros blogs. 

Podría haceros un resumen de estos últimos meses sin actualizar, pero la idea de hacerlo me aburre tanto como os aburriría a vosotr@s leerlo. Así que, como dijo aquél,  prefiero reemprender el blog con un "como decíamos ayer" y con las mismas ganas e ilusión que lo hice hace nueve años.

viernes, 14 de julio de 2017

Lugares mágicos que no quieres abandonar

Ayer por la noche tuve una epifanía, uno de esos momentos en que me dije "esto es el verano". Comer una hamburguesa deliciosa bajo la luz de las estrellas en el jardín de mi antigua universidad, después de un concierto caluroso de Les Sueques.
No quiero que el verano termine sin darme cuenta, sin disfrutarlo; es una de las cosas que más rabia me daría que pasaran.

Esta semana he tenido tres días libres que no sé si he aprovechado como hubiera debido, pero estoy harta de sentirme culpable por esas cosas.


He terminado de releer Tomates verdes fritos. Es la próxima lectura de la bollotertulia a la que acudo cada mes. Hacía días que arrastraba las veinte últimas páginas de la novela, pero es que me daba una pena infinita terminarla. No quería abandonar Whistle Stop, con sus historias y personajes entrañables y mágicos. 
La otra noche Id preparó tomates verdes fritos con salsa de leche al estilo Sipsey, y volvimos  a ver la película.


No conseguimos decidir que era mejor: el libro o la adaptación cinematográfica. Cada una tiene su parte buena y mala. Ojalá se hubieran atrevido a mostrar la historia de amor entre Idgie y Ruth, en lugar de silenciarla y disfrazarla de amistad hetero. Para mí, es lo más imperdonable del film. Pocos referentes lésbicos que tenemos y nos los roban.



A parte de eso, la riqueza de matices y lecturas de ambas obras es apasionante, y quien las tome por obras "menores" o historias "de mujeres" se equivoca mucho. 
No estaría mal que alguna productora estilo Netflix se atreviera a hacer una serie sobre el libro.

Hablando de referentes y empoderamiento, el miércoles repetimos sesión de cine con Wonder Woman. Esta vez nos acompañó Nosu, que también flipó con la película. 
Salimos de la sala eufóricas, en estado de trance épico y  amazónico. Deseando vivir en Temiscira, esa isla llena de mujeres impresionantes como Antiope (Robin Wright), para mí lo mejor de la película junto a Gal Gadot. (Memorable la batalla en la playa!)
¡No os podéis imaginar cómo me hubiera gustado ver una película así cuando era pequeña...! Cuando todo el cine de aventuras y super heroes estaba capitalizado solo por hombres.




Últimamente le estoy dando vueltas a todo, planteándome muchas cosas, como mi futuro inmediato, qué es lo que quiero hacer con mi vida, dónde quiero vivir, etc.  Por suerte, entre tanta incertidumbre, incluso en eso, Id está en sintonía conmigo.

(El nuevo álbum de The Drums me acompaña estos días).

martes, 20 de junio de 2017

el verano que nos espera

El domingo fue el primer día de verano. Fuimos a la playa y por la noche, con el sol todavía ardiéndonos en la piel, fuimos a un concierto genial de Belle and Sebastian al aire libre. (En poco más de un año es la segunda vez que veo a Stuart Murdoch).

foto: Id

Ese momento inaugural, cuando el verano despunta, es uno de mis favoritos del año. Empieza una época llena de promesas, de diversión, de sol y aire libre, de instantes únicos que sabes que incorporarás a tu memoria.
En muchos aspectos siento que estoy en ese momento preciso que precede a un salto: cuando después de coger mucha carrerilla tu cuerpo despega y se abre a lo incierto.
Este blog también ha sufrido un salto, una elipsis temporal y narrativa de casi dos meses. ¿Algún día aprenderé a gestionar mejor el tiempo en esas épocas que la vida se acelera y sube de velocidad?
A modo de flashback acelerado os diré que fuimos de vacaciones a Valencia, a visitar a la familia de Id y a hacer un poco de turismo. También pasamos unos días en el Pedraforca, una montaña enigmática y mágica.
Después de ese paréntesis de paz, la vida se aceleró. Nuevas rutinas, nuevo trabajo, gente nueva... Muchas cosas y procedimientos que aprender y poco tiempo para relajarme y asimilar los cambios.
En medio, mucha vida social y varios cumpleaños, entre ellos el mío, que a partir de ahora compartiré con una nueva personita: la sobrinita francesa de Id.
Con el verano que nos espera no sé cuando encontraremos tiempo para ir a París a conocerla.

Hablando de París, estoy barajando la idea de volver a estudiar francés e inglés. Este fin de semana fuimos al Institut Francès a ver un par de películas del Fire y estuve hojeando información sobre cursos de francés. 
¿Qué pelis fuimos a ver? Io e lei, una comedia italiana que nos gustó y nos hizo reír mucho; y el documental sobre Chavela Vargas que os recomiendo muy mucho. Aunque no os guste en especial su música, os enamorará el arte, la pasión y la personalidad de esta artista impresionante.

miércoles, 26 de abril de 2017

cansancio aislante


Después de los días de relax de Semana Santa que pasamos en mi pueblo y haciendo excursiones por parajes y montañas mágicas, la vida -de repente- se aceleró. Después del maratón de cinco entrevista, me llamaron para comunicarme que me daban el puesto; pero primero me quedaba una semana intensa en el otro trabajo temporal. Conocí a gente nueva y aprendí rutinas nuevas que sorprendentemente me encantaron y en las que me sentí muy a gusto.
En medio de esto, un concierto de Pajaro Sunrise que estuvo genial pero que no disfruté del todo. Mientras el resto de público estaba conectado con la música, yo me sentía como si llevara un traje impermeable que me impedía disfrutar del concierto. Me sentía aislada de los demás. Creo que era por el cansancio.
Después del concierto nos fuimos de copas con las Heteras, pero la sensación de desconexión persistía. Como al día siguiente me tocaba madrugar nos fuimos relativamente pronto del local.

El fin de semana de Sant Jordi fue agotador. Trabajar en una librería esos días se parece mucho a sobrevivir a un holocausto zombie. El sábado parecía que regaláramos los libros, en la librería no cabía ni un alfiler. La gente me agarraba del brazo, me pedía con mirada suplicante que le ayudara a encontrar un libro, o que le recomendara una lectura para su novio de 21 años al que no le gustaba leer, etc.

ojalá hubiera tenido una escalera como esa para huir de alguna gente en la librería

Pero lo peor llegó el día de Sant Jordi. El domingo me tocó estar en la parada que teníamos en Rambla Catalunya. A las diez de la mañana había tanta gente que cuando volví a mirar el reloj ya eran las 15h de la tarde. Había tanto trabajo que no paré ni un segundo. Y por la tarde, más de lo mismo. La multitud solo disminuyó cuando empezó el Madrid-Barça.
A pesar del cansancio, me lo pasé muy bien con los compañeros. Por suerte el ambiente laboral era muy bueno, todo el mundo era muy majo (lo contrario que en mi curro anterior).
Después de recoger la parada y los libros (ya casi a las 10 de la noche) Id vino a recogerme en moto. Estaba agotada. Era el primer Sant Jordi que no pasábamos juntas paseando por Barcelona. Suerte que por la mañana ya nos habíamos intercambiado nuestros libros (ella me regaló este libro y yo ese).

Al día siguiente estaba hecha polvo, y además me levanté con una contractura muscular que me ha durado hasta hoy. El cansancio me ha dejado bastante desmotivada y sin energía.
Por suerte no empiezo en el otro trabajo hasta aquí un par de semanas. Todavía no he asimilado que haya conseguido superar un proceso de selección tan largo. Ahora solo tengo ganas de descansar, leer, dormir y de sofá.

Hablando de sofá, ya hemos terminado las series Feud y Big Little Lies (la banda sonora es fantástica). Las dos series me han encantado, además tienen unas actuaciones femeninas geniales. Os las recomiendo.

sábado, 8 de abril de 2017

como una caja de cereales



Esta semana he ido a dos entrevistas de trabajo. Una era la continuación de ese maratón de entrevistas de que os hablé. Y la otra, fue una entrevista relámpago de la que salí con el trabajo bajo el brazo (bueno, un trabajo de una semana, eh?).
De tanto contar mi vida en las entrevistas estoy perfecionando mi relato. Tanto, que cada vez que lo cuento me suena más irreal. No hay nada que odie más en el mundo que "presentarme" ante los demás. Como si una pudiera resumir quien es y de que 'ingredientes' está hecha, como si fuera una caja de cereales. Además todo debe sonar compacto, bien articulado, obviando los errores y los defectos, disfrazándolos de virtudes y habilidades.
Parece que soy buena ficcionando mi vida, o eso parece de momento. Después de cada entrevista voy recibiendo mails felicitándome por haber pasado a la siguiente fase. De momento 4 de 5. Confieso que ya tengo ganas de mandarles a la mierda de agotamiento. 

El otro día debería haber pedido a El Santet un poco de paciencia y perseverancia, pero me olvidé. Aprovechando que iba a probar un bicicleta preciosa -que al final no compré porqué me di cuenta que no me la puedo permitir- a Poblenou, hicimos turismo por el barrio. Visitamos el cementerio en busca de El Santet, toda un rock star de los muertos. Su tumba parece un altar donde los fans le escriben peticiones, le traen flores y demás promesas (los exvotos de cera son de los más creepys). Junto a nosotras llegó un numeroso grupo de turistas, dirigidos por el guía del cementerio, que nos animó a despedirnos rápido de El Santet.
De ahí intentamos ir a hacer unas tapas a la Barceloneta pero el barrio ya empieza a estar demasiado saturado de turistas. Igualmente valió la pena pasear con la moto por Barcelona, la primavera le sienta genial a esta ciudad.
Id me "obligó" a comprarme una chaqueta de moto decente para poder llevarme de excursión fuera de Barcelona. Ahora me siento robocop pero también más segura.

Stuart Murdoch

En cambio comprarme las entradas para el concierto de Belle and Sebastian para el Festival Jardins de Pedralbes me dejó inquieta. Las entradas eran carísimas y la última vez que compré unas para verles, Stuart Murdoch se puso enfermo y se suspendió el bolo. Tendré que ir a pedirle a El Santet que esta vez no pase nada.

Y otro grupo que también tengo ganas de volver a ver en directo son los Mishima. El 5 de mayo sacan nuevo disco (Ara i res) y su adelanto "Qui més estima" (Quien más ama) me ha entusiasmado.