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jueves, 31 de diciembre de 2020

El año más raro de nuestras vidas


vuelo en avioneta (foto: hiro)

Adiós 2020. Adiós al año más raro de nuestras vidas. Al año de los cumpleaños, conciertos, Navidades y celebraciones perdidas. 

Tampoco es que espere mucho  del 2021. Pero nunca me había alegrado tanto dejar algo atrás. 

Ha sido el año en que me he sentido más huérfana y desconectada de mi familia. No creo en las videollamadas; o no me bastan. Solamente he visto tres veces a mis padres y algunas de mis hermanas y sobrinos. Ha sido la primera Navidad sin mi familia. 

Lo que sí que ha abundado son las lecturas. En eso no me puedo quejar, ha sido un año de buenos libros. 

He ido a pocos conciertos (tres) y dos fueron para ver a la misma artista: Anna Andreu, mi descubrimiento y obsesión musical del año.

Y poco más que contar. 

¡Ah, sí! También ha sido el año que hemos volado por primera vez en avioneta. Fue mi regalo de cumpleaños para Id y nos encantó la experiencia. Se nos hizo corta, así que cuando podamos repetiremos.

En fin, no quería terminar el 2020 sin pasarme por aquí. Este espacio que tengo tan abandonado pero que sigue existiendo aquí, esperándome siempre como una habitación blanca e iluminada; acogedora y abierta a todas las posibilidades. 

Para el 2021 no prometo nada, sólo el seguir intentándolo y no ser muy dura conmigo misma por ello. 

¡Feliz 2021!


sábado, 18 de enero de 2020

Un año después, el blog todavía estaba allí


fotos: hiro

Coincidencias curiosas. Hoy hace exactamente un año de mi último post. En esa última entrada me proponía, como deseo de Año Nuevo, no olvidarme; y además, intentar actualizar más a menudo el blog. ¡Juas!
¿Resultado? Salta a la vista. Un año de ignorancia bloguera y yo, tan perdida como siempre.
Empiezo a asumir que este estado de insatisfacción permanente y de duda perenne es la esencia misma de la tan aburrida adultez (por cierto, que palabra más fea). 

¿Y que ha sido de mí este último año? Bien, todo sigue más o menos igual. 
Intente vivir "mi vida en Re" y casi lo consigo durante unos meses. Encontré un trabajo que me gustaba bastante, un jefe que confiaba en mí, una responsable que me adoraba, buenos compañeros... Pero un sueldo tirando a bajo y un horario de mierda con un solo día de descanso semanal. 

Entonces encontré otro curro. Mucho mejor pagado, de lunes a viernes y con horario intensivo. La pega: no me gustaba y me dejaba tan agotada que el resto del día no servia para nada. 
Tengo asumido que siempre he sido y seré un desastre en el tema laboral.

Sea como sea, he tenido la sensación de haberme pasado el 2019 trabajando sin parar. Ni vacaciones de verano, ni tiempo para escribir, ni leer, o disfrutar de nada. 
Con el 2020 empieza otra etapa totalmente incierta. Pero, sorprendentemente, este hecho -hablando vulgarmente- me la trae floja. Estoy en modo pasotismo total. También puede ser que el puto frío o el invierno me ayuden a verlo todo de vuelta. 
Aunque un paseo de mediodía por la playa, con un solecito digno de una primavera, haya hecho que algo se despertara tímidamente dentro de mí.

Lo único que ha renacido de momento, y con fuerza, ha sido mi pasión por la lectura. 
Comencé el año terminando Conversaciones entre amigos, de Sally Rooney. Hacía tiempo que tenía ganas de leer algo de esta autora (también le tengo ganas a Gente Normal), y debo decir que me ha gustado más de lo que esperaba, sobretodo después de algunos días de haberlo terminado. 
También me ha ha apasionado el estilo narrativo de Annie Ernaux en La mujer helada (de ella también tengo pendiente Los años). 
Ahora estoy a punto de terminar Llum (Luz, en su edición castellana) de Elisabet Riera. Una novela que narra la relación amorosa entre una mujer de 40 años y una niña de 12. Lo sé, el argumento suena inmoral y una versión femenina de Lolita, pero extrañamente el libro es mucho más que eso. Simplemente leedlo y me entenderéis. 
Y después vienen todos los libros de la foto:


Por cierto, ahora me doy cuenta que los tres últimos libros que he leído, y los que tengo pendientes, son todos escritos por mujeres. 

Musicalmente el 2019 ha sido bastante pobre. No he tenido ni tiempo, ni ganas de escuchar música nueva o explorar nuevos horizontes musicales. ¿Me estaré haciendo mayor? 
La única novedad que me ha acompañado estos últimos seis meses, y que he ido desgranando canción a canción según mi estado emocional variante, ha sido Fans del Sol de Oques Grasses.

En fin, no prometo actualizar más a menudo; aunque mucho peor que el año pasado ya no lo podré hacer, ¿verdad? 


miércoles, 24 de enero de 2018

vértigo temporal


El otro día tuve un breve momento de pánico al darme cuenta que no sabía en que año estábamos, ¿2017? ¿2018? Algo parecido me pasa cada año durante los meses siguientes a mi cumpleaños: no me acuerdo de mi edad y tengo que ir haciendo sumas o restas; con lo mal que se me ha dan las mates...
Cuando era pequeña siempre sabía cuantos años tenía y en qué año vivía, pero al ir acumulando tiempo se me desordenan las fechas y los números.
Mi horario laboral, donde los días y las horas que trabajo varían según las semanas, me obliga a vivir pegada a un calendario, y lo odio. Cuando me proponen algún plan, tengo que decir aquello tan manido de "lo tengo que consultar con mi agenda".

Estoy contando los días que faltan para mi semana de vacaciones en febrero, esa que había reservado para ir a esquiar con Id; pero resulta que ahora no sabemos si podremos ir porque Id tal vez tenga que trabajar.
Sea como sea, me irá genial una semana de vacaciones porque después de la locura de la Navidad, necesito desconectar del trabajo.


Hace semanas me autoregalé este libro para aprender tipografía, junto a unos rotuladores especiales para practicar el 'lettering', y estoy disfrutando como una niña.
Eso me recuerda un artículo que leí hace tiempo (lo enlazaría pero no lo encuentro) sobre la importancia del dibujo y el inexplicable abandono de tal práctica a medida que vamos creciendo.
Como también remarca Marina Garcés en su magnífico Fuera de clase, si nos preocupa el abandono de la lectura cuando los niños llegan a la adolescencia, ¿por qué no lo hace, el abandono del dibujo? "No sé dibujar, acostumbramos a decir sin vergüenza. ¿Nos imaginamos diciendo lo mismo en lo que respecta a la lectura o la escritura?"

Dibujar, junto con ir en bicicleta, eran una de mis actividades preferidas cuando era niña. Y poco a poco las he ido abandonando sin saber porqué. Supongo que, en algún momento, el tiempo se volvió finito y dejé de poseerlo en grandes cantidades. Ahora rasco momentos libres entre obligaciones y responsabilidades, y el poco que recolecto debo administrarlo entre una infinidad de intereses siempre crecientes.
Ese también es uno de mis grandes defectos: me interesan demasiadas cosas, soy dispersa y no puedo abarcarlo todo. Y siempre acabo en el mismo callejón sin salida: la promesa rota de aprovechar mejor el tiempo ante el regalo de unos días libres.


Hablando del paso del tiempo, el otro día me quedé en shock al enterarme de la muerte repentina e inesperada de Dolores O'Riordan. The Cranberries fue y será uno de mis grupos favoritos, además marcó una época importante de mi vida. Tuve la suerte de verlos en concierto, hace bastantes años, en su momento álgido.
Hacía mucho que no los escuchaba, y estos días, he vuelto a recuperarlos y me he dado cuenta de la cantidad de recuerdos que me despiertan y de lo difícil que es escoger una sola canción para ilustrar este post.

Descansa en paz Dolores.

viernes, 14 de julio de 2017

Lugares mágicos que no quieres abandonar

Ayer por la noche tuve una epifanía, uno de esos momentos en que me dije "esto es el verano". Comer una hamburguesa deliciosa bajo la luz de las estrellas en el jardín de mi antigua universidad, después de un concierto caluroso de Les Sueques.
No quiero que el verano termine sin darme cuenta, sin disfrutarlo; es una de las cosas que más rabia me daría que pasaran.

Esta semana he tenido tres días libres que no sé si he aprovechado como hubiera debido, pero estoy harta de sentirme culpable por esas cosas.


He terminado de releer Tomates verdes fritos. Es la próxima lectura de la bollotertulia a la que acudo cada mes. Hacía días que arrastraba las veinte últimas páginas de la novela, pero es que me daba una pena infinita terminarla. No quería abandonar Whistle Stop, con sus historias y personajes entrañables y mágicos. 
La otra noche Id preparó tomates verdes fritos con salsa de leche al estilo Sipsey, y volvimos  a ver la película.


No conseguimos decidir que era mejor: el libro o la adaptación cinematográfica. Cada una tiene su parte buena y mala. Ojalá se hubieran atrevido a mostrar la historia de amor entre Idgie y Ruth, en lugar de silenciarla y disfrazarla de amistad hetero. Para mí, es lo más imperdonable del film. Pocos referentes lésbicos que tenemos y nos los roban.



A parte de eso, la riqueza de matices y lecturas de ambas obras es apasionante, y quien las tome por obras "menores" o historias "de mujeres" se equivoca mucho. 
No estaría mal que alguna productora estilo Netflix se atreviera a hacer una serie sobre el libro.

Hablando de referentes y empoderamiento, el miércoles repetimos sesión de cine con Wonder Woman. Esta vez nos acompañó Nosu, que también flipó con la película. 
Salimos de la sala eufóricas, en estado de trance épico y  amazónico. Deseando vivir en Temiscira, esa isla llena de mujeres impresionantes como Antiope (Robin Wright), para mí lo mejor de la película junto a Gal Gadot. (Memorable la batalla en la playa!)
¡No os podéis imaginar cómo me hubiera gustado ver una película así cuando era pequeña...! Cuando todo el cine de aventuras y super heroes estaba capitalizado solo por hombres.




Últimamente le estoy dando vueltas a todo, planteándome muchas cosas, como mi futuro inmediato, qué es lo que quiero hacer con mi vida, dónde quiero vivir, etc.  Por suerte, entre tanta incertidumbre, incluso en eso, Id está en sintonía conmigo.

(El nuevo álbum de The Drums me acompaña estos días).

martes, 20 de junio de 2017

el verano que nos espera

El domingo fue el primer día de verano. Fuimos a la playa y por la noche, con el sol todavía ardiéndonos en la piel, fuimos a un concierto genial de Belle and Sebastian al aire libre. (En poco más de un año es la segunda vez que veo a Stuart Murdoch).

foto: Id

Ese momento inaugural, cuando el verano despunta, es uno de mis favoritos del año. Empieza una época llena de promesas, de diversión, de sol y aire libre, de instantes únicos que sabes que incorporarás a tu memoria.
En muchos aspectos siento que estoy en ese momento preciso que precede a un salto: cuando después de coger mucha carrerilla tu cuerpo despega y se abre a lo incierto.
Este blog también ha sufrido un salto, una elipsis temporal y narrativa de casi dos meses. ¿Algún día aprenderé a gestionar mejor el tiempo en esas épocas que la vida se acelera y sube de velocidad?
A modo de flashback acelerado os diré que fuimos de vacaciones a Valencia, a visitar a la familia de Id y a hacer un poco de turismo. También pasamos unos días en el Pedraforca, una montaña enigmática y mágica.
Después de ese paréntesis de paz, la vida se aceleró. Nuevas rutinas, nuevo trabajo, gente nueva... Muchas cosas y procedimientos que aprender y poco tiempo para relajarme y asimilar los cambios.
En medio, mucha vida social y varios cumpleaños, entre ellos el mío, que a partir de ahora compartiré con una nueva personita: la sobrinita francesa de Id.
Con el verano que nos espera no sé cuando encontraremos tiempo para ir a París a conocerla.

Hablando de París, estoy barajando la idea de volver a estudiar francés e inglés. Este fin de semana fuimos al Institut Francès a ver un par de películas del Fire y estuve hojeando información sobre cursos de francés. 
¿Qué pelis fuimos a ver? Io e lei, una comedia italiana que nos gustó y nos hizo reír mucho; y el documental sobre Chavela Vargas que os recomiendo muy mucho. Aunque no os guste en especial su música, os enamorará el arte, la pasión y la personalidad de esta artista impresionante.

sábado, 8 de abril de 2017

como una caja de cereales



Esta semana he ido a dos entrevistas de trabajo. Una era la continuación de ese maratón de entrevistas de que os hablé. Y la otra, fue una entrevista relámpago de la que salí con el trabajo bajo el brazo (bueno, un trabajo de una semana, eh?).
De tanto contar mi vida en las entrevistas estoy perfecionando mi relato. Tanto, que cada vez que lo cuento me suena más irreal. No hay nada que odie más en el mundo que "presentarme" ante los demás. Como si una pudiera resumir quien es y de que 'ingredientes' está hecha, como si fuera una caja de cereales. Además todo debe sonar compacto, bien articulado, obviando los errores y los defectos, disfrazándolos de virtudes y habilidades.
Parece que soy buena ficcionando mi vida, o eso parece de momento. Después de cada entrevista voy recibiendo mails felicitándome por haber pasado a la siguiente fase. De momento 4 de 5. Confieso que ya tengo ganas de mandarles a la mierda de agotamiento. 

El otro día debería haber pedido a El Santet un poco de paciencia y perseverancia, pero me olvidé. Aprovechando que iba a probar un bicicleta preciosa -que al final no compré porqué me di cuenta que no me la puedo permitir- a Poblenou, hicimos turismo por el barrio. Visitamos el cementerio en busca de El Santet, toda un rock star de los muertos. Su tumba parece un altar donde los fans le escriben peticiones, le traen flores y demás promesas (los exvotos de cera son de los más creepys). Junto a nosotras llegó un numeroso grupo de turistas, dirigidos por el guía del cementerio, que nos animó a despedirnos rápido de El Santet.
De ahí intentamos ir a hacer unas tapas a la Barceloneta pero el barrio ya empieza a estar demasiado saturado de turistas. Igualmente valió la pena pasear con la moto por Barcelona, la primavera le sienta genial a esta ciudad.
Id me "obligó" a comprarme una chaqueta de moto decente para poder llevarme de excursión fuera de Barcelona. Ahora me siento robocop pero también más segura.

Stuart Murdoch

En cambio comprarme las entradas para el concierto de Belle and Sebastian para el Festival Jardins de Pedralbes me dejó inquieta. Las entradas eran carísimas y la última vez que compré unas para verles, Stuart Murdoch se puso enfermo y se suspendió el bolo. Tendré que ir a pedirle a El Santet que esta vez no pase nada.

Y otro grupo que también tengo ganas de volver a ver en directo son los Mishima. El 5 de mayo sacan nuevo disco (Ara i res) y su adelanto "Qui més estima" (Quien más ama) me ha entusiasmado.

viernes, 10 de marzo de 2017

la utilidad del dolor

"A veces se apodera de mí ese estado de ánimo en el que cuanto veo o pienso me deprime. Todo parece una prueba de que el mundo es una mierda y va a peor".
Algun día este dolor te será útil, Peter Cameron

Cheryl Strayed

Inadaptado, es el adjetivo con el que James, el protagonista adolescente de Algún día este dolor te será útil, se identifica. A su edad, yo también me sentía así, inadaptada, fuera de lugar.
En un antiguo post ya hablé de mi gusto por los libros y películas sobre adolescentes atormentados y misántropos como Holden Caulfield, Antoine Doinel, la Mick de El corazón es un cazador solitario... Ahora tendré que sumar a James Sveck a mi universo de adolescentes decentes.
He disfrutado mucho con esta novela, con las reflexiones de su protagonista, su manera de ver el mundo, tan semejante a la mía a su edad, con los mismos conflictos y con esa sensación constante de no encajar en el mundo que le rodea, y menos todavía en el de los adolescentes. La novela, además, tiene unos diálogos fascinantes; sobretodo los que mantiene James con la psicóloga o con su abuela Nanette (un personajes entrañable).
"Se paciente y fuerte; algún día este dolor te será útil". ¿Tiene ulitidad el dolor? según la cita de Ovidio que encabeza el libro, sí. Ese dolor de la juventud por el que todos hemos pasado, más o menos... 

Como podéis comprovar, sigo con mi afán lector. Me alegra haber recuperado el tiempo de lectura, y tras el libro de Peter Cameron, vienen un par que de momento también estoy disfrutando mucho: El gato que venía del cielo de Yoko Ogihara y sobretodo Salvaje de Cherly Strayed, un libro que también gira entorno al dolor y como hacerle frente. (Después de ver la película, quedé fascinada con la historia y con ganas de hacer el sendero de la Cresta del Pacífico).

Por lo menos, el tiempo en que "todo me deprime" -como a James- está pasando. Las horas de luz se va alargando y con ellas mis ganas de socializar y hacer mil planes.

foto: Id

Ir a la manifestación del Día de la Mujer fue estimulante. Toda esa energía, sororidad y rabia femenina contenida fue un subidón de autoestima. Quedamos con mi hermana, Tempesta y con Cake, la nueva novia inglesa de M.Pop que no tiene ni idea de español. Así que hablar con ella siempre supone un desafio para mi patético nivel de inglés hablado.
No me esperaba que hubiera tanta gente, y me alegró ver la cantidad de hombres feministas que había en la manisfestación.
Cuando regresábamos a casa en moto, una explosión de júbilo salió de repente de un bar: GOOOOOL!! El Barça había conseguido una remontada histórica (eso refuerza mi teoría que doy mala suerte al Barça si miro por la tele los partidos de cuartos de final de la Champions. Por suerte eso no pasa en las finales, uf!). Fue un final de día apoteósico.


Para terminar la semana feminista, esta noche iremos al concierto que Lidia Damunt dará en Barcelona y en el que presentará su último disco Telepatía.



Y el sábado también iremos al concierto organizado para celebrar el Día Internacional de la Mujer.
(Ok, que actúen Les Sueques es la verdadera razón por la que quiero ir. Pero es que su nuevo disco me está gustodo muchísimo!)

sábado, 18 de febrero de 2017

lecturas y otras compañías

mi habitación ideal (foto encontrada en tumblr)

Como me esperaba, enero/febrero han acabado siendo los meses más tristes, anodinos, lentos y mortalmente aburridos del año. Ha habido semanas que se me han hecho eternas, como si los días se arrastraran por unas arenas movedizas de lo más pegajosas. Poca vida social, pocas ganas de nada y visita a muchos médicos por Id (nada malo, no os preocupéis). 

El único propósito de año nuevo que sigo cumpliendo prodigiosamente y con mucho brío, es la lectura. A este paso, mi reto de leer 20 libros va a ser pan comido. Gracias a la bollotertulia -o tortitertu- el grupo de lectura al que me apunté junto a Tempesta, estoy releyendo algunos libros (cosa que no suelo hacer) con gratas sorpresas. 
El segundo libro propuesto, y sobre el que debatimos brevemente (de hecho, creo que el grupo es una excusa para beber, comer y charlar con otras bolleras) fue Orlando, de Virgina Woolf. La primera vez que lo leí, de eso hace muchos años, no me gustó demasiado. En esta segunda ocasión, en cambio, lo he disfrutado y he entendido más que la primera vez. Es curioso como a veces los libros, como algunas personas, llegan a nuestra vida cuando todavía no estamos preparados para ell@s.

Por cierto, si alguna esta interesada en unirse a la bollotertu, el próximo libro a comentar será El azul es un color cálido de Julie Maroh. Libro vs. peli, birras, comida y buena compañía.

libro vs. peli

Otro libro que he leído recientemente, y que estuve a punto de abandonar, ha sido Instrumental, de James Rhodes. Lo empecé con muchas ganas, sobretodo después de ver su entrevista en Salvados, pero a medio libro mi interés se desplomó. Su prosa repetitiva, dispersa, sin demasiado nivel literario, se me hacía pesada. Además me empezaba a afectar anímicamente el testimonio de todas la violaciones que sufrió de pequeño (no puedo con ningún tipo de violencia, y menos la dirigida contra los niños. Me parte el alma), y la narración de todas las consecuencias que eso conllevó (drogas, autolesiones, transtornos psíquicos y físicos, promiscuidad, dolor...). Pero en los últimos capítulos el libro despega. Eso sucede cuando James Rhodes habla con una pasión contagiosa de aquello que le salvó literalmente la vida: la música. Me gusta como habla de sus compositores favoritos e introduce las piezas musicales que más le conmueven. Y también de su propósito de rescatar la música clásica de las manos de los esnobs de la industria para acercarla y devolvérsela otra vez a la gente.
Gracias a él he vuelto a escuchar música clásica. (Si os interesa, aquí tenéis la playlist que James Rhodes recomienda en su libro)


Este mes también ha habido tiempo para ver buenas series y películas. En apenas tres días vimos la primera temporada de One day at a time, una sitcom de Netflix sobre una madre soltera cubanoamericana que cría a sus hijos adolescentes con la ayuda de su madre. ¡Os la recomiendo muy mucho! Hacía tiempo que no me reía tanto con una serie. Además combina el humor con temas tan serios como la inmigración, el feminismo, la religión, la sexualidad... Y el personaje de la "abuelita" (protagonizado por una genial Rita Moreno) es lo mejor de la serie. Todo el mundo que la ve, y conoce a mi madre, dice que son clavadas.


Si queréis saber como es mama hiro, Rita Moreno se le parece mucho

Y como cada año, cumpliendo la tradición de los Oscars, intento ver todas las películas nominadas a la categoría de mejor film del año. De las 9 candidatas ya he visto 4 que me han gustado mucho: La La Land, Figuras ocultas, La llegada y Lion. La La Land sigue siendo mi favorita (creo que tengo éste síndrome), pero me entusiasmó La llegada (inmerecida la no nominación a Amy Adams) y Figuras ocultas también está entre mis favoritas del año. A ver si tengo tiempo de ver alguna más antes de la entrega de los Oscars.

A parte de devorar libros, series y películas, también he tenido mi primera entrevista laboral vía Skype. La pasé y después de una dinámica de grupo de lo más rara (flipé con la agresividad y el lameculismo de algunos de los otros candidatos), recibí un mail felicitándome porque he pasado la prueba. Ahora sólo me queda superar tres entrevistas más en la misma empresa.
Sí, eso de conseguir un trabajo empieza a parecer un maratón; una tiene que tener espíritu olímpico.


lunes, 16 de enero de 2017

En la ciudad de los sueños



Hoy es el "Blue Monday", el día más triste del año según una fórmula matemática -de dudosa base científica-, y hace mucho frío. Así que, parafraseando a Neruda, podría escribiros el post más triste esta noche, pero no lo haré porque desde el sábado vivo con las canciones y las imágenes de La La Land en mi cabeza.

Hacía años que no iba a un sesión matinal, y aprovechando el estreno de La Ciudad de las estrellas, el sábado por la mañana fuimos a los cines Verdi, y salí -literalmente- bailando y cantando del cine (sí, estoy así de pirada).


La película empieza fuerte. En un atasco en medio de una autopista, el director Damien Chazelle se atrevió a grabar un número musical ("Another day of sun") en plano secuencia. El resultado es deslumbrante; y todavía ahora sigo rompiéndome la cabeza para adivinar como logró ese prodigio. Un inicio de película que deja el listón muy alto, pero el film sigue y nunca decepciona.
Igual de vibrante es el número de la fiesta en la piscina, con esa explosión de color (los vestidos, el apartamento de Mia y sus amigas), y ese travelling giratorio dentro del agua. Luego, Ryan Gosling y Emma Stone bailando en las laderas de Hollywood a la luz de un atardecer precioso, o entre las estrellas de un planetario. O ese "City of Stars" que no puedo quitarme de la cabeza, silbado y susurrado por Gosling en un paseo por un muelle de Los Ángeles o ante las teclas de un piano.


Imposible que esta película no te haga volar, soñar, emocionar porque habla de soñadores, de personas apasionadas por lo que hacen, aunque la realización de esos sueños los una y también los separe.
Ryan Gosling y Emma Stone están fantásticos. Tal vez no canten ni bailen como las antiguas parejas míticas de Hollywood, pero sin duda tienen ese magnetismo y química en pantalla que aparece cada vez que se miran, se busca, o bailan.


La La Land hace referencia a la ciudad de Los Ángeles, esa ciudad de las estrellas que vive precisamente de anhelos, ilusiones y sueños. El material con que esta hecho el cine y también los musicales. Chazelle consigue modernizar el género llevándolo al terreno más íntimo de las relaciones amorosas, y hablándonos de lo difícil que puede ser equilibrar esos sueños con la realidad y la vida personal.
Chazelle busca "en estos días de oscuridad y cinismo, reconciliarnos con el romanticismo en la pantalla". La película tiene, pues, una vocación atemporal teñida también por un halo de nostalgia por lo que no pudo ser. Por suerte, la fantasía siempre está ahí para salvarnos con esa inolvidable escena final en un club con aires a Casablanca.
De hecho todo el film es un homenaje al cine musical (Stanley Donen, Vincente Minnelli, Gene Kelly...) a Rebelde sin causa, Casablanca o los musicales franceses de Jacques Demy (Los paraguas de Cherburgo, Las señoritas de Rochefort).

En mi blog anterior solía tener una sección -más o menos regular- titulada "momentos musicales de cine" en la que hablaba de mis números favoritos de películas musicales, sobretodo clásicas. Y es que cuando era pequeña -era una niña muy peculiar- me encantaban los musicales tipo "Bailando bajo la lluvia", "Sobrero de copa", "Un americano en París", "Melodías de Broadway", "Cita en St. Louis"... Y mi sueño era aprender a bailar claqué (ya os he dicho que era raruna...). Así que cuando conocí a Id me alucinó que ella también compartiera esa pasión infantil por las películas de Stanley Donen, Minnelli y de bailarines como Ginger Rogers, Fred Astaire, Gene Kelly...

En esos post casi siempre comentaba lo difícil que era elegir un solo número de cada una de mis películas musicales favoritas, y La La Land no va a ser la excepción. Pero para combatir el frío y la tristeza de este 'Lunes Azul', nada como una gloriosa mañana de sol bajo el cielo de California.

jueves, 12 de enero de 2017

Me llamo Scribbles, Sarah Scribbles


Después de las fiestas navideñas empieza -según mi parecer- el peor periodo del año. Esa extensión de días fríos, yermos, aburridos, oscuros, deprimentes... (¡vale, ya paro!) que se llama invierno. Los que hace tiempo que me leéis ya sabéis lo mucho que odio esta estación. Además los meteorólogos, con pérfido disfrute, hace días que anuncian una ola de frío polar para la próxima semana. ¡Qué horror! Suerte que no nací en Escandinavia...
Los meses de enero y febrero son los que más detesto; se me hacen laaargos, deprimentes... Intento no regodearme en la desgracia y la autocompasión -pero me cuesta-, y buscarle la parte positiva -si la hay- a esto.

Por lo menos he empezado el 2017 cumpliendo uno de mis propósitos de año nuevo: leer más. Incluso me he registrado a Goodreads y me he abierto un perfil para ir anotando mis lecturas y aquellos libros que tengo pendientes. Contagiada por el desafío lector de Tempesta he decidido hacer un 'challenge' de 20 libros en un año. De momento ya llevo dos libros leídos: Para que no te pierdas por el barrio, de mi admirado Patrick Modiano, y el libro que me regaló Id para Reyes, Crecer es un mito de Sarah Scribbles
El primero me gustó, como siempre lo hacen los libros de Modiano, aunque no está a la altura de en El café de la juventud perdida, o La hierba de las noches, para mí dos de su mejores libros.
El libro de Sarah Andersen me entusiasmó; ya sé que diréis que no es propiamente "un libro" pero me he reído tanto con sus tiras cómicas que no puedo más que super recomendarlo. Soy muy fan de sus dibujos desde hace tiempo. Me siento tan identificada con su personaje que muchas veces me parece que su Sarah soy yo; sobretodo en estas dos viñetas:




Mi regalo para Id también fue un libro, éste de Carrie Fisher que también me gustaría leer.

Y los Reyes, en casa de Id, también nos trajeron muchas cosas: una manta, una tostadora, una máquina para hacer raclette, y la noticia de un@ nuev@ sobrin@ que vendrá de París. Sí, su hermano será papá (a ver así mejora su carácter ¬¬) y eso significa que durante el verano nos tocará ir a París a conocerl@.



Los Reyes también nos regalaron dos entradas para ir a ver Scaramouche, el musical. Hacía tiempo que queríamos ir, así que fue un regalo que nos hizo mucha ilusión. Las entradas eran para el domingo; suerte que no teníamos ningún plan para ese día. Las localidades eran buenas, en la platea y en la novena fila. Nos gustó mucho: música en directo, buenos actores, acción, luchas con espadas... Vale, no se puede comparar con un musical de Broadway, y en algunos momentos tenía un cierto aire a Los Miserables, pero la función nos pasó volando. Cosa que no parece pasar con el invierno (sí, soy cansina como el invierno). 

Suerte que tenemos de la música, una fuente inagotable de placer revitalizador. Estos días estoy escuchando Telepatía, lo último de Lidia Damunt, un disco breve pero lleno de pequeñas joyas.




miércoles, 14 de diciembre de 2016

now it's me

                                                           Annemarie Schwarzenbach

En un momento de El Café Celestial, Stuart Murdoch pregunta a los lectores qué hacemos, o qué nos gustaría hacer, en los momentos en que nos sentimos completamente libres. Y si esos momentos -finalmente- los ocupamos de las maneras más ridículas o aburridas posibles. 
Desde lo que llevamos de año, no ha sido hasta este último mes, que me he sentido en disposición de responder a esa pregunta. 
Libre de ataduras laborales he recuperado el placer de las horas muertas, de vivir a mi ritmo, de sentirme también culpable por esta especie de vida golfa sin horarios.

Mi vida social se ha reactivado a mil este último mes, y eso me encanta.  Además, Id parece estar de suerte con el tema fotos; en este último mes le han surgido tantos encargos que ahora me dedico a llevarle la agenda.   

He recuperado el placer de la lectura, y junto a mi amiga Jeia me he apuntado a un club de lectura bollo. El primer libro a comentar fue Tipping de Velvet (El lustre de la perla), de Sarah Waters. Me lo releí en tres días (lo había leído por primera vez hace años), y quedamos un domingo para comentarlo en grupo. A pesar de que no nos conocíamos de nada y éramos un grupo muy heterogéneo -que no hetero- nos lo pasamos genial y empezamos a hablar entre nosotras como si nos conociéramos de toda la vida. Esas cosas que pasan cuando hablas con completas desconocidas. Fue una experiencia curiosa y muy divertida. Ya veremos como evoluciona el grupo de ahora en adelante.
De momento el próximo libro a comentar será Orlando, de Virginia Woolf. Si alguna de vosotras está interesada, le puedo pasar el link del grupo en privado.


También he recuperado el tiempo para ir al cine: os recomiendo La Llegada y Sing Street).
Ver series: ya he visto Las 4 estaciones de las chicas Gilmore (sí, que pasa? era fan de la serie, aunque nunca entendí como una chica tan guapa y lista como Rory pudiera liarse con un capullo como Logan, cuando lo más inteligente era que fuese lesbiana).
Ahora estoy enganchada a This is Us -merecidísima nominación a los Golden Globes como mejor serie del año. Y aunque no miréis Black Mirror os recomiendo uno de los mejores capítulos de la serie, el de San Junipero (ais... esa Mackenzie Davis... en algunos momentos me recuerda a Id).

Mackenzie Davis (Black Mirror)

Y por fin he podido ir al MNAC a ver la exposición sobre Marianne Breslauer. Una exposición sobre el viaje que la fotógrafa realizó junto a la periodista y escritora Annemarie Schwarzenbach en 1933 a Barcelona, Sant Cugat, Andorra, el País Vasco y los Pirineos. Además se pueden consultar los álbumes personales de Marianne Breslauer en formato digital. Me fascina esa época, y sobretodo la figura de Annemarie Schwarzenbach y su vida convulsa. Al salir de la exposición, y a pesar de habérmelo leído ya, me compré uno de sus libros. 
Otra exposición que intento no perderme ningún año es la del World Press Photo en el CCCB. Fui con Id a la inauguración y como siempre salí muy afectada. Rabia, compasión, tristeza, asco, asombro... se suceden o se mezclan ante las historias e instantáneas que van recordándote lo miserable y atroz que es el mundo y el ser humano. 

Y otra cosa que echaba de menos, y que he vuelto a recuperar, es el placer de investigar y descubrir música nueva. Por fin tengo una lista de reproducción nueva en mi iPod llena de temas como estos:


martes, 2 de agosto de 2016

La chica que no sabía deletrear su nombre

foto: hiro

Desde el viernes que estoy de vacaciones! Iuujuuu! Las necesitaba. La última semana en el trabajo fue una locura; mi cabeza estuvo a punto de explotar y llegué a niveles de estrés casi insostenibles. Así que mi primer día de vacaciones lo dediqué a relajarme y a dormir. Y este fin de semana lo hemos pasamos en familia en el apartamento de la playa. Sol, mar, barca, helados y marisco. 
Pero antes de eso, Id y yo fuimos a la presentación de un libro muy especial.

Stuart Murdoch, líder de una de mis bandas favoritas -Belle and Sebastian-, venía a Barcelona a presentar su libro El café celestial, una recopilación de historias de la vida cotidiana y diario que el cantante escribió entre los años 2002 y 2006.
La presentación se hacía en la Calders, una de mis librerías preferidas, a las 19:30h. Llegamos allí una hora antes, y justo en la entrada de la librería me topé con Stuart Murdoch. Reprimí mi nervios de fan, e hice como si fuera lo más normal del mundo cruzarme con el compositor de algunas de las canciones que me han ayudado tanto en algunos momentos de mi vida.  
Entramos en la librería y la sala ya estaba llena a rebosar. Calor sofocante, ni atisbo de aire acondicionado, simplemente cuatro ventiladores insignificantes escupiendo aire caliente. Compré el libro, una cerveza y conseguimos colocarnos en un lugar con buenas vistas y una tímida corriente de aire. Cuando por fin llegó la hora, como pasa en los conciertos, empezó a aparecer gente de la nada y a colocarse justo delante de nuestras narices, pero a golpes de abanicó conseguí recuperar visión y mi espacio personal. Mientras se dirigía hacia la mesa para empezar la presentación, Stuart pasó junto a mi lado. Volví a hacerme la sueca para que no notara mi nerviosismo. 
La presentación estuvo bien, aunque el presentador era bastante soporífero, incluso Stuart comentó que estaría bien dejar que el público interviniera y le hiciera preguntas. Explicó anécdotas divertidas y, para nuestra desilusión, de momento no tiene pensado escribir ninguna novela.


Tras la charla, se formó una fila eterna para la firma del libro. La gente sacaba la discografía completa de Belle and Sebastian para que se la firmara, se hacía mil fotos con él y le explicaban su vida. Cuanto más iba avanzando la cola más nerviosa me ponía. Mentalmente iba repasando lo que le iba a decir: básicamente mi nombre deletreado en inglés para que pudiera dedicarme el libro. 
Cuando finalmente llegó mi turno, Stuart se levantó y cogió su mochila. ¡Mierda! -pensé- justo cuando me toca a mí se acaba el tiempo y se va. Falsa alarma, simplemente revisó un momento su teléfono, cogió un chicle y me pidió disculpas con una tímida sonrisa. "Don't worry" conseguí contestarle. Cuando me acerqué a él, solté un escueto "Hello, my name is hiro" y le entregué el libro. Stuart empezó a escribir su dedicatoria, pero entonces paró y me preguntó cómo se escribía mi nombre. Aquí mis nervios -los muy cabrones- me jugaron una mala pasada, y a pesar de mis ensayos mentales anteriores, deletreé mal mi nombre. Stuart me preguntó si  lo había escrito bien, y yo "no, is hiro". Entonces garabateó mi nombre en el dorso de su mano y me preguntó si estaba bien así. "Yes", dije avergonzada. Corrigió como pudo la dedicatoria y me devolvió el libro. Le di las gracias y me fui, incapaz de pedirle ni siquiera una foto. Por suerte Id inmortalizó mi momento de deletreo torpe y la sonrisa que me dedicó Stuart, que en todo momento fue un encanto.

Stuart dedicándome el libro (foto: id)

Siempre me pasa igual, cuando estoy delante de alguien que admiro me encojo, y los nervios y la timidez, me hacen quedar como una idiota torpe. ¿Pero como le dices a alguien que sus canciones ya forman parte de ti? que las has hecho tan tuyas que ya viven incrustadas a algunos de los instantes y recuerdos más felices de tu vida?
En fin, al menos me fui con el consuelo de pensar que esa noche, cuando llegó a su hotel, Stuart volvió a ver mi nombre escrito en su mano y recordó a la chica que no sabía deletrear su nombre. ¿Sería un título genial para una canción de Belle and Sebastian, no creéis? 

jueves, 28 de abril de 2016

rosas en los balcones


foto: Idgie

La preciosa mesa-palet que Id construyó para el comedor (ya os dije que era MacGyver) está repleta de libros. Da gusta verla así. Es el botín que le saqué al día de Sant Jordi.
Esa mañana Id me despertó con un desayuno sorpresa. Bajo un punto de libro con una rosa dibujada me esperaba Carol, de Patricia Highsmith, con la nueva edición que L'Avenç ha sacado de la novela en catalán. 
Yo conseguí engañarla diciéndole que todavía no le había comprado ningún libro. Y cuando menos se lo esperaba, lo encontró en un rincón de casa. (Bien, el libro no era precisamente pequeño, así que no le costó demasiado.) Le regalé un libro ilustrado muy bonito titulado Atlas del Mundo. Solo hojeándolo, la imaginación se escapa volando a explorar países y lugares desconocidos.
Eso me recuerda cuando era pequeña, y podía pasarme horas haciendo girar el globo terráqueo-lámpara que mi hermana mayor tenía en su habitación. Con los ojos cerrados, detenía su giro con el dedo índice, que era quien decidía -en un delicioso juego de azar- donde sería mi próximo viaje mental. Algo así consigue despertarme el Atlas ilustrado que ahora descansa en nuestra estantería-biblioteca.


foto: hiro

Al mediodía fuimos a pasear por Barcelona. Quien pensara que un Sant Jordi en día festivo sería un fracaso estaba totalmente equivocado. Como me temía, el centro estaba tomado por las masas que invadían la carretera a pesar de los cláxones amenazadores de los coches. Delante de la casa Batlló, decorada para la ocasión con miles de rosas, la guardia urbana a caballo tuvo que poner orden. Todo el mundo quería hacer fotos, un put* selfie sin importarle que para conseguirlo tuvieran que repartir codazos.
Conseguimos llegar a Rambla Catalunya para refugiarnos, en un bar, de la multitud y el calor. Cuando volvimos a salir, la gente había amainado un poco y era posible pasear y mirar libros! En una parada, le compré un segundo libro a Id. En este caso lo escogió ella: Fes-t'ho tu mateix, un libro DIY para alimentar su afición macgyvera. 
En otra parada, ella me regaló el segundo volumen de la tetralogía de Elena Ferrante (ya lo he empezado).
Seguimos bajando las Ramblas hasta que nos cansamos de tanta aglomeración.  
Esa noche habíamos quedado con MPop y Swank para ir a un concierto de Les Sueques (sí, otra vez ^^'). He conseguido que MPop sea tan - o más fan- que yo del grupo (aunque lo cierto es que está colada por la guitarrista). Llegamos al Apolo justo a tiempo, disfrutamos del concierto, nos tomamos unas copas y nos fuimos a cenar.
El domingo estábamos tan agotadas que cancelamos un comida que teníamos en Sitges. Creo que tanta hiperactividad me está empezando a afectar; es lo que tiene querer abarcarlo todo. Pero es que la primavera me sube la "serotonina".


lunes, 18 de abril de 2016

primavera i soroll


He andado distraída demasiado tiempo, perdida en mi misma. Estos meses de ausencia han sido reflexivos, como si me moviera a cámara lenta mientras el mundo lo hacía demasiado deprisa. Tanto cuestionarme cosas, sentirme a ratos triste y desubicada me quitaba las ganas  de escribir, incluso de leer. Al contrario que otra gente, me cuesta escribir desde la tristeza o el desconcierto.
El trabajo sigue sin gustarme y después de tres meses no creo que lo haga nunca. Cada día, de camino al trabajo sueño con huir. Los demás te recuerda la suerte que has tenido "con lo mal que está todo". Sí, tengo un buen sueldo, un buen horario, pero este trabajo me deja el alma vacía, no sé si me explico. Me pregunto como lo hace el resto de la gente para vivir tan alienada de si misma. Id me anima y me envía al mundo cada día con un abrazo y un amor que consigue que todo sea más liviano y llevadero. 
Pero no todo ha sido tan lúgubre como parece, cuando salgo del trabajo empieza la VIDA.


Estos dos meses han dado para mucho. Hemos tenido cenas y comidas con amigos en casa, bautizos familiares en la Sagrada Familia, repetición de Carol otra vez en el cine (me encanta tener el Phenomena tan cerca de casa) me he cortado el pelo en el Palo Alto, hemos comido genial en el Van Van Market... Hemos ido a presentaciones de libros de lo más surrealistas, a conferencias sobre Simone de Beauvoir... Y por primera vez en mi vida he ido al Liceu, no a escuchar ópera, sino a un concierto de Julieta Venegas.


Además la primavera ya está aquí, y también las ganas de todo; de disfrutar de la ciudad, del buen tiempo, de hacer mil planes, de soñar...
Este fin de semana tuvimos la superfiesta de cumpleaños de las Gemelas. Gente y más gente, sobretodo bolleras, en un mini piso como si aquello fuera el camarote de los hermanos Marx. También fuimos de vermut musical con las Sestras. A cada concierto que voy de Les Sueques, salgo más fan de estas chicas. Esta vez les compré el cd.




And last but not least, ya he salido del armario en casa. Sorprendentemente, mi padre se lo ha tomado mucho mejor que mi madre. Ella se enfadó un poco conmigo, pero se le pasará; en cambio, mi padre dijo que ya se lo pensaba y que mientras yo sea feliz, él también; y se quedó tan pancho.  Ya veremos como va evolucionando todo...

lunes, 21 de diciembre de 2015

incertidumbres que se difuminan


La mecánica impasible del tiempo va disipando incertidumbres; por fin! Sms que alborotan vidas y que anuncian una nueva etapa. Año nuevo, curro nuevo. Se te disparan las ilusiones e intentas frenarlas para no acabar contándote una versión delirante del cuento de la lechera. Dice Id que a veces soy extrañamente pesimista, pero después de tanto esperar este momento, de tenerlo todo casi al alcance de la mano, tengo miedo de despertar y que todo desaparezca. 
El 2016 se presenta excitante, lleno de cambios y de promesas. En enero empiezo nuevo trabajo, y la búsqueda de un piso en Barcelona. Por fin Id y yo podremos vivir juntas!

Mientras, agotamos lo que queda de año con actividades diversas. Fuimos al cine a ver Barcelona nit d'hivern. Nos gustó mucho y nos hizo reír  -más que la primera, Barcelona nit d'estiu- aunque en algunos momentos parecía una versión extendida de un capítulo de Cites

El sábado fuimos al All Those Food Market. Este fin de semana en Barcelona se organizaban diferentes mercados, pero fuimos al All Those porque a Id le tocaba trabajar haciendo fotos en los talleres para niños que organizaba Diseñadora. Era la segunda vez que repetíamos en el All Those, y nos gustó tanto como la primera vez. Buena organización, buenos productos y buena comida. Además, siempre que puedo, me encanta visitar mi antigua universidad. Sin duda la más bonita de Barcelona.

fotos: hiro

Comimos con Diseñadora, jugamos con sus niños -a los que adoro- y nos fuimos a casa agotadas. Y es que la noche anterior habíamos ido de concierto a la Ladyfiesta de invierno. Un evento para celebrar que el Ladyfest Barcelona ya tiene fechas: del 23 al 26 de junio de 2016. 
En esa fiesta invernal, en el Almo2bar, actuaban diferentes grupos: Toilette, Lucius Works Here, Pentina't Lula i Les Sueques. No conocía a Las Pentina't Lula, un grupo electro-punk garage que me sorprendió gratamente con un directo muy enérgico.

Les Sueques

Les Sueques no defraudaron. Cada vez que las escucho me gustan más, y se ha convertido en mi grupo revelación del año. Además en concierto son brutales. Me hubiera gustado volver a verlas ayer en el Apolo, pero tenía que volver a mi pueblo a cumplir con mi obligación ciudadana de votar.
Vaya decepción ver que pese a todo, la gente ha vuelto a votar al PP... ¿En serio???

Y hablando de votar, a parte de la Star Wars: El despertar de la fuerza, le tengo muchas ganas a esta película: